LA ZURDA

Ana María Reyes Cano

Madrileña. Profesora. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid y con Grado en Maestra de Educación Primaria (Mención en lenguas extranjeras) por la Universidad Camilo José Cela. Posee amplia experiencia editorial como correctora de estilo, tipográfica y traducciones para diversas editoriales.

Es autora del poemario Ausencia levemente prolongada publicado por Huerga y Fierro Editores (2017), así como de la adaptación de Aire de Mar en Gádor de Pedro Sorela para la colección «Leer en Español» (Santillana-Universidad de Salamanca, 1997).

Ha publicado en revistas y antologías como Aldea poética (selección y prólogo de Gloria Fuertes, Ópera Prima, 1997), así como microrrelatos en Menos cuento que Calleja (La Mirada Malva, 2013) y Antropotecas (Ianua Editora, 2017).

Fue colaboradora de Onda Torrelodones y ha participado en recitales y homenajes literarios. Es autora de introducciones para poemarios, así como reseñas en revista de creación Cuadernos del Matemático.

La textura extraña del silencio

Ahora siento que mi voz ahogada

sólo puede dar la textura extraña del silencio

entre las escamas purulentas que desafían mis sueños.

Sé que ahora huele más denso el aire,

más lejano e invulnerable a mis llantos,

¿Sólo?

Apenas unas sombras

en el recuerdo dormido de tu ausencia,

apenas unas sombrasque encendían de luz los tejados de mi ciudad.

 

Sólo extraño tu mirada

Luna de misterio

Asómate al fulgor de mis yemas…

que estoy despeinando horas y kilómetros

por ti

intentando rescatar un retazo de oportunidad,

prisas redondas de promesa incumplida

Ausencia vulnerada

Cuelgo mi abrigo en el armario

─demasiado lleno de promesas y de historia

s que ya no me pongo al salir a la calle─

luchando con una falda que se cae con insistencia,

cuando me dicen que tu nombre me espera en el salón,

Poema a Miguel Hernández

Evoco relicarios de luz junto a tu nombre

de humilde piel pataleada y sola;

de niño cabrero que una fría noche de Reyes

llorabas la injusticia de tus abarcas desiertas;

de padre y esposo enamorado que