Amnistía reparadora
- Escrito por Tomás Álvarez Angulo
- Publicado en Déjà Vu
“Las cárceles están rebosantes de obreros y periodistas presos por delitos que sólo lo son en aquellos países, cual el nuestro, que tienen un concepto estrecho de las libertades públicas y del derecho moderno. A la puerta de ellas esperamos también el fallo de los Tribunales un buen puñado de ciudadanos, cuyas frentes podemos levantar á la altura del más digno. Desperdigados por el mundo, allende las fronteras españolas y al otro lado del mar, otra multitud padece la nostalgia de su tierra, á la que no pueden volver porque la frialdad de una ley, en cuyas mallas cayeron, no por delincuentes, sino por la inmoralidad de nuestras costumbres cívicas, los tiene execrados.
Todos, los que están encerrados, los que huyeron, los que esperan rendir cuentas á la histórica justicia, son honrados delincuentes ó no son siquiera culpables.
Prisión correccional, presidio mayor por una simple caricatura en la que se presenta un hecho célebre ó se retrata con más ó menos gracia al jefe del Estado, ó se ridiculiza al dogma. Años y más años de cárcel por unas cuantas palabras hablando de una institución ó del monarca, ó por convencer á un compañero en período de huelga, ó por ensañamiento del patrono que tuvo habilidad de presentar delito sin existir.
Reclusión por artículos escritos por otro, aun demostrado y comprobado que no es el autor; por unos pasquines, por un grito, por un tumulto insignificante, que ni aun los honores de motín merece.
Y por todas estas minucias, cientos, quizás miles, de hombres están privados de libertad ó á punto de perderla.
Recordamos á estos efectos los periódicos extranjeros que hablan de los reyes con más libertad que aquí de un presidente del Consejo, que ponen á sus emperadores en caricaturas ridículas: ved al Der Wahre Jacob, de Stuttgart; á L'Asino, de Roma; Pele Melé, de París, y L´Assiette au Beiirre, de la misma población. Y hasta en la misma República Argentina, que tiene fama de dictatorial, y lo es en efecto, tenemos El Látigo, Caras y Caretas, P B T, etc., en los cuales aparece el presidente de ella ridiculizado en extremo. Y en todos estos puntos se dibuja y se habla de instituciones, aquí inviolables, con un desenfado que asusta y que nos valdría á nosotros, ¡infelices españoles!, una perpetua, si nos librábamos del garrote vil.
Sólo en Rusia y en España, en aquélla más que en ésta, en honor á la verdad, se consideran delitos ciertos excesillos del lápiz ó la pluma. Sólo allí y aquí puede haber casos como el de Sagristá, Pahisa, Saborit, Cermeño, etc., etc., y el más edificante Meliá, por el cual debía estar yo en la cárcel purgando el delito de ser director de un periódico en el que apareció un artículo de un diputado, que estaba firmado de su puño y letra además.
Ya veis: en Inglaterra, surge una huelga formidable, los huelguistas hacen frente á la fuerza pública, hay muertos y heridos de ambos bandos, y en la cárcel no quedan individuos por ello. En Francia se cometen actos de sabotage, también hay luchas con la Policía, y pasados los primeros momentos, todo el mundo es libertado. Aun hay más; todo un presidente de la República en Francia, todo un jefe del Estado, es apaleado cuando presenciaba unas carreras de caballos, y con dos meses de arresto quedó salvado el principio de autoridad, y el presidente con los golpes muy tranquilo quedó.
Por eso, por entender que los que padecemos persecución de la justicia por delitos que sólo lo son aquí, un poco por el espíritu medioeval de nuestras leyes y otro por nuestras costumbres no menos añejas é inquisitoriales, no somos delincuentes, ateniéndonos á los principios que informa el vivir europeo, se me ocurrió pedir una amplia y justiciera amnistía que repare las ofensas inferidas á la civilización y al progreso.
Y cuenta que aunque sobre mi pesa algún proceso, no me muevo por el interés personal, porque de ellos he de librarme sin pedir gracia, aunque dude de la justicia; muéveme el absurdo de que halla cientos, quizá miles, de hombres purgando delitos que en otros países son hasta gracias que se celebran con fruición ú orientaciones que se acogen con respeto.”
(Vida Socialista, de 21 de enero de 1912. Tomás Álvarez Angulo fue periodista, funcionario de correros, empresario cinematográfico, miembro de la UGT y de la Agrupación Socialista Madrileña, y diputado por Jaén)