Heráclito, un faro en la posmodernidad
Vivimos malos tiempos para la idea de realidad. Y no solo porque proliferen todo tipo de fakes news con no sé sabe que intereses ocultos. Si bien la vieja objetividad era en sueño imposible, ahora se ha caído en el extremo contrario: somos nosotros los que creamos nuestro propio mundo, no hay nada que exista con plena independencia de nuestro yo. Hemos interiorizado tanto esta forma de ver las cosas que la lectura de Heráclito (c 576 a.C.-c 480 a.C.), el viejo filósofo griego, no puede menos que resultar provocativa. De su pensamiento no nos queda, por desgracia, gran cosa. Solo una colección de textos que acostumbran a interpretarse como fragmentos de un todo perdido. Es posible, no obstante, que su autor eligiera deliberadamente un formato breve para expresar su pensamiento. Nos lo explica Jean François Billeter, en Héraclite, le sujet (Éditions Allia, 2022), una pequeña joya en la que el prestigioso historiador suizo percibe una línea filosófica donde los demás solo ven ideas más o menos inconexas.
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