En las sociedades hiperconectadas de principios del siglo XXI, la violencia está integrada en nuestro día a día. Al segundo, las redes sociales y los medios de comunicación nos informan de actos intimidatorios que a cualquier ciudadano de bien zahieren. Esta presencia cuasi permanente lleva de sí, salvo que sea de una extraordinaria crudeza, que no reparemos en ella como debiéramos, y, que, en ocasiones, echemos la mirada hacia otro lado y/o pensemos que no fuera un problema grave que nos afecta directamente como humanidad. La Real Academia Española la define como una “acción violenta o contra el natural modo de proceder”. En ese sentido, coexisten numerosas formas de violencia, que se diferencian por su propia naturaleza e intensidad, los individuos que la ejercen y sus víctimas, y los entornos en donde se producen.