Las muertas y los muertos
“Lo más importante de la vida es no haber muerto”.
Ramón Gómez de la Serna.
(A Carlos Saura in memoriam)
Hace veinte años largos hice un reportaje con mi amigo José Manuel Falcet, alias Macaón, sobre la muerte. Lo pasamos muy bien, porque la muerte es asunto de fundamento, que alimenta la conversación. Morirse ha sido siempre un tema muy actual. Más que morirse, que se mueran los demás, pues morir es cosa que afecta a los otros y cuando nos pase a nosotros seremos también otros, de modo que lo mismo dará. Con Pedro Matamorón, el hombre que se parecía a Balzac, y con Juan Roldán, hombre de buen parecer, he pasado bastantes horas hablando de la última hora por el mero gusto de divagar sobre ese espejismo tan real. A mí lo que me ha echado para atrás desde niño de la Parca ha sido la puesta en escena, la lencería de la muerte, ese bochorno de que el cadáver esté ahí delante, yacente en ataúd. Si morirse equivaliera a evaporarse, a un estar y ya no estar, sería más llevadero. Con esto se entenderá que sea muy partidario de los tanatorios, esos lugares asépticos donde se envasa a los muertos y donde hasta los féretros resultan menos escandalosos.
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