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La Guerra de la Independencia a través del cine postfranquista


Fotograma de la película "Sangre de mayo". Fotograma de la película "Sangre de mayo".

La guerra contra la invasión napoleónica de España (1808-1814) ha sido llevada a la gran pantalla desde los orígenes del cine, atravesando todo el siglo XX. Centrándonos, en este artículo, en la producción realizada a partir de 1975, cabe recordar que el director Bernardo Fernández tuvo más de un problema con su película Contra la pared. El film comenzaba al final de la guerra, cuando un soldado y un oficial volvían por separado a sus pueblos y sin medios para el viaje. Al encontrarse, deciden seguir juntos el camino, y el teniente promete que empleará en su casa al soldado. Pero al llegar al pueblo se encuentran con que la guerra lo ha destruido todo y sólo queda un viejo viviendo allí. Sin dinero ni comida, los protagonistas se convierten en ladrones a partir de pequeños robos que terminan cuando acaban siendo criados en un burdel y llegan a convertirse en criminales como resultado de una serie de actos delictivos. Son finalmente ajusticiados injustamente. Como señaló el cartel anunciador del film, era “la primera película underground del cine español”. Tras muchos problemas de rodaje, el sindicato oficial -que todavía existía- les negó su existencia legal por haber sido empleados actores que no tenían carnet sindical pertinente.

Fue un film desmitificador, una especie de respuesta cinematográfica a las anteriores películas franquistas que habían tratado el tema. Pero la censura observó un film injurioso contra los militares, por lo que quiso eliminar algunas secuencias, tras lo cual se podría permitir su exhibición con la calificación de "recomendada para mayores de 18 años". No se trataba de eliminar planos sino secuencias completas: un soldado cayendo en la trampa; el desplume de un pájaro vivo por el militar, de tal manera que se mostraba una imagen cruel e inhumana de la institución; un teniente llevando agua al cliente de una prostituta en el burdel –algo impensable para un oficial español-, tras utilizar sus servicios, entre otras. Al negarse sus responsables, la película quedó sin clasificación ni nacionalidad. El tiempo en que se hizo fue determinante para comprender el resultado de esta aventura cinematográfica. Mejor apoyo oficial tuvieron la serie televisiva Curro Jiménez (1975) o el film Avisa a Curro Jiménez (1978) que mostraban la figura del bandido generoso, patriota en la guerra de la Independencia.

Con el asentamiento de la democracia se filmó La leyenda del tambor (1981), dirigida por Jorge Grau, que recreaba el mito del tamborcillo del Bruc. En su época sorprendió la buena factura y el éxito del elenco que el director logró con una película filmada en escenarios naturales, en el mismo sitio que se originó la leyenda. Con una fotografía de Fernando Arribas, el espectador, si no con la historia ampliamente conocida, se pudo entretener contemplando los bosques de la comarca catalana, las reconocidas montañas del Bruc, en las cuales y gracias a su eco, resonó el tambor del pequeño Isidro Llusá que los franceses creyeron en realidad, un ejército español que llegaba para sorprenderlos y derrotarlos. Jorge Sanz interpretó al protagonista con 11 años; Diana Bracho, la madre del pequeño héroe, se mostró como una resignada mujer que amaba y respetaba a su esposo y a sus retoños, pero superada en la vida cotidiana por los escasos ingresos de su marido, comerciante de vinos. La guerra rompía esa trayectoria y les imponía mayores sacrificios como la formación de somatenes que se enfrentan a los soldados franceses.

No obstante, la filmografía sobre la guerra de la Independencia mermó frente a otras temáticas históricas como la Guerra Civil, el Franquismo o las biografías de personajes como Esquilache o Francisco de Goya. Precisamente, Carlos Saura recuperó a Francisco Rabal –que ya había interpretado al pintor aragonés en Goya, historia de una soledad (1970)- para su Goya en Burdeos (1999), donde situó la acción en los años finales de su vida, en el exilio francés. En este film, el pintor aparece al lado de su última amante, de su hija adolescente y de algunos amigos residentes en Francia. La auténtica acción de la cinta se desarrolla en la memoria del personaje, en sus pesadillas, en la percepción desde la ancianidad de los momentos y los personajes que han condicionado su vida y su obra. Saura rehuyó una concepción narrativa del film, escenificando algunos pasajes de manera convencional. Quizá un planteamiento más abstracto hubiera beneficiado el montaje final. La humanización de varios grabados de la serie de Los desastres de la guerra corrió a cargo del grupo teatral La Fura dels Baus, cuyos componentes se fijaron, especialmente, en las matanzas, asesinatos, descuartizamientos y fosas colectivas que dibujó el aragonés en blanco y negro.

