Los socialistas de España y el Gobierno
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
«La participación de los socialistas en las tareas de Gobierno ha dado origen en España, como en todos los países en que el Socialismo constituye una fuerza considerable, a las discusiones que provoca invariablemente el problema de su vinculación con la responsabilidad oficial. El colaboracionismo no es, ciertamente, un tema nuevo de controversias, comenzadas en Alemania mucho ante l de la guerra, con las primeras manifestaciones de temor de que el éxito político y electoral podría transformar a los socialistas de partido revolucionario en partido transigente, o lo que Marx llamó, no sin desdén, a mediados del siglo pasado, sla socialdemocracia». Si los ensayos franceses anteriores a 1914, si bien sin el consentimiento expreso de asambleas ni de comités, desilusionaron a la masa socialista, das circunstancias especiales en que se encuentra España parecían justificar aquella colaboración. En efecto, la República, a cuyo advenimiento contribuyeron los socialistas y las entidades gremiales, requería el concurso de los elementos diferentes que intervinieron en el movimiento de transformación, con el fin de cristalizar en una obra constructiva las normas fundamentales del nuevo régimen. Un Congreso extraordinario permitió en 1931 a dos principales jefes socialistas tomar parte en el Ministerio. La cooperación de don Fernando de los Ríos, de Largo Caballero y de Prieto ha renovado las disidencias de entonces y ahondadas a raíz de hechos significativos. El Gobierno republicano, con la solidaridad implícita de los socialistas, tuvo que reprimir enérgicamente tentativas de los sindicalistas y perseguir con tenacidad a los grupos de carácter avanzado. ¿Qué influencia podría tener en el ánimo de la clase trabajadora esa política de la burguesía liberal con la ayuda del Socialismo? ¿Debían retirarse del Gobierno y volver a su antigua posición de cuerpo de lucha y de protesta, como en tiempos de monarquía, o estaban obligados los socialistas a aceptar la realidad y esforzarse en set un factor de construcción y no un núcleo en continua expectativa? El Congreso reunido en Madrid debía resolverlo. En sus sesiones, en que participaron los gobernantes surgidos de sus filas, se debatió la vieja cuestión. Se decidió renovar la confianza en los organismos directivos del Partido, los cuales están facultados para fijar el momento en que ha de cesar la colaboración. Es, en verdad, una fórmula hábil. Don Francisco Largo Caballero declaró en el Congreso que es preferible «fracasar desde el banco azul a luchar contra el Gobierno», pues esta actitud traería inevitablemente el alejamiento del proletariado de la política y su inclinación, por ende, al pesimismo extremista. Como se ve, en el Congreso del Socialismo español se han repetido los argumentos en favor y en contra con que se ha defendido y combatido recientemente en el Congreso del Socialismo francés la tesis colaboracionista. El Congreso de Madrid tuvo el valor de pronunciarse en pro de la colaboración, a pesar de la propaganda hostil de las grandes corporaciones obreras y del peligro de descrédito que representa para el Partido desviarse de su propia doctrina en nombre de necesidades del momento. Al proceder así el socialismo español ha demostrado, cono el de los países del Norte y el de Alemania después de la caída de la dinastía, que tiene un sentimiento cabal de las exigencias nacionales, sin que esa concesión a lo momentáneo desvirtúe su programa doctrinario. De esta manera, los socialistas, sin aspirar a imponer las concepciones más amplias de su plataforma, tenderán, en el, Gobierno y en el Parlamento, a consolidar el régimen del cual son una expresión, un matiz, pero no una definición, como suelen sostenerlo los adversarios de la República.»
(La Nación (Buenos Aires)/El Socialista, 12 de noviembre de 1932)