Como ya se esperaba y se temía, Giorgia Meloni del partido neofascista Hermanos de Italia ha ganado las elecciones italianas con el veintiséis por ciento de los votos. Además, por primera vez una mujer presidirá el gobierno con el resto de la derecha que ha quedado en un plano secundario muy por debajo de sus expectativas. En definitiva, el resultado acredita el fracaso del gobierno tecnocrático tutelado por la Unión Europea y el triunfo de la legitimidad que da el haber sido su única oposición. Sin embargo, la gran triunfadora ha sido una abstención con cifras de record como consecuencia de la desafección política. De nuevo el populismo cabalga a lomos del malestar social, la nostalgia nacionalista, la desdiabolización de la ultraderecha y la desafección política.