Una enseñanza de la historia para la paz
- Escrito por El Socialista
- Publicado en Déjà Vu
En estos tiempos de intensísima polémica educativa, junto con este auge de sentimientos nacionalistas y “patrióticos” sobre el pasado, nos sumergimos en 1933 para reflexionar sobre qué enseñamos a nuestros alumnos y alumnas, en relación con la Historia.
“No entendemos bien qué es eso de modificar la enseñanza de la Historia, dicho con un criterio derechista. Para matar el heroísmo, añade. Y nosotros pensamos que no «matar el heroísmo» que es una frase hueca, pero sí dar al heroísmo y a la Historia una interpretación acorde con la paz, es cosa muy puesta en su lugar. No modificar la enseñanza de la Historia: derivar la verdadera enseñanza de la Historia, tal es la cuestión. Derivarla en un sentido de paz y orientarla hacia la solidaridad humana. No tienen por qué alarmarse ni por qué chancearse tampoco los señores de la derecha. De todos los hechos pueden sacarse enseñanzas contradictorias, y todo consiste en elegir la más acordé con nuestro sentimiento.
Hasta no hace mucho la Historia ha sido poco más que un zurcido de biografías, de héroes o de enredos. Asueto, le guerra y la miseria familiar de reyes o caudillos. En la de España suelen llenar más páginas las hazañas tic; Aníbal o las liviandades de doña Urraca que las raíces parlamentarias de las Cortes, el sentido democrático de los jueces de Castilla o la inadaptación feliz al trono de Alfonso el Sabio. ¿Qué chico ignora «el triunfo del Avemaría en el Salado»? Pero, ¿a cuál se le ha explicado la canallada histórica de los absolutistas ultracatólicos trayendo a España cien mil soldados extranjeros para reponer el absolutismo? El heroísmo no siempre es recomendable, ni mucho menos. Se nos ha dicho, por ejemplo, que el apogeo del poder español lo marca Carlos V con sus triunfos guerreros, pero se nos ha ocultado fraudulentamente que, a consecuencia de aquella gloria, la nación vino a caer en miseria espantosa. En los dominios de la Casa de Austria no se ponía el Sol, pero para el rey de dos mundos hubo, por las iglesias y por las casas de España, que ir recortando y mendigando plata con que acuñar moneda. Pidiendo limosna, claramente.
Ha sido el sentido partidista de la Historia quien nos ha creado del Estado y la nación un sentimiento equivocado. El heroísmo es una exaltación individualista: detrás del héroe la Humanidad se borra o nubla o se imprecisa como el fondo oscuro de un cuadro. Importa la gloria del héroe y no nos cuidamos del dolor de la Humanidad, porque el caudillo lleno de gloria necesita el ejército o la muchedumbre que le sigue, le apoya, lo eleva sobre el pavés. Y hacemos un trato de favor para él y otro de indiferencia para el montón de los hombres vulgares que es preciso que luchen, se sacrifiquen, mueran para que el héroe llegue al pináculo. Esto es, sencilla mente, una inmoralidad de la enseñanza y un crimen contra la Humanidad. Las virtudes que se cimentan en la guerra tienen un valor contraproducente, seduciendo los hombres, justificándoles la lucha, divinizándoles la muerte, mandándolos a la batalla. La patria misma, la Humanidad después, necesitan a sus hijos en paz, en la labor, en el trabajo. Y es una hipocresía más, una atroz mentira o una pertinaz equivocación dar la guerra por fatal y necesaria como una crisis natural de los pueblos que tienden a enriquecer sus medios de vida ensanchando fronteras... ¿A costa del vecino? Semejante inmoralidad de la expansión aún era disculpable cuando el conocimiento exacto del mapamundi no se incluía en la enseñanza elemental. Hoy no se puede decir eso; hoy no se puede exhibir esa moral, tan ilícita, al menos, como la del pistolero atracador que también se expansiona y se enriquece a costa del primer transeúnte que se le pone a tiro. La diferencia está en que del atracador todos abominamos, y del sentido guerrero y el cultivo del instinto criminal de los pueblos unos nos avergonzamos y otros no; unos queremos despojar