La novedad
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
“La novedad. He aquí un tema casi siempre de moda. La preocupación es ser nuevo: en arte, en política, en ciencia. Contra esa pretensión o esa vanidad existe un juicio muy antiguo: «No hay nada nuevo bajo el Sol.» El comunismo no fué nuevo en Esparta; ni el arte de Picasso parece una gran novedad junto a ciertos motivos orientales. Por lo tanto, ser nuevo no tiene pizca de importancia, por esta levísima razón: todo lo nuevo envejece, y, recíprocamente, todo lo viejo ha sido nuevo alguna vez. La cuestión no es, pues, ser nuevo, sino, mejor, ser diferente o ser diverso, que es, además, multiplicar las diferencias.
Ser nuevo por prurito es embarcarse en el tiempo y dejarse llevar, condenándose a perecer. Perece el que no tiene voluntad de permanencia. No se trata de ser nuevo, sino de amoldarse lo más posible a la eternidad, de hacerse eterno. El que quiere ser nuevo de las cosas no lo conseguirá fácilmente: hay que ser nuevo de sí misma, o, lo que vale igual, hay que diversificarse en los momentos de la historia. Esparta fué comunista y el comunismo es viejo. No haremos nada por renovar nuestro espíritu saliendo a la calle diciendo: «Viva Rusia». Eso no es suficiente, porque no hay que traer la cosa rusa, pegárnosla al vestido o a la faz y creer seriamente que estamos haciendo la revolución social. No. Somos nosotros los que hemos—si nos place ese camino— de llevar nuestro carácter a la realidad comunista, forrarnos de esa evidencia la personalidad y el concepto ciudadano, y entonces pensar que hay una fórmula social aplicable a nuestro concepto de la vida. En tal sazón lo que nos brote no será e1 ¡Vira Rusia!, sino el íntimo viva de nuestra realidad comunista. Entonces ya hemos hecho la diversidad que nos corresponde; entonces seremos comunistas diversos de los rusos como éstos lo son de los antiguos espartanos. Y hagamos—por si acaso—el hincapié de que en estas divagaciones el tema comunista es circunstancial, y el verdadero objeto es la novedad. Pudiéramos del mismo modo haber tomado por motivo el vanguardismo literario.
Sucede que al Progreso se le figura caminando hacia adelante como en una carretera sin término a la vista. A pesar de lo cual, la vida física demuestra que el camino de la Naturaleza se desarrolla en curvas cerradas, si no soldadas, poco menos. No es que el mundo ni los mundos vuelvan a pasar sobre la misma huella --el eje se desplaza—, pero sí, evidentemente, sobre el mismo panorama. La faja del Zodíaco no ha cambiado de aspecto desde los caldeos primitivos que casi conocieron las puertas del Paraíso terrenal, salas líneas que hacen el perímetro de las constelaciones son las mismas bajo las que se encontraron los primeros mandarines chinos descendientes del cielo. No hay nada nuevo en el camino.
Lo que sucede es que todos los caminos son nuevos para el que nunca los anduvo, o bien para el que no se acuerda de su última peregrinación. Vivimos, francamente, de las ideas heredadas, y la diversidad no sale de nosotros, antes nos la impone la Naturaleza, que ésa sí que se renueva cada año y cada día. De modo que obedecemos ciegamente como las flores y los frutos; y es una presunción que aquéllas les increpen a éstos: ¡qué viejos son ustedes! Habrá que verlas a ellas en su otoño!
Lo que puede ser diverso es la ley de la vida. Y ésa la hacemos con un esfuerzo tremendo de la voluntad. Y para que .se vea hasta dónde no somos nuevos, nótese que la voluntad colectiva es la que mueve el mundo; y la voluntad individual, cuando se manifiesta, es lo que 'se contrapone, to que contradice la marcha, el progreso.
Lo nuevo viene de lo viejo y Va a ello y no nos reforma. Lo que sí nos reforma es la diversidad. La primavera nunca es nueve; pero las primaveras son diversas. Y, ¡claro!, son fecundas.”
(El Socialista, número 7368, de 17 de septiembre de 1932).