Optimismo
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
“Es otra España la que hoy amanece. Aprobado ayer el Estatuto catalán, son cordiales efusiones las que se cruzan de Cataluña a Castilla; aprobada también la Reforma agraria, es la tierra—la tierra, propicia ya a la sementera—la que se abre en surcos de esperanza. La pesadilla de discordia se aleja y el horizonte se ensancha. La República ahonda sus raíces en la tierra más fertil y en el corazón de los hombres más satisfechos. Hay, sin embargo, lastimados, perjudicados; y necesariamente los tenía que haber. ¿Cuál si no era el sentido de la revolución? La sencillez profunda del presidente del Consejo lo dijo lodo a este respecto.
Acaso ahora entendamos que el pasado episodio de la subversión militar y aristócrata no estuvo mal, ni viene mal su recuerdo reciente en este panorama corno una liquidación de anacronismos. Nos resurge la tierra migosa y se nos ofrece en promesas de fecundidad; nos florece la libertad y la efusión de regiones hermanas; parece que volvemos a un retoño de fuerzas naturales, de energías de España: a la unión, sin fraude ni dolo, del hombre con la tierra; al canto típico del carácter nacional, de las riquezas morales y los perfiles ciudadanos. Y al mismo tiempo se nos hundan cuatro siglas de Austria y de Borbón, cuatro siglos de falsedad. Eran da escena cortesana, militar y eclesiástica en que se vino moviendo un despotismo ilustrado sin pizca de ilustración. Detrás estaba España, oculta y olvidada por aquellos bastidores trágicos, dormida, empobrecida, inculta, por sus gobernantes y por sus explotaciones. En eso han estado el esfuerzo y el mérito de España: por sus dos dinastías se ha tenido que empobrecer, que cercenar, que encadenar; y en semejante situación, a espaldas de las oligarquías y de los caciquismos, se ha tenido que preparar, que armar, que rebelar. Ahora ha empezado a recoger el triunfo; ahora empieza su revolución, porque ésta no consiste en derribar, sino en construir. El día de ayer, dando cima a dos leyes fundamentales, ha sentado dos bloques formidables del porvenir.
Lo que ahora viene es el trabajo la conciencia y la fecundidad del trabajo en la tierra y en la libertad. No son otra cosa que el medio para que todos hagamos un poco de revolución, construyamos un poco de futuro. El carácter social de la Reforma agraria, que no es todavía lo que nosotros propugnarnos, obliga ya a la activa propaganda; a la divulgación por villas y lugares. ¿Qué más propaganda que la ley? Sí. La aplicación de la ley, y la explicación de la ley. He aquí un trabajo que nos compete, una labor que nos obliga.
Se han cerrado las Cortes por unas semanas nada más. Para cerrar la primera etapa constructiva de la República. Quedan otros afanes que emprender y otros problemas que atacar. La República va con paso firme. Todo se andará. Nosotros, caminantes, somos grandes y acaso precavidos optimistas del camino.”
(El Socialista, número 7362, de 10 de septiembre de 1932).