Socialización de la medicina
- Escrito por M. Ortega
- Publicado en Déjà Vu
Tiempos de sanidad pública, tiempos de defensa de esta sanidad en medio de pandemias y después de tantos recortes padecidos por la anterior crisis…
“La clase médica, como todas las clases profesionales y como todo el mundo en conjunto, sufre actualmente la crisis natural que corresponde los tiempos que vivimos. El derrumbamiento del capitalismo, acelerado a partir de la guerra europea, se deja sentir en todas las esferas, y, por lo tanto, la clase médica no podía escapar a esta crisis general del régimen burgués reinante. Inmediatamente que empieza el malestar en una clase profesional, dirige uno su atención, o bien a que hay exceso de profesionales, o bien a que los servicios están mal retribuidos.
En mi concepto, y sin que yo quiera negar la abundancia de galenos, como tampoco asegurar que todos los servicios están bien retribuidos, la causa de la crisis actual no radica en ninguna de las dos cosas.
Esta manera de explicarse las cosas va muy bien para un régimen burgués, en el que todo se traduce en pesetas y todas las maniobras se orientan en el sentido de saciar egoísmos y ambiciones desmedidas.
Pero desde el punto de vista social, la causa de la crisis en Medicina, como la causa de la crisis en general, es la misma, o sea que los médicos se quejan y forman su Sindicato, no porque sean muchos ni porque están mal pagados, sino porque dentro de la misma clase existen «grandes diferencias», que son tan injustas y tan inmorales como lo son en el resto de la sociedad.
Por eso digo yo que los médicos, al sindicarse para defender la clase, lo primero no debe ser limitar el número de médicos, ni el pedir aumento de remuneración, sino más bien combatir esas diferencias tan grandes.
Es decir, es cuestión de que los cargos estén bien repartidos v que a aquellos que tengan más servicios de los que justamente puedan atender, se les obligue a ceder el sobrante a los que no tienen ninguno.
Es que dentro de la clase médica hay una burguesía, formada en gran parte por favoritismos y herencias, que obstaculiza a su paso a otra parte de médicos proletarios, que, con honradez y buena voluntad, no llegan nunca a ciertos puestos previamente ocupados entre padres, hijos y parientes.
Es que dentro de la clase médica, como dentro de todas las demás sociales que viven un régimen burgués, hay unas ambiciones nunca saciadas. Y aun cuando un médico posea ya un cargo suficiente para poder vivir decorosamente, busca y acepta otros, que, aunque no pueda cumplirlos: en cobrándolos bien está.
Dentro de la clase médica hay profesionales acostumbrados a un ambiente de comodidad y de abundancia que no conciben la carrera más que a lo grande.
Estos individuos médicos necesitan, para el tren de vida que llevan, muchos cargos remunerados «para ellos», aunque esto sea perjudicial para el resto de la clase.
Por esto, el Sindicato médico que comienza ahora, lo primero que debe intentar es establecer alguna más Igualdad entre los médicos.
Antes que disponerse a querer mandar en el bolsillo de los clientes, antes que querer aumentar las cargas al Estado, antes que crear nuevos servidos para satisfacer ambiciones desmedidas, el Sindicato médico debe organizar, repartir, distribuir más equitativamente los servicios.
Los médicos tendremos que adaptarnos a los tiempos y no los tiempos a los médicos.
Cuando se vive una época de socialización mundial, cuando el trabajo se tiene necesariamente que imponer al capital, puesto que éste no es más que un producto de aquel, y «sin trabajo no existe el capital», cuando se hace una Constitución socializante, no hay más remedio que modificar la organización de la medicina y equitativamente trabajar y vivir.
Además, España. corno nación integrante de la Conferencia Internacional del Trabajo. tiene que cumplir el acuerdo de la Conferencia celebrada en Ginebra el año 1927.
Por lo tanto, tendrá que implantar el seguro de enfermedad, como lo tiene ya implantado Alemania con sus 22 millones de asegurados; como lo tiene Inglaterra, con sus 15 millones, y Rusia, con ocho millones, y Checoslovaquia con dos millones; Japón, etcétera.
Naturalmente que a nadie se le escapa las dificultades tan enormes que supone socializar una profesión tan personalista y tan llena de facetas v variantes. Pero si no puede llegarse a una cosa perfecta, al menos tendremos que intentar una aproximación.
Lo que no debe ni puede en 1931 es seguir España fuera del acuerdo internacional, y poco más o menos con la misma orientación que tenía hace treinta años.
Por otra parte, es misión de la medicina enfocar sus miras hacia la evitación de las enfermedades, con lo cual el trabajo tiene que disminuir necesariamente. Y al ser así, los médicos, lejos de estar pagados por sus servicios, deberán estarlo por la guardia que hagan de la salud. Como ocurre con los bomberos, que pueden estar mucho tiempo sin hacer nada; pero, en cambio, en un momento, ¿quién es capaz de apreciar el valor de su actuación? Y mejor todavía (porque esto sería lo ideal) es que nunca hicieran falta ni uno ni otro.
Esto quiere decir que nadie debe carecer de asistencia médica, con un régimen que blasone de republicano o democrático Y de socialista.
O, en otros términos, que ante la salud todos debemos ser iguales.
El Sindicato médico, pues, es necesario que en líneas generales organice a la clase, limando diferencias entre ella misma, que ampare y defienda sobre todo a la juventud médica contra esa guerra que supone la lucha frente a lo tradicional y lo de antemano acomodado.
Que haga desaparecer esa burguesía médica, hija la mayor parte de las veces, como la otra burguesía, de la falsedad y de la mentira, para establecer un cuerpo médico sin diferencias, sin egoísmos y sin favoritismos; pero dispuestos a trabajar por la salud de la Humanidad, en lugar de que tenga que anhelar la abundancia de enfermos para poder vivir en este régimen de capitalismo y de odio.
El Sindicato médico español debe ser la garantía, y a ello debemos contribuir todos, de que nuestra patria alcance un nivel sanitario tan alto como la primera nación europea. Y, a su vez deberá evitar que en España ocurran hechos tan lamentables como los que ocurrieron cuando el movimiento sindical de médicos franceses, ante el proyecto de socialización aceptado en el pasado año en la nación vecina.
No debemos llegar ante una realidad acordada internacionalmente a una huelga, como la que ocurrió en Inglaterra cuando gobernaba Henry George.
Y menos debernos dar lugar a un pleito como el planteado entre los médicos sindicados de Alsacia-Lorena.
Con el seguro de enfermedad, habrá que comportarse como se han comportado en el resto de Europa y en América, o sea implantándolo como se ha implantado ya el seguro de Maternidad.
Lo que sí debe hacer el Sindicato médico español es estudiar muy bien cómo está organizado el seguro en las demás naciones, para escoger de cada parte lo mejor, y que el ensayo hecho antes en otros sitios nos sirva de base y antecedente para el que establezcamos aquí.
(Fuente: El Socialista, número 7130 de 15 de diciembre de 1931).