Nueva orientación
- Escrito por Evaristo Bouzas Urrutia
- Publicado en Déjà Vu
“En las crisis económicas como en todos los desarreglos pasajeros ó crónicos en que viven envueltos actualmente los países civilizados, quien en última instancia sufre las peores consecuencias, sobre quien repercuten todos los males, es sobre el productor directo: el trabajador.
En el encadenamiento de los hechos, sufrirán los capitalistas y los demás intermediarios que se nutren á expensas de la producción y distribución de las riquezas, pero quien más sufre es, en definitiva, el más débil.
Tal vez á primera vista no parezca así, porque mientras los obreros sufren en silencio, los capitalistas gritan y meten ruido, pidiendo la protección á sus industrias.
La intensidad del sufrimiento, como la potencia á que se eleva el grado de explotación de los trabajadores, puede calcularse por el grado de desarrollo intelectual de éstos.
En un país donde la clase trabajadora es inteligente y enérgica, la política, en su acepción más amplia y científica, tiene que ser mejor; y á la inversa, en un país donde esa misma clase es ignorante y débil, la política tiene que ser mala y la situación de los trabajadores deprimente y pésima.
El salario, que en la organización actual de la sociedad es la forma con que se remunera el esfuerzo del trabajador, es una elocuente demostración de la explotación á que está sometida la clase trabajadora.
Las declamaciones y recriminaciones de nada sirven cuando no se intenta algo positivo para contrarrestar el mal económico que intensamente se deja sentir.
Los mejores preparados y conocedores de las causas impulsivas de las crisis agudas que tácitamente la mayoría soporta, aunamos esfuerzos haciendo sentir nuestra acción y enseñando al pueblo la senda que debe seguir si no quiere continuar siendo la víctima eterna.
Reducidos á una minoría, estamos inhabilitados para que nuestra acción se haga sentir eficiente é inmediatamente; pero si á nuestro grupo se unen todos los trabajadores animosos, nadie puede dudar que nos quedará reservada la tarea de encarrilar los acontecimientos en un método práctico, dejando de vivir en un caos como el presente.”
(Vida Socialista, número del 9 de junio de 1912).