La fobia de las derechas a las actuales Cortes
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
“Las derechas vienen haciendo una violenta campaña contra las actuales Cortes. Ven en ellas un gran peligro. ¿Para quién? Para sus privilegios, sin duda. Y quieren que se disuelvan en cuanto sea aprobada la Constitución. No quieren que aprueben siquiera las leyes complementarias de ella, cosa verdaderamente absurda, porque dejaría el Estado republicano a medio constituir. Los elementos republicanos de España siempre fueron tímidos en sus avances. Carecen de sentido de la realidad. Vencen, y una vez que han vencido se asustan de su propia obra, y, o retroceden, o la dejan a medio realizar.
Las derechas son más videntes. Cuando se ven vencidas se agazapan, fingen sentimientos de acatamiento al nuevo estado de cosas, y en cuanto ven debilitado o simplemente descuidado al adversario, emprenden guerra sin cuartel contra él. Y luchan fiera, salvajemente. Los métodos liberales son respetuosos, humanos, para el adversario; los de la derecha son cruentos, crueles, emponzoñados por el odio sectario y apasionador. Por falta de previsión y de visión política y excesivas rivalidades de los republicanos se perdió la primera República. ¿Incurrirán ahora en aquel mismo error? ¿Se dejarán desorientar por los ladinos requerimientos de las derechas, que les invitan a adoptar un frente único burgués contra el Socialismo? Que lo hagan, si quieren; pero darían con ello, una vez más, prueba evidente de ausencia de sentido político y se dejarían ganar la partida de los enemigos de la libertad y de la democracia.
La causa por que se combate más a las Cortes es la importante influencia que nuestro Partido tiene en ellas. Creen nuestros enemigos que si se convocaran pronto nuevas elecciones disminuiría nuestra representación. Se equivocan. Es peligroso para la causa de España y de la República convocar ahora unas elecciones, no porque triunfasen los monárquicos, sino porque se produciría una honda perturbación en la vida económica v social del país. Pero fuera de esto, nosotros afrontaríamos con extraordinaria satisfacción la lucha, en la seguridad de que íbamos a ganar terreno. Bastaría para lograrlo, además del estado de nuestras organizaciones, más nutridas y más fuertes que antes de la revolución, el levantar públicamente la bandera de lo que falta por hacer para terminar la obra comenzada el 14 de abril. El pueblo español se lanzó a la lucha, no para establecer un mero cambio en la forma de gobierno, sino para establecer unas normas de derecho que permitan desarrollar una labor eficaz en interés de la democracia española. Los ciudadanos aguardan que esta obra la realicen las actuales Cortes; pero si los partidos burgueses la hiciesen imposible, la opinión se llamaría a engaño y se lanzaría a la pelea para empujar los acontecimientos al final deseado.
Y producidos los hechos en estos términos, nosotros no perderíamos nada, aunque lamentaríamos que la pasión, el sectarismo y el espíritu de clase de nuestra burguesía encendiese la hoguera trágica de una revolución violenta que hasta aquí todos hemos hecho lo posible por evitar. Y de los graves daños que la situación producirla en el país serían responsables los partidos burgueses. Nosotros somos hombres serios y cumplimos nuestros compromisos hasta llegar al final. Si los demás no los cumplieran, la opinión sabría imponerles la sanción adecuada.”
(El Socialista, número 7111 de 24 de noviembre de 1931)