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Abou Sene: "La lucha contra las redes vacías de África que llenan las pateras"


  • Escrito por Isabel Laguna
  • Publicado en Cine

Abou Sene huyó de su país, Gambia, ante las amenazas que recibió allí por denunciar cómo las factorías chinas de harina de pescado instaladas en esta costa africana esquilman los mares y dejan vacías las redes de los pescadores locales.

Antes de coger una patera, grabó un documental que refleja este expolio y sus consecuencias. Abou Sene, de 29 años, ha presentado este documental, "Stolen Fish", de la directora polaca, residente en el barrio madrileño de Lavapiés, Gosia Juszczak, en la XVIII edición del Festival de Cine Africano de Tarifa (Cádiz).

Para este pescador es, según cuenta en una entrevista con Efe, "un gran paso" que su lucha pueda ser escuchada fuera de África a través de esta cinta que ya ha pasado por festivales de Reino Unido, Turquía, EEUU, Bélgica o Croacia. Un gran paso dentro de un viaje que a este pescador estuvo dos veces a punto de costarle la vida.

Primero en su país, cuando su activismo le llevó a sentir que corría peligro, y después en la patera en la que huyó de las amenazas y en la que llegó a Canarias el pasado 11 de noviembre.

"Nunca olvidaré ese viaje, no se lo aconsejo ni a un enemigo", asegura Abou Sene, mientras relata como estuvo en una barca con 129 personas, nueve días, cinco de ellos sin comida ni agua potable, viendo cadáveres de otros inmigrantes en el agua, hasta que finalmente fueron rescatados.

A pesar del terror de este viaje Abou, que ahora espera en una residencia de Sevilla a que le concedan asilo político, dice sentirse "feliz" de poder ahora continuar su lucha: "Poco a poco, tendré éxito", dice. La lucha de este pescador no es menor.

Este mismo mes de junio, Greenpeace y la Fundación Changing Markets han alertado en un informe de que más de 500.000 toneladas de pequeños peces, esenciales para mantener la seguridad alimentaria de más de 33 millones de personas en países como Mauritania, Senegal y Gambia, son extraídos cada año de África occidental para convertirlos en piensos para la acuicultura y la agricultura, suplementos dietéticos, cosméticos y productos alimenticios para mascotas.

Las factorías de harina de pescado chinas contra las que luchaba Abou son sólo algunas de las empresas no africanas que llevan a cabo este expolio, que ha dejado vacías las redes de los pescadores artesanales locales.

Es "uno de los motivos que ha impulsado la reapertura de la ruta migratoria hacia las islas Canarias, actualmente la más mortífera del planeta", asegura el informe.

En los cuatro años de actividad, cuenta Abou, los mares en los que él solía pescar "han cambiado mucho. Hoy día no hay pescado". Él quiso "abrir los ojos a la gente", porque asegura que ni el gobierno ni la sociedad hacen nada por detener esta actividad, porque hay dinero de por medio para que haya "silencio" y miedo a represalias.

En 2018, él, junto a otros activistas, rompieron una tubería de una de las factorías chinas que expulsa residuos contaminantes, otro de los problemas de su actividad.

Se marchó un mes a Guinea y al volver a su pueblo las cosas volvieron a ponerse feas cuando en una entrevista con una radio local pidió "unión" a la gente para luchar contra el expolio de sus aguas.

En esa entrevista introdujo un "fucking" (jodidos) que la comunidad de ancianos de su localidad consideró un insulto. "En nuestra comunidad está prohibido insultar a los ancianos", cuenta.

"Me llamaron y me dijeron que tenía suerte si seguía con vida. Ahí empecé a tener amenazas y sustos", como los golpes que le propinaron en un camino. Cuando ya empezó a temer por su vida, recibió una llamada de su hermano, residente en Madrid.

Le dijo que su vecina, la cineasta Gosia Juszczak, quería ir a Gambia a filmar lo que estaba ocurriendo en sus mares. "Yo quería que el mundo supiera lo que los chinos estaban haciendo en nuestro país, con nuestras aguas, sin que nuestro gobierno haga nada ni tampoco la mayoría de la gente.

Esta no debe ser una lucha de los pescadores, debería ser de toda la gente de Gambia", explica. Así fue como en octubre de 2019 Gosia fue a su localidad y empezaron a grabar este documental en el Abou, y otras dos personas de su comunidad, relatan lo que está sucediendo.

"No fue fácil grabarlo, ella fue muy valiente", cuenta, mientras explica que los ancianos de la zona volvieron a estar "muy enfadados" con él porque consideraron "otro ataque" que fuera con sus denuncias "a gente blanca".

Empezó a tener "muchas dificultades en su pueblo", incluyendo insultos a su madre. "Yo no pensaba dejar de ser un activista, así que pensé que si quería sobrevivir tenía que dejar mi país".

Fue así como vendió su bote y todas sus pertenencias y tomó una patera rumbo a España, un viaje para salvar su vida en el que estuvo a punto de perderla y que ahora relatará en otro documental con la misma directora: "fue muy doloroso, quiero contarlo para decirle a los africanos que piensan en hacerlo que no lo hagan".