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¡Buenos monárquicos son los monárquicos españoles!


  • Escrito por Pablo Iglesias
  • Publicado en Déjà Vu
(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“¡Buenos monárquicos son los monárquicos españoles!

Nadie, absolutamente nadie, trabaja lo que ellos contra el régimen político existente hoy en España.

¡Los liberales! ¿Qué esfuerzos han hecho, principalmente en los últimos tiempos, para que las ideas progresivas fueran aceptadas por la Monarquía? ¿Qué rasgos de entereza, qué actos de tesón y de carácter han realizado los prohombres del liberalismo español para influir sobre aquélla y poder lograr que siguiera igual rumbo que las Monarquías de otros países? ¿Cuántas veces cayeron del Poder por ser fieles á sus principios políticos ó por mostrar la Corona resistencia á la implantación de reformas democráticas? Ni una sola.

Han hecho, sí, crisis como la del papelito, han aceptado el Gobierno en condiciones tan airosas y dignas como le aceptó Canalejas, han doblado multitud de veces el espinazo; pero jamás, jamás, han estado dispuestos á dejar las carteras antes que gobernar con procedimientos antiliberales.

¿Qué ha hecho Canalejas, contando con circunstancias favorabilísimas que no ha tenido ningún otro gobernante liberal, para infiltrar en la institución monárquica un espíritu progresivo? No obstante sus compromisos políticos, sus repetidos discursos en que afirmó que la Monarquía se liberalizaría, su acción desde las esferas del Poder no se ha encaminado á tal fin; antes al contrario, atento á mantenerse en aquéllas el mayor tiempo posible, ha sido el gobernante más sumiso, el más transigente con las corrientes reaccionarias que han imperado arriba y el que ha mostrado menos decoro político cuando se presentaban casos en que las ideas liberales resultaban maltratadas ó quedaba malparado el gobernante serio.

Ahí están como prueba de lo que decimos lo ocurrido en el Congreso eucarístico y lo pasado en la frontera española con los que conspiran contra la República portuguesa.

Conducta tal de los liberales habrá podido dar satisfacción á sus pequeñas ambiciones, pero ha perjudicado notablemente al régimen monárquico.

Más han hecho aún en ese sentido los conservadores.

Eran ellos, si fuesen verdaderos devotos de la Monarquía, los que debían haber trabajado de firme, no sólo porque existiera un verdadero partido liberal que se diferenciase bien de los procedimientos conservadores, sino porque la Monarquía reconociera la necesidad de él para sostenerse y vivir.

Lejos de eso, han hecho cuanto han podido para que se le viera con disgusto en Palacio y han trabajado desenfrenadamente para desacreditarle y descomponerle.

Han apoyado, es cierto, á Canalejas; pero conociendo bien á éste, le han apoyado para que se inutilice como hombre político en una labor reaccionaria y para que el partido liberal muera en sus manos.

A ese fin le han empujado á todas las soluciones liberticidas, han aplaudido sus arbitrariedades y atropellos y le han azuzado para que persiga encarnizadamente á las organizaciones obreras.

¿Es esto lo que conviene á la Monarquía?

No. Desacreditado por completo Canalejas, desbaratado el partido liberal y odiados por la inmensa mayoría del país los conservadores, ¿qué instrumentos de gobierno le quedan al régimen monárquico?

Por otra parte, colocados abiertamente los conservadores enfrente de la organización obrera y declarado enemigo de ella—los hechos recientes lo proclaman—el partido liberal, ¿qué situación crea esta circunstancia á la Monarquía?

Los trabajadores organizados son antimonárquicos, pero sus esfuerzos antes se consagraban casi por entero á trabajar por la obra de su mejoramiento y su emancipación. ¿Harán lo mismo ahora que los partidos monárquicos le han declarado abiertamente la guerra? ¿Su actitud para con la Monarquía será la que ayer observaban? No. Puesto que no son llamados á gobernar más que partidos que los persiguen y que se proponen dificultar su organización, los trabajadores alistados en las Sociedades tienen que ver también en la Monarquía un enemigo de ellos y de sus organismos y proponerse cuanto antes echarla abajo.

De hoy en adelante todo obrero organizado no sólo será un antimonárquico, sino que peleará en las primeras filas por derribar la Monarquía.

Eso han logrado con su política en esta etapa los liberales.

Eso han conseguido principalmente los conservadores con su loca conducta. Sigan unos y otros trabajando así por el mantenimiento del régimen monárquico, que la Conjunción republicano-socialista, y con ella toda la nación, asqueada de unos y otros políticos, se lo agradecerá.”

(Vida Socialista, número 93 de 12 de octubre de 1911).


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