¿Quién ha de gobernar?
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
“Todos los periódicos vienen entregados a esta inquietante tarea de descubrir quién será el hombre que sucederá, al frente del Gobierno, al que hoy dirige los destinos de España. ¿Quién será ese hombre? ¿quién es capaz de saberlo? El futuro nos reserva tales sorpresas, que a lo mejor surge del conjunto de los representantes nombrados por la nación el ilustre desconocido, mejor dicho, el hombre excepcional con 'facultades de estadista, a quien sea necesario entregarle el Poder para que guíe los pasos de España por una senda segura.
A nosotros no nos inquieta mucho el problema. No es el hombre de Gobierno el que nosotros buscamos, sino el pueblo capaz para gobernarse a si mismo. He ahí nuestra inquietud. Los caudillos, por muy ilustres que sean, si no están sometidos a una estrecha disciplina política, son la negación de la democracia y una gran dificultad para su desarrollo.
No son caudillos los que necesitamos: es pueblo consciente de sus deberes y derechos lo que se necesita para que la revolución marche y triunfe.
En la polémica a que vienen entregados los periódicos se olvida el sentido ético de la política. Todo se fía al buen sentido del gobernante, a sus orientaciones conservadoras y de orden. ¡Oh el orden! ¡Qué cosa más grande! Es grande en su mezquina estupidez. Y la honradez administrativa, ¿no tiene valor? ¿Se ha olvidado ya que la política española fué nefasta por inmoral y desvergonzada? ¡Qué olvidadizo es este pueblo!
Afortunadamente, fui' el Partido Socialista y sus hombres quienes dieron tono moral a la política administrativa de nuestro país. Es éste nuestro más noble blasón y lo exhibimos con orgullo.
Fuimos enemigos del caudillismo y lo seremos siempre. Creemos que es peligroso exaltar a los hambres en demasía. Porque, ya lo dijimos hace poco, de esa forma nacen los tiranos. Por encima de los hombres están las ideas. Las ideas deben ser servidas por un núcleo de hombres, por un partido. Debe haber socialistas, o comunistas, o republicanos. Pero melquiadistas, u ossoristas, o lerrouxistas, no. ¡Nada de cabecillas!”
(El Socialista, número 6991, de 7 de julio de 1931).