LA ZURDA

Ángeles de la Torre

Doctora en Bellas Artes. Especialidades de pintura y escultura en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. En 2003 publica con la editorial Archiviana, el libro desarrollado a partir de su tesis: El pensamiento artístico, ciencia y religión en al-Ándalus.

Es profesora de Educación Secundaria destinada actualmente en el IES Néstor Almendros de Tomares.

Ha realizado numerosas exposiciones colectivas e individuales y ha sido seleccionada en varios certámenes de pintura, acuarela y escultura.

Entre las exposiciones colectivas destacan la celebrada con el Colectivo Surcos de poesía, titulada A la Deriva, inspirada en el tema de la inmigración y el Estrecho, celebrada en la Sala del Ayuntamiento de Coria del Río; en 2017 Invisibilizadas, celebrada en la sala Antiquarium de Sevilla y centrada plásticamente en todas aquellas causas y personas invisibilizadas por la sociedad apolínea de la ciudad de Sevilla; en 2018 la titulada, Mujer y Trabajo sobre los problemas que derivan de los conflictos de género en el trabajo; en 2019 Maculadas sin remedio, sobre la mujer y la permanencia de los estereotipos con el tema recurrente de la Virgen Inmaculada de Murillo y su celebración.

Destaca el premio de escultura a la Memoria de los represaliados por la dictadura de Franco, convocado por el ayuntamiento de Coria del Río.

Dibuja las ilustraciones del libro sobre Miguel Hernández La luz que no cesa, realizado el Colectivo Surcos y la Universidad de Sevilla.

Presenta junto con Pablo Coca, el videoarte Diálogos con una calavera, sobre el tema de Memoria Histórica, en la Casa de las Sirenas de Sevilla.

En 2019 publica con la editorial Aconcagua el libro novelado y documentado en archivos históricos, titulado Exiliado piel adentro. Historia de un médico republicano.

El azahar y la Corona

Sueño. Salgo a la calle, me invade un intenso olor de azahar de la calle desierta. Vivo en una de esas calles de un pueblo andaluz que conserva la incomodidad de los árboles con los troncos pintados de cal blanca para protegerlos de las epidemias, una calle de casas de tejas hechas en los años 50 para los obreros. Las sombras blancas de los naranjos me sorprenden en marzo, en este mes extraño en el que salir de casa es un acto excepcional y peligroso. Una ráfaga de aire me llega al rostro y valoro si podría ser por aquí por donde se extiende el virus. En la televisión la pandemia por el coronavirus es la única noticia que nos preocupa. El ritmo de esta sociedad se ha parado y el confinamiento al que tenemos que someternos me hace pensar en que la realidad supera siempre, la ficción. Esa noche estuvimos viendo La trinchera infinita y la sensación de que todo puede cambiar de un día para otro como en aquellos días de miseria humana, se acercan mucho a esta sensación de no poder dominar los objetivos a los que cada día enfocas tu vida.

Historia de un médico republicano. Exiliado piel adentro

Las historias no contadas

No recuerdo exactamente el día en el que tuve conciencia de que la historia de mi familia tenía muchas cosas en común con otras muchas de Andalucía y de todo el Estado Español. Fue en un momento impreciso pero recuerdo una anécdota. Estábamos sentadas mi abuela, mi tía, mi madre mis hermanas y yo en la mesa junto a la ventana de la casa de mis antepasados en Bérchules, pueblo de la Alpujarra granadina. Contaban entre otras muchas historias, la misma anécdota siempre; el tío Antonio, hermano de mi abuelo, había sido muy tonto, porque había puesto a los gatos Lenin y Troski y claro, lo habían apresado y metido en la cárcel. Esa era toda la explicación que recibíamos de la vida truncada de mi tío el siquíatra.