El rey de los radicales
- Escrito por Enrique Rodríguez Solís
- Publicado en Déjà Vu
''La situación política y social de nuestra patria aparece cada dia más triste y amenazadora.
Falseada por los mal llamados revolucionarios una revolución tan espontánea como grande; convertido aquel movimiento levantado y glorioso en un pronunciamiento indigno; derrocado un trono que nos deshonraba para sustituirlo con otro que nos aniquila y empobrece; elevados á grandes personajes hombres desconocidos, nulidades políticas y generales de salón; desoidas las quejas populares; colocada la soberanía de un extranjero por cima de la soberania nacional; exhausto el Tesoro; trocadas las elecciones en un pugilato de fuerza; escarnecidas y olvidadas las promesas revolucionarias; sacadas las quintas; impuestas las matrículas de mar; repuestos los consumos; cobradas á tiros las contribuciones; plagados de bandidos los campos, las ciudades y los salones; desoído el clamor popular; trasladados y repuestos por un solo ministro trescientos magistrados; disueltas las diputaciones; encausados loa ayuntamientos; desarmadas las Milicias; amordazada la prensa; negado el derecho de asociación; sin orden, sin moralidad, sin política, sin administración, sin ley, sin libertad y sin derechos, el pueblo español, acosado y escarnecido, amenazado en su porvenir y en su honra, perdida su libertad y muertas sus esperanzas, se apresta á una lucha en mal hora provocada por estos políticos insensatos, verdadera escoria de los partidos, mercaderes de la honra y el porvenir de sus conciudadanos.
¡Y todo por qué! Porque un partido, que por mofa sin duda se atreve á apellidarse radical, se empeñó, contra la voluntad, la conciencia y los deseos del país, en imponernos una monarquía, en elevar el solio que derrocara la indignación popular harto tiempo contenida para sentar en él á un extranjero, rodeándole de los atributos esenciales del veto, de la irresponsabilidad y de la herencia.
Y ese rey, que podríamos llamar el rey de los radicales, arroja de su palacio á los que no dudaron en contrariar la voluntad y la conciencia de sus conciudadanos implantando una nueva monarquía sobre las ruinas de la antigua, partiendo á buscarle en tierra extraña, colmándole de honores y agasajos, y no vacilando, ¡horrible sarcasmo! en hacerle cruzar un camino manchado con la sangre ¡húmeda aun! del desdichado D. Juan Prim.
Y ese rey cambia siete ministerios en un año, y solo uno de estos pertenece á los radicales, que no dudan en pasearle por nuestras provincias, pensando sin duda ¡insensatos! que esa marcha triunfal les habia de asegurar el poder por mucho tiempo.
Imposible parece que, hombres que por políticos se tienen, que estudian el estado del país, sus costumbres, sus gustos, sus aspiraciones y su movimiento social y político, se atrevieran á creer semejante cosa; y aun parece doblemente extraño que los radicales olvidaran así la historia, que consigna en sus elocuentes páginas que trono y democracia es un absurdo, que libertad y rey son imposibles, y que habiendo de escoger el soberano entre el elemento popular y el partido conservador, optaría siempre por este, que todo se lo asegura, mientras que el otro todo se lo niega; por los conservadores, que á su sombra viven y medran, y que se adhieren al trono como la hiedra al muro, en contra de los populares, que con sus progresos, sus ideas y aspiraciones tienden á recortar sus mentidos y absurdos derechos para ensanchar sus libertades y llegar al puerto salvador en-que se asientan la justicia, la libertad y el derecho.
¡Radicales! Quisisteis hacer la prueba, y la prueba os condena, y os condena á negación perpetua y á ostracismo eterno, si pronto, muy pronto, siguiendo la eterna ley del progreso, no os unís á nosotros para derrocar al enemigo común en la próxima y ya inevitable lucha. Mirad la situación del país, cada vez más negra y amenazadora, preñada do peligros, cuajada de precipicios, oscura y lóbrega como la tiranía: mirad al idolo que habéis elevado, y pensad que nunca lograreis lo que vosotros esperabais, porque es imposible unir el rey y el pueblo, la noche y el dia, la luz y las tinieblas, la libertad y la tiranía, el derecho y la fuerza; y pensad, por último, que vuestra suerte está echada, que vuestra misión ha terminado, que el ídolo os rechaza y os desprecia, y que no volvereis á ser poder jamás, JAMÁS, JAMAS.
La historia tiene sus leyes inmutables, como sus verdades la filosofía, como sus horas el tiempo, como su luz los astros; y, escuchadlo bien: en el tiempo ni en la historia de hoy caben los soberanos absolutos por tiranos, ni los reyes demócratas por absurdos é inmorales; los primeros terminaron su misión, y los segundos, menos lógicos y menos razonables, han caido rechazados por la conciencia pública, sin haber podido realizar su extraña misión, para ser sustituidos por la Republica; y es que la amalgamado elementos opuestos que entraban en la composición de la monarquía-democrática la han asfixiado y muerto; la majestad, no pudiendo sufrir á la democracia, trató de ahogarla entre sus brazos de hierro; pero la democracia, que odiaba á la monarquía, salió Victoriosa de la sangrienta lucha, derrocando al trono y elevando sobre sus negros atributos la enseña salvadora y justa de libertad, igualdad y fraternidad.
Radicales, vuestra misión ha concluido; la monarquía os rechaza y os desprecia; la unión del trono y de la libertad, que era vuestro ideal, es un absurdo, y como tal imposible de realizar; abandonad á los que os aborrecen y calumnian; cread el vacío á su alrededor; mostrad que aun podéis servir con gloria á vuestro país; practicad sinceramente la ley del progreso; sed lógicos con vuestros principios; seguid adelante y siempre adelante, y puesto que vuestro ideal ha sido siempre, y asi lo habéis proclamado en solemnísimos instantes, la soberania nacional, pensad que no existe ni puede existir nada en contra de esa soberania que hoy proclama como su única y espontánea voluntad el inmediato planteamiento de la República democrática federal.
La Ilustración Republicana Federal, número de 23 de febrero de 1872.
(Enrique Rodríguez Solís (1844-1925) fue un escritor, periodista, historiador y político republicano federal. Como historiador se dedicó al estudio de la mujer y del Teatro Español. Fue muy activo en la prensa, especialmente en La Ilustración Republicana Federal, con el pseudónimo de Lisso)