Como en el resto de películas sobre Goya, la visión de la guerra fue la visión negativa, pesimista, desolada del pintor. El heroísmo quedaba anulado en la tragedia colectiva, que ofrecía otra visión paralela del conflicto. Sin embargo, en ninguna película sobre Goya se le llegó a humanizar: no se muestra su colaboracionismo con el invasor, su participación en la junta de artistas que envió obras de arte españolas al Museo Napoleón de París, su aceptación de la Orden Real de España de José Bonaparte, los encargos que recibió de los invasores… Por mucho menos –pintar salones masónicos para logias de oficiales franceses- el pintor Mariano Salvador Maella sufrió una dura depuración tras la guerra, mientras Fernando VII no encargaba cuadros a Goya al identificarle con el reinado de su padre y la etapa de su odiado Godoy, más que por la labor del aragonés con el invasor.

Con motivo del bicentenario de la guerra, se filmaron películas como Sangre de Mayo (2007) y Bruc (2009). Garci decidió recoger el testigo de los anteriores cineastas y emprendió una preproducción del primer título en marzo de 2007, finalizando en diciembre del mismo año. Se levantaron, a escala natural, decorados interiores y exteriores, reconstruyéndose el arco de Cuchilleros madrileño, ciertas calles y la Puerta del Sol en 1808, ya que el argumento se centraba en los sucesos del levantamiento madrileño, inspirándose directamente en dos Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Nuevamente, al basarse en fuentes literarias, faltó en el argumento la influencia de la historiografía universitaria que rebatía la espontaneidad de la reacción madrileña y probaba la existencia de una junta de notables organizadora del alzamiento. En el film intervinieron 56 actores, 9.000 figurantes, 97 técnicos, 50 especialistas y 50 caballistas. Los acercamientos al vestuario, costumbres, ambientación y edificios de la época fueron mayores que en films anteriores, lo que demostró los intentos de llevar a la pantalla una época con el mayor apoyo documental posible.

El personaje central, el joven Gabriel Araceli, trabajaba como cajista en una modesta imprenta madrileña. Su novia, Inés, era una hermosa chica huérfana que vivía en Aranjuez, acogida por su tío Celestino, humilde sacerdote medio pariente del ministro Manuel Godoy. En la visita al Real Sitio para ver a su novia, Gabriel coincide con el histórico motín del 19 de marzo contra el valido de Carlos IV, cuyo palacio es asaltado por las masas. Pensando en el bien de la chica, don Celestino acepta que sea conducida a Madrid por sus parientes Mauro y Restituta, que regentaban una tienda de paños en la ciudad. Una vez a salvo, la pareja se muestra mezquina y convierte a la chica en su sirvienta. Para estar cerca de ella, Gabriel entra también en el negocio como mozo e intenta raptar a Inés, al saber que Mauro intenta casarse con ella. Logra salvarla y explican la situación a don Celestino, que ha huido de Aranjuez para evitar ser represaliado por su relación con Godoy. Cuando se deciden ir a Cádiz, estalla el motín del 2 de mayo, y Gabriel se ve envuelto en las feroces luchas que tienen lugar en la Puerta del Sol y otros lugares de la capital. Los tres protagonistas son apresados por los franceses y condenados a morir fusilados. “¡España y libertad!” es el grito rebelde de Gabriel en el momento en que los granaderos disparan contra ellos.

Para saber más recomiendo:

CORRAL HERMIDA, L., “La guerra de la Independencia en el cine del primer franquismo”, Historia Abierta, 39, (2007), pp. 8-14.

LÓPEZ TALAVERA, M. del M., “El cine español y la Guerra de la Independencia: acordes y desacuerdos”, Aportes, 46, (2001), pp. 65-77.

Doctor en Historia por la Universidad de Alcalá y especialista en la etapa contemporánea. Ha ejercido como profesor universitario y ha escrito numerosos artículos sobre cine e Historia Contemporánea en diversos medios.