Hacia la aprobación del Estatuto
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
“Los enemigos del Estatuto catalán, que son, en realidad, salvo contadas excepciones, los enemigos de las autonomías regionales, deponen ya, derrotados en toda la línea, su actitud optimista, basada en la confianza conmovedora que 161 les animaba hace dos meses a profetizar el fracaso del Estatuto catalán en el Parlamento. No han surgido las crisis gubernamentales vaticinadas. La República resuelve poco a poco sus problemas sin graves contratiempos y, lo que es mejor, sin acudir a asesoramientos fuera del campo republicano. Contra la voluntad de los adversarios del régimen, la Cámara va dando cima a cuestiones apasionantes y delicadas con éxito evidente. Todos los días se avanza un trecho en la tarea de edificar el nuevo Estado. La Reforma agraria y el Estatuto de Cataluña caminan hacia su aprobación por las Cortes rápidamente. No hay vacaciones para los diputados. Al contrario, se multiplican las horas de sesión, se trabaja día y noche. El Gobierno y el Parlamento, dentro de una norma de austeridad y laboriosidad desconocida en la vida pública anterior a la República, se han impuesto el deber, y lo cumplen, de crear una España democrática sobre pilares de justicia política y social. Nada detiene al Parlamento y al Gobierno en esa función rectilínea, que, pese a todos los derrotistas, convertirá pronto al país en una gran nación moderna.
Para muchos, la Reforma agraria y el Estatuto catalán eran una empresa superior a las fuerzas del Gobierno. Se figuraban, apoyados en no sabemos qué ideas de viejo estilo político, que desfilarían por el banco azul, antes de la aprobación de esos dos proyectos de ley, tres o cuatro Gobiernos. El tiempo afirma el formidable error de visión que entrañaban esas profecías. Tanto la Reforma agraria como el Estatuto serán en breve sancionados por los votos parlamentarios.
Virtualmente, la Reforma agraria y el Estatuto están aprobados ya. Circunscribamos en estas líneas al Estatuto. Anteayer quedó aprobado el artículo octavo, que se refiere al Orden público. Hace pocos días fué despachado el artículo séptimo. Uno y otro habían despertado en la Cámara y en la opinión cierto interés no reservado, excepto a los puntos de Hacienda y Justicia, a los demás 'temas concretos que plantea el Estatuto de Cataluña. Se presentaba difícil la cuestión de la Enseñanza. «Habrá "hule", habrá debate extraordinario, que acaso ponga en un conflicto al Gabinete Azaña.» Hubo, en efecto, debate, aunque no el debate que esperaban los incondicionales del «hule». Pero el Gobierno quedó en excelente lugar. Y hubiera sido apoteósico su triunfo si la minoría catalana no comete, según dijimos ayer, la equivocación de abstenerse en la votación. En cuanto al Orden público, se decía después de liquidado el asunto de la Enseñanza: «Ahí veremos.» Ya hemos visto. Por enorme mayoría fué aprobado el artículo octavo. La certera enmienda del señor Esplá, muy bien intencionada, tuvo acogida general en las Cortes. ¿Qué queda ahora del Estatuto? Puntos de polémica, probablemente sólo dos. El relativo a la Hacienda y el que concierne a la Justicia. Pero ninguno tan susceptible como el de la Enseñanza.
Para advertir la importancia de la aprobación del artículo octavo precisa recordar el discurso que pronunció el señor Lerroux en la discusión de totalidad. No pudo acumular el jefe de los radicales en menos palabras más notas sombrías. De creer entonces al señor Lerroux, la cuestión de Orden público era casi insoluble. La guardia civil, el ejército, los mozos de escuadra, los guardias de seguridad, la policía, todo eso, bien agitado por el señor Lerroux, sembró tal confusión en los que le escuchaban, que muchos creyeron, como el, poco menos de inabordable el artículo octavo. Si recordamos aquel discurso y comprobamos la sencillez, la serenidad y la eficacia que campean en el dictamen aprobado, resalta sobremanera la capacidad edificadora del actual Parlamento, donde los problemas más complicados se resuelven con una facilidad sorprendente.
Quedan, repetimos, dos artículos en el Estatuto que darán juego. Hacienda y Justicia son dos puntos delicados. Pero confiamos en el sentido político de la Cámara y en la serenidad de la minoría catalana, que no se dejará llevar de gestos como el del martes pasado. Tenemos la seguridad., en fin, de que pronto estará dilucidado un asunto político de gran alcance nacional.”
(El Socialista, número 7332 de 6 de agosto de 1932).