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La enseñanza racionalista


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

“Uno de los principales caracteres de la misión que corresponde á la escuela futura, adoptando por consiguiente la pedagogía racional, consiste en ofrecer al hombre, durante todo el curso de su vida, los elementos necesarios á una evolución continua y los medios de permanecer siempre en la discusión constante de los conocimientos científicos con sus semejantes. No hay nada que demuestre mejor la insuficiencia de la actual escuela que la parte restringida que se le atribuye.

La escuela, se dice, es el embrión de la sociedad, es donde se moldean los futuros ciudadanos, es el crisol donde se funde la inteligencia humana, y, sin embargo, con ser tal su importancia, reconocida por todos los hombres de ciencia, y hasta por los más indoctos en la práctica, se pretende siempre relegarla al último término.

Aun aquellas naciones que ha tiempo reconocieron su importancia, y por lo mismo se apresuraron á iniciar su desenvolvimiento, que merced al interés tomado para que cambiara de métodos pedagógicos han obtenido las positivas ventajas apetecidas por sus iniciadores, sobretodo en el orden industrial y comercial, por cuyo motivo estas naciones van hoy á la cabeza de los pueblos civilizados, en cuanto se refiere al desarrollo del capitalismo, no se han cuidado, sin embargo, de darle la orientación que por naturaleza le corresponde.

La escuela no sólo debe ser sitio de instrucción para cumplir debidamente las aspiraciones de una clase determinada de la sociedad, debe ser un plantel donde las nuevas generaciones, además de salir con los conocimientos útiles que encarnan el progreso humano, salgan perfectamente educadas en sus sentimientos y en todas sus manifestaciones de la voluntad, á fin de que al salir de la escuela sean hombres perfectos, capaces de darse cuenta inmediata de las tristes y amargas realidades de la vida; sean hombres libres y humanitarios para ayudarse mutuamente en salvar los escollos que se oponen á un bienestar social, erigiéndose en decididos colaboradores de la magna obra de redimir á la Humanidad de la esclavitud en que yace desde los más remotos tiempos.

La única misión de la escuela racionalista es hacer que las futuras generaciones alcancen el mayor grado de perfección de que son susceptibles.

Pero no sólo compete á la escuela la misión de formar al niño, sino que, en todo momento, ha de estar en relación con el adulto. La escuela ha de ser para el hombre un retiro seguro donde pueda recogerse, preparar el esfuerzo que entrevé, después de haber sentido en las primeras tentativas lo que le falta, lo que es incompleto é informe en él. Todos recordamos aquel período terrible de la gran crisis de la adolescencia, en que repentinamente tuvimos la intuición de la gravedad de la aventura que comenzaba y en que sentimos la necesidad de confiarnos, de pedir protección y consejo. Pero, ¿hemos hallado, por ventura, la confortación de esa voluntad fuerte, de esa bondad previsora que hubiera podido vivificar nuestra decadente energía, preservarnos de la falta que casi todos hemos cometido y que pesa como enorme mole sobre nuestra existencia? Casi nunca. En aquellos críticos momentos se está solo.

A llenar este gran vacío viene la escuela racionalista. Sus principios educativos deben irradiarse á todas las etapas de la vida social. Todos los hombres han de encontrar en ella un sitio de consulta y de recreo, enriqueciéndola con sus iniciativas é inventos. Quien descubra una verdad debe llevarla á la escuela para conocimiento de sus conciudadanos.

En nuestra patria, por desgracia, á la edad de doce años, por término medio, los niños de las clases pobres han terminado sus estudios. Durante seis años se procura que adquieran algunas nociones del saber humano más ó menos útiles, puesto que nos es conocido lo que valen, y la sociedad se juzga libre con ellos de toda deuda, entregándolos á otra educación: la vida, con su imperiosa y amarga realidad; una educación brutal que pronto somete á los pobres seres á la disciplina implacable de la fuerza y los entrega bien preparados para sufrir una sumisión, habiendo debilitado antes sus energías, y los desgraciados son vencidos antes de saber lo que la sociedad quiere de ellos.

Quedando, por estos motivos, una masa adaptada, necesariamente, para convertirse en carne de cañón ó de fábrica.

Tampoco los hijos de las otras clases sociales salen muy beneficiados con la educación que reciben en la actual escuela. Salen de la enseñanza primaria con algunos conocimientos ficticios, sin valor práctico alguno, pues en la mayoría de los casos ha sido objeto de mercantilismo su enseñanza. Después, en la segunda enseñanza, y muy particularmente los hijos de la clase media, dedican unos pocos años a estudios también muy superficiales y sin objeto, cuyo valor es harto conocido, que les dan, á lo más, un ligero barniz científico que pronto desaparece, si ellos, por su parte, no se educan convenientemente en los hechos prácticos de la vida. Procuran por todos sus medios, á veces comprometiendo su pequeña fortuna, adquirir el título de una carrera cualquiera no la que ellos por vocación hubieran escogido, pues debido á la educación que han recibido se les ha hecho lo que son, y cuando han comprendido lo que hubieran querido ser, ya era tarde. Por este motivo el mundo está lleno de fracasados.

Esta clase constituye el llamado proletario intelectual, sujeta á una explotación inicua, la más repugnante, que tira y arrastra por los suelos la dignidad humana, que destruye lo más sagrado del hombre: su libertad.

La mayor parte de los hombres sucumben así, miserablemente; á la pena de vivir, sin que la sociedad haga nada por socorrerlos eficazmente, para librarles, de los errores fatales, para ayudarles en las circunstancias críticas de su existencia. ¿Qué encuentran en los momentos de resoluciones importantes? Los consejos de seres débiles como ellos, de pobres ignorantes poseí- dos del horror constante de esa cosa llamada vida, cuyas leyes misteriosas sufren con tanta dureza, ó la traición y el engaño. ¡Son una presa tan fácil para los que quieren explotarlos! No; no se les reproche su debilidad moral, no se les reproche su inconsciencia. La sociedad les envía á la batalla constante de la lucha por la existencia, provistos de algunas ideas falsas y de preocupaciones fatídicas.

Por eso la escuela racionalista, cuyo objeto es preparar hombres libres y conocedores de la vida real, tiene que cumplir esta alta misión. De niños, moldear sus inteligencias para una vida racional y humana. De hombres, ayudarles en los momentos críticos de indecisión, de incertidumbre, cumpliendo así la magna obra de reivindicar á la Humanidad.”

(Vida Socialista, número 37. 1910)


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