Las reformas sociales
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
Entre los varios motivos de desconfianza que las clases conservadoras sienten hacia la República figura en primera línea el temor que les infunden las reformas que en materia social pueda establecer desde su departamento el ministro socialista de Trabajo.
La burguesía llega en todas partes a admitir sin gran hostilidad toda suerte de innovaciones en el terreno político y religioso. El laicismo del Estado, la extensión de los derechos civiles a la mujer, el divorcio, el Jurado, todo acaba por admitirlo, pues al fin y al cabo son reformas de orden inmaterial que no afectan al régimen de propiedad y explotación de hombres y cosas. Pero su actitud varía en cuanto se llega al terreno de los intereses materiales. Entonces se pone en guardia, desconfía y ve en toda reforma o innovación de carácter social un ataque contra los privilegios del capital.
En ese temor se funda indudablemente la hostilidad que manifiestan nuestras clases conservadoras hada los representantes del Partido Socialista en el Gobierno republicano. Ven en ellos, y singularmente en el ministro de Trabajo, luna amenaza constante para sus intereses de clase y suponen que la continuación de este último les va a acarrear la ruina o poco menos.
En el ministro socialista de Trabajo ven un enemigo declarado de la propiedad y de los propietarios, y ¡levados de tan injustificado recelo le atribuyen unos propósitos demoledores que seguramente no han pasado ni pasarán por la mente del camarada Largo Caballero.
Si el temor no cegara a las derechas conservadoras, podrían ver que desde el establecimiento de la República, tanto los ministros socialistas como la minoría parlamentaria han extremado la tolerancia en la discusión de las reformas de toda índole llevadas a la Constitución y a las leyes sociales. No existe, por tanto, motivo alguno para mirar al ministro socialista de Trabajo como a un coco, empeñado en asustar a la burguesía. Evidentemente, la presencia de socialistas en el Gobierno de la República obedece al propósito de que ésta acometa la implantación de reformas beneficiosas para la clase trabajadora, bien necesitada de ellas, y que por otro lado tampoco niegan las clases patronales que no hagan falta. Pero si los trabajadores no hubieran cooperado al advenimiento de la República para mejorar su condición en todos los aspectos, ¿qué interés podían tener entonces en el cambio de régimen?
Nosotros no pretendemos matar la gallina de los huevos de oro. No vamos a ser tan insensatos que preparemos la ruina de la producción, que acarrearía lógicamente el hambre de los trabajadores. Si aspiramos a que éstos alcancen un nivel de vida decoroso, que les permita atender a las más imperiosas necesidades que entraña el sostenimiento de la familia y que hoy no les es dado en muchísimos casos obtener.
Sin una economía próspera no puede vivir bien el proletariado en ninguna parte. Nuestro ideal es llegar a la abolición de la propiedad privada de los elementos de producción; pero por ahora no podemos olvidar que estamos en régimen capitalista y hemos de limitarnos a ir ordenando paulatinamente los privilegios de la burguesa y preparando así el advenimiento de un régimen nuevo que se está imponiendo en todo el mundo.
(Fuente: El Socialista del 20 de diciembre de 1931).