La pobreza en Estados Unidos
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
«Tenemos encima la mayor crisis de paro de todos los tiempos. Si el número de parados aumenta simplemente en la proporción normal, habrá para enero 12.700.000 sin trabajo. Ya casi la tercera parte de dos trabajadores asalariados y de jornales cortos están privados de medios para ganarse la vida.»
Así se expresa el último boletín económico de la Federación Americana del Trabajo.
Por todas partes domina una gran inquietud en los Estados Unidos. ¿Cómo, en este cuarto invierno de crisis, proporcionar medios de existencia, por escasos que sean, a los millones de parados y de sus familias?
Los socorros que hasta ahora se venían concediendo eran cortísimos, completamente insuficientes para asegurar a las familias obreras privadas de sus recursos normales una subsistencia mínima de este punto de los socorros dice la misma publicación obrera:
«Según la última Memoria (agosto), los socorros pagados en los Estados Unidos ascienden por término medio a 19,19 dólares por familia y por mes, o sea menos de 4,80 dólares por semana. El departamento de Agricultura y el Negociado de la Infancia calculan en 7,50 a 10 dólares por semana el presupuesto mínimo de socorro—sólo la alimentación—para tina familia de cinco personas, y añaden que esto no puede prolongarse mucho tiempo sin provocar graves peligros, porque no deja nada para alquiler, ropa y demás gastos necesarios. Casi la mitad de nuestra población vive por bajo del nivel mínimo indispensable para mantener la salud y la capacidad de trabajo.»
Las cantidades invertidas en socorros se han duplicado de año en año a partir de la crisis; pero la mayor parte de estos recursos está ya agotada. La caridad particular ha realizado un gran esfuerzo que es preciso reconocer, y aun cuando haya quedado muy por debajo de las necesidades no cabe pensar que siga en la misma proporción.
Según la revista neoyorquina «Nation», todavía el invierno pasado proporcionaba ese esfuerzo del 20 al 25 por 100 de los socorros; en mayo último no daba ya más que el 5 por 100, y el resto lo facilitaban los fondos públicos, sobre todo las Municipalidades; pero la mayor parte de éstas se hallan hoy en quiebra.
¿Dónde encontrar dinero para impedir que millones de hombres, de mujeres y de niños se mueran de hambre en el paraíso del capitalismo? «Este invierno—dice la «Nation»—es el más sombrío quizá que la historia de nuestro país ha conocido y que les espera a los obreros americanos sin trabajo.”
La misma revista examina otro aspecto de este doloroso problema: la pauperización de las masas obreras. Acaba de verse que los socorros concedidos hasta ahora eran de por sí insuficientes para que los parados pudieran vivir. Sin embargo, vivían. Pero ¿cómo?
«Muchos parados, al principio de la crisis y durante mucho tiempo aún, tenían casitas que hipotecar o vender, seguros sobre los cuales podían hacer empréstitos, muebles que vender; pero hoy quedan muy pocos que puedan disponer de tales recursos.»
Este estado de cosas lo confirma el corresponsal parisién del «Bulletin quotidien» en los Estados Unidos en los términos siguientes:
«Estos medios (caridad privada, obras públicas, etc.) no eran al principio insuficientes porque muchos obreros americanos, después de quince años de prosperidad, se habían convertido en capitalistas, en propietarios de una casita, de un jardín, de un mobiliarias confortable, de un refrigerador, de un teléfono, de una estación de T. S H., y podían soportar una crisis pasajera. Todavía, bastantes de ellos viven de sus ahorros, reduciendo extraordinaria. mente sus gastos, lo que hoy es relativamente fácil porque el coste de la vida ha bajado bastante desde hace dos años. Algunos de esos parados em. ¡alean sus ocios forzosos en seguir estudios en la Universidad.
Sin embargo, la crisis dura, el paro se extiende, los capitales desaparecen...»
Realmente, la perspectiva que se les ofrece a los trabajadores del país que acapara más de la mitad del oro que hay en el mundo no puede ser menos halagüeña.”
(El Socialista, número 7458 de 31 de diciembre de 1932).