La lectura de la Historia nos revela que, en ocasiones, cuando una causa política parecía muerta o camino del cementerio, una serie de circunstancias coyunturales ayudaron sorprendentemente a su resurrección. Tal fue el caso del carlismo que parecía una opción agotada tras la muerte en enero de 1861, con pocos días de diferencia, del pretendiente al trono de España Carlos VI, de su esposa María Carolina y de uno de sus hermanos, el infante don Fernando. Al no tener dicho matrimonio descendencia directa, recaían sus teóricos derechos en su segundo hermano el infante don Juan. En España, el Estado liberal parecía cada vez más consolidado, pese a las luchas internas entre sus diferentes partidos políticos.