Educación primaria y secundaria
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
Nuestro compañero Fernando de Los Ríos leyó ayer en la Cámara un proyeoto de ley con las bases de la primera y segunda enseñanza. Desde el primer momento, en torno a la tribuna de secretarios se agruparon muchísimos diputados que seguían con vivísimo interés la lectura del proyecto de ley. Nuestro compañero ponía vivísimos acentos de emoción en sus palabras.
Nunca tan justificada como ayer esa emoción. El ministro de Instrucción pública entregaba a la Cámara su obra, tras meditado estudio. Eran sus reflexiones de muchos años que, al fin, lograba plasmar en un proyecto de ley.
En las bases de ese proyecto, conservando siempre el carácter propio de unas bases, se proyecta en unidad todo el panorama de la primera y de la segunda enseñanza. Al mismo tiempo que se trazan las perspectivas, contenido y dimensiones de los problemas peculiares de cada grado, Se establece el enlace entre La primera y la segunda enseñanza, terminando de una vez con la actual solución de continuidad. Se va a cumplir el precepto constitucional que señala la obligación de construir todo el edificio de la enseñanza, siguiendo el sistema de la escuela unificada.
Todo lo que puede ser objeto de preocupación en orden a la escuela, el maestro y el niño está recogido en las bases de la primera enseñanza. Desde la clasificación de las escuelas hasta das jubilaciones del Magisterio. Aunque no pretendemos analizar hoy aquí dichas bases--tiempo habrá de dedicarles amplias reflexiones—, no queremos dejar de subrayar una innovación, de las más importantes a juicio nuestro. Es la contenida en la base novena, que establece el «certificado de estudios primarios». Ese certificado que marca el fin de la vida escolar, aparte otras significaciones, va a posibilitar el acceso de dos hijos del proletariado a los Institutos de Segunda enseñanza. Porque quien adquiera dicho certificado, si no continúa estudios, habrá terminado el cielo de la escuela primaria; pero si advierte capacidad y vocación para proseguir estudiando y quiere ingresar en el Instituto, no necesitará comenzar desde el primer curso, sino que ingresará directamente en el tercero. Prácticamente habrá decretado la República la gratuidad de dos dos primeros cursos del Bachillerato. ¡ Magnífico avance!
Las bases de la segunda enseñanza plantean igualmente con toda amplitud los problemas de este grado, tan lleno de posibilidades. (…) . Nada de pluralidad de bachilleratos. Uno solo y común en SUS cinco primeros años. Bifurcado en los dos últimos, acentuándose el matiz literario y el matiz científico. Pero siempre, fuertemente acusada, su integración orgánica. Y sobre todo, profundamente transformado su carácter sustantivo. El bachillerato informativo de ayer debe desaparecer para dejar paso al bachillerato formativo que desea todo espíritu cultivado.
La jornada de ayer quedará profundamente grabada en los anales de la vida del Gobierno. Ha sido una gran jornada para la República. Y espléndida para nuestro compañero Fernando de los Ríos y para nuestro Partido.”
(Fuente: El Socialista, número 7440 de 10 de diciembre de 1932).