EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Democracia política y democracia social


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

No hay mal que por bien no venga.

La crisis mundial ha producido el efecto de llevar una profunda turbación a los cerebros, sobre todo a los cerebros burgueses. Mas para otros ha tenido el feliz resultado de impulsarlos a reflexionar y a hacer claridad sobre cuestiones para las cuales n Se aceptaban antes soluciones hechas. Pienso, por ejemplo, en las discusiones que se suscitan en todas partes en los círculos socialistas sobre la democracia, sobre la conquista del Poder, sobre los métodos a emplear para construir y realizar el Socialismo.

No ha mucho, Luis de Brouckere, en una de nuestras reuniones, afirmaba, en términos emocionados, su fe en la democracia. Y otro amigo nuestro, con igual convicción, le contestó: «¡Yo no creo, no creo ya en la democracia!»

¿Puede asegurarse que al emplear la misma palabra entendían lo mismo ambos camaradas?

Max Adler, marxista de extrema izquierda, ha escrito nada menos que un volumen, «Democracia política y democracia social», para definir lo que debe entenderse por democracia desde el punto de vista socialista.

Para mucha gente, en efecto, la democracia no es otra cosa más que el régimen representativo o parlamentario cuando se funda en el sufragio universal.

En ese sentido puede decirse que la democracia política tuve su momento, después de la guerra, en todas las partes del mundo más o menos europeizadas.

Trátese de Europa, de América, de Eurasia, de Alemania, de Italia, de Polonia, de Rusia o de China, no hay un país donde no haya pesado el sufragio universal, donde teóricamente no hayan comprendido los pueblos, revolucionariamente o no, el derecho a dispones- de sí mismos.

Pero después, ¡cuántas ilusiones desvanecidas, cuánto terreno perdido en beneficio de las más asfixiantes dictaduras!

Ante la dura realidad, las demócratas más ingenuamente optimistas han tenido que convencerse de que para que un pueblo se gobierne realmente a sí mismo es necesario un mínimum de capacidad y de educación política, alcanzado solamente en un reducido número de países.

Por otro lado, se ha visto no menos claro que, aun en la mayor parte de esos países, la pretendida, democracia no era más que un adorno, un disimulo, tras el cual se ocultaban apenas las tres grandes fuerzas que el historiador Motley llamaba: la fuerza del oro, la. fuerza del hierro y la fuerza del cura.

¿Puede hablarse, por ejemplo, de democracia verdadera en los países católicos, donde millones de creyentes, no sólo en las cuestiones religiosas, sino en las políticas y sociales, son obligados (véase el reciente libro del padre Rutten) a conformarse, con respetuosa sumisión, a las normas de un solo hombre, el soberano pontífice, quien ejerce una dictadura espiritual absoluta desde la cima de la jerarquía más sólida que hay en el mundo?

Por otro lado, ¿qué puede pensarse del valor de las formas democráticas en un país corno Alemania, donde la Reichswehr, can sus fusiles y sus ametralladoras, instituye, según la frase de Lassalle, un trozo de Constitución»?

Y de un modo general, ¿qué es la libertad, qué es la democracia, qué viene a ser la bella fórmula de Lincoln en Gettysburg, «gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo», bajo un régimen al que la encíclica «Quadragesimo anno» llama la «dictadura económica», el poder económico discrecional de un corto número de hombres, detentadores y dueños absolutos del dinero, que disponen de los Gobiernos, reducidos al papel de «esclavos», como de un de un instrumento dócil de todas las pasiones y de todas las ambiciones del interés»?

En verdad, en los países capitalistas, la «democracia política» no es algo sino en la medida en que, por la organización de las fuerzas proletarias, se convierte en «democracia social».

El sufragio universal es una arma inútil mientras que quienes lo poseen no son sino una masa de individuos, inorganizados, esclavizados o analfabetos, entregados sin defensa a todos los medios de que las clases dominantes disponen para engañarlos, sujetarlos y embrutecerlos.

En cuanto a la democracia, no existe, en suma, sino en el estado de llegar a ser, no sólo en los cuerpos electorales, sino ante todo en las instituciones y organizaciones políticas y sociales que se inspiran en su principio. Y aun es preciso que en esas instituciones u organizaciones la democracia no sea simplemente formal.

Una Cooperativa de veinticinco mil miembros, cuya asamblea general reúna trescientos accionistas, la mayor. parte miembros del personal; un Sindicato donde de ordinario se discute en el vacío, salvo cuando es invadido en tiempo de crisis por la multitud de los no asociados; una milicia de defensa obrera que no está presente cuando es atacada una Casa del Pueblo, prueban la forma de las instituciones democráticas, pero no tienen la realidad de ellas.

Ser demócrata hoy no debe querer decir solamente que se está dispuesto a luchar por la defensa del sufragio universal cuando existe, o para conquistarlo cuando no se tiene.

El esfuerzo por la democracia consiste ante todo en profundizarla; en hacer penetrar su principio de vida en todas las formas políticas y sociales; en realizarla, no sólo en el municipio, en la provincia y en el Estado, sino en el taller, en el Sindicato, con la Cooperativa, y, por todos los medios, en la organización social entera.

Eso es lo que simbolizan maravillosamente las tres flechas de plata de la Socialdemocracia alemana, que van camino de dar la vuelta al mundo socialista: Partido, Sindicatos y Milicia de defensa obrera.

El lanzamiento de esas flechas no tiene nada de común con la democracia vulgar ni con lo que Marx llamaba atinadamente el cretinismo parlamentario. Significa la lucha por doquiera, la lucha de clases, en el terreno político y económico, en el Parlamento como en el Sindicato, y en caso de agresión, aun sin hablar de la hipótesis siniestra de la guerra, en la calle.

A la democracia, como a la libertad puede serle aplicada la frase de Goethe: «Sólo son dignos de ella los que luchan diariamente por conquistarla.»

(El Socialista, número 7408, de 3 de noviembre de 1932)


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.