El pesimismo
- Escrito por Magalhães Lima
- Publicado en Déjà Vu
“El pesimismo es una triste herencia teológica. Yo soy optimista, porque creo en los destinos de mi raza, creo en la ciencia, creo en el progreso, creo en el porvenir de mi patria. Soy optimista porque creo que la felicidad no está en el cielo, sino en la tierra; no está fuera de nosotros, está en nosotros mismos. El poeta francés Sully Prudhomme, para hacer felices á dos personajes de uno de sus poemas los alejó de los hombres. Es un contrasentido, dicen, que la ciencia ha salido armada de la cabeza de Minerva; es necesario que la felicidad salga armada de nuestros corazones y de nuestras voluntades.
Lo que impide la dicha de los hombres son prejuicios sociales. El primer prejuicio á combatir es el prejuicio de la muerte, el terror del infierno. La muerte es un hecho tan normal como la vida. Científicamente es un progreso, porque transforma. ¿Qué sería de los hombres si fueran eternos y si las instituciones revistieran un carácter absoluto?
El segundo prejuicio es el prejuicio de razas. Si se proclama la libertad de cultos, ¿por qué no ha de proclamarse la igualdad de razas? No es el color lo que separa los hombres, sino la capacidad moral.
El tercer prejuicio, el prejuicio de sexos y de clases está en el mismo caso: son vestigios de viejas civilizaciones que el moderno concepto jurídico repulsa en nombre de la conciencia social.
El librepensamiento, que puede y debe considerarse una ciencia, un aspecto sociológico, es, ante todo, un combate contra los prejuicios que impiden la felicidad, á la cual tienen igual derecho todos los hombres y todos los pueblos.”
(Vida Socialista, nº 131. 1912)