Fieles al programa
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
Cuando se habla de que se cumple o no el programa, y de los apoyos que se reciben:
“Es curioso lo que sucede con el Partido Socialista cuando le juzgan los adversarios políticos. Unas veces se le considera como un elemento perturbador, de desorden, demoledor de todos los fundamentos sociales, y otras es un organismo que ha perdido su contenido revolucionario y al cual las masas empiezan a volver la espalda para sumarse a otros sectores de más avanzada ideología.
Decimos esto a propósito del comentario que a «El Debate» le sugiere la reunión celebrada en la Casa del Pueblo por un grupo de funcionarios públicos, reunión en la cual se abogó porque se conceda a aquéllos libertad de asociación profesional.
El hecho de que hayan podido reunirse en la Casa del Pueblo elementos que no proceden del taller, sino de la oficina, le hace suponer a «El. Debate» que el Socialismo español está perdiendo su cualidad de obrerista porque aspira a incorporar a sus filas a los ciudadanos pertenecientes a las llamadas clases medias. Y dice que eso es apartarse de las doctrinas de Marx y de los métodos de la lucha de clases. La consecuencia que de esa premisa deduce es que el Socialismo evoluciona hacia un intervencionismo moderado, que da lugar al mismo tiempo a que se aparten de aquél los obreros, «que van a nutrir las filas de las organizaciones verdaderamente revolucionarias».
Nada hay más lejos de la realidad que cuanto asevera el diario católico. Si repasara el Programa de nuestro Partido vería que éste no reconoce más que dos clases sociales y antagónicas: una, la burguesía, poseedora de los instrumentos de trabajo, clase dominante; otra, el proletariado, que no posee más que su fuerza vital, clase dominada, y que su finalidad es la abolición de todas las clases sociales para convertirlas en una sola de trabajadores, dueños del fruto de su esfuerzo.
Si los Partidos Socialistas--no el nuestro, sino todos—se limitaban casi exclusivamente en los comienzos de la propaganda a procurar atraerse a los obreros del taller y de la fábrica, era porque esta fracción del proletariado, como más numerosa y más explotada, era la más necesitada de organizarse políticamente como partido de clase; pero eso no excluía que pudiera llevar su propaganda a otras clases, tan proletarias como la de los trabajadores Manuales, entre los cuales se hallan las de los funcionarios de oficinas y despachos.
No hemos de negar que entre esta clase social dominaban hasta hace algún tiempo ciertos prejuicios. acerca de una supuesta superioridad social sobre los trabajadores manuales; pero la realidad de la vida ha ido disipando poco a poco tales fantasías, y hoy un oficinista se siente tan explotado en su escritorio como el obrero en el taller.
Por consiguiente, la afluencia de individuos de la clase media a nuestro Partido—médicos„ abogados, maestros, etc.--no desfigura la fisonomía del Socialismo quitándole su carácter de obrerista; antes al contrario, la amplía y robustece con la anexión de nuevos elementos sociales.
En cuanto al apartamiento de nuestro lado de las masas obreras, parad ir a engrosar organismos verdaderamente revolucionarios, también es cosa que desmienten los hechos.
Nunca han venido a nuestro campo en número tan considerable las adhesiones de colectividades y de individuos. La Unión General de trabajadores está registrando a centenares las altas dé Sociedades, integradas por millares de obreros, cuya relación circunstanciada pueden ver los lectores de EL SOCIALISTA en las reseñas de las reuniones de la Ejecutiva de la Unión; y en cuanto al Partido, son millares también las altas de camaradas que está recibiendo.
¿Dónde está el retroceso de nuestras organizaciones?
Ante la firmeza de ellas, esas otras que «El Debate» tilda de verdaderamente revolucionarias no representan más que movimientos espasmódicos de la parte más inconsciente y misera de la clase trabajadora, excitada por elementos de turbia ideología, cuando no de perversas intenciones.”
(Fuente: El Socialista, número 7026, de 16 de agosto de 1931).