Misterioso, desconcertante, magnético. Así es el caso de Gonzalo Guerrero, un marinero de Huelva que “se hizo indio” y asumió la defensa de los nativos ante la conquista española. Víctima de un naufragio, llegó a las costas de Yucatán en 1512 y se integró en la cultura local al punto de tatuarse y perforar su cuerpo para lucir los adornos de los indios guerreros. Y se casó con una noble maya con la que tuvo hijos. Y probablemente, además, estuvo implicado en la feroz resistencia aborigen al avance de los hispanos. Esto al menos se apunta sobre él en las crónicas, relaciones, historias y documentos más antiguos que narran la conquista de México y Yucatán.