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El equívoco de la clase media


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“No hace mucho comentarnos; desde nuestro punto de vista ideológico el propósito formado por unos cuantos elementos de la sedicente clase media de organizar a ésta en una especie de partido distinto de todos los demás partidos políticos y con un programa propio, condensado en la vaga fórmula de las reivindicaciones de la clase. Augurábamos a la proyectada organización un convicto fracaso, precisamente por la dificultad de concretar las aspiraciones de un sector social compuesto de tan dispares elementos y a quienes, por tanto, no es fácil reducir a un común denominador. Eso, decíamos, si no se trata de iniciar un movimiento cuya finalidad trate de encubrirse con la defensa de los intereses de tina clase social que en realidad no es lo que se pretende que sea.

Muévenos a tratar de nuevo este asunto una conferencia dada por el presidente de la Federación Nacional de las Clases Medias, quien fustigó a la clase media por su «apatía, frivolidad y escepticismo» en los momentos presentes, en que, por su cultura, su número y su fuerza, podía ser un factor decisivo en la marcha de la vida del país.

Las propias quejas expuestas por el conferenciante confirman la exactitud de las apreciaciones hechas por nosotros acerca de esa organización de un sector de la sociedad que no puede encasillarse en una denominación irreal.

Creemos que el tema merece ser tratado con atención porque es conveniente contribuir a deshacer el equívoco creado en torno al tópico de la clase media. ¿Qué es en efecto la clase media? ¿Qué elementos sociales la componen? ¿Puede sostenerse con fundamento que hay una clase social que pueda titularse media, es decir, ni burguesa ni proletaria? Veámoslo.

Es incuestionable que todo aquel que utiliza en provecho propio el esfuerzo mental o material de otro queda clasificado en la categoría de burgués, es decir, de explotador del trabajo ajeno. Por el contrario, todo aquel que necesita vender su actividad intelectual o material para subsistir es, como clase, proletario, por elevado que sea el estipendio que reciba. Cierto que hay una categoría de profesiones que por su propia índole —médicos, abogados, ingenieros, etc.—pueden vivir de modo independiente y sin sufrir en absoluto la presión de la clase burguesa; pero lean ésos, descontados los profesionales de mérito sobresaliente, y ¡que pueden conservar su independencia, han caído [hoy en la sima del proletariado. ¡Cuántos no vegetan hoy tan míseramente como cualquier obrero, y a veces aún peor! No es menester esforzarse para demostrar esto.

La realidad de unos cuantos privilegiados que gozan de vida independiente merced a sus dotes de talento no basta para justificar la existencia de esa clase media que se quiere destacar de entre las demás. No hay término medio; o explotador o explotado.

Por suerte para ellos, ya van abandonando el equívoco en que se mantenían algunos núcleos de individuos pertenecientes a las llamadas clases medias. Ahí están, por ejemplo, los empleados de Banca, que han constituido una vigorosa Federación Nacional que hace poco celebró su primer Congreso en nuestra Casa del Pueblo; los maestros de Primera enseñanza, que también están confederados nacionalmente; los practicantes de Medicina y los auxiliares de Farmacia, organizados hace ya tiempo; los abogados socialistas, que han celebrado estos días un Congreso también en la Casa del Pueblo madrileña. Y cuenta que nos referirnos sólo a los organismos de esas clases simpatizantes con el movimiento socialista o sindical, a loe cuales están afectos algunos de ellos. Que fuera de nuestra órbita ideológica hay también organismos constituidos por elementos de clase media, unidos; sindicalmente para la defensa de Sus intereses profesionales y económicos, es decir, que actúan a fuer de explotados.

Los avances del capitalismo, la absorción por éste de todas las fuentes de producción y de todas las actividades, así de 'seden material como intelectual, han matado las esperanzas que las clases seriales ajenas al taller pudieron fundar en algún tiempo de alcanzar una posición más floreciente. Ya han abandonado el ideal de codearse con los superiores en jerarquía, y han comprendido que son unos explotados como los trabajadores manuales.

La lucha de clases, en que no querían creer, se la han revelado los hechos con su cruda realidad.

Confiamos en que dentro de poco la mayoría de los componentes de la clase media habrá ocupado el lugar que les corresponde en el inmenso ejército del proletariado que se apresta a la conquista de su emancipación integral.”

(El Socialista, número 7209, de 16 de marzo de 1932)


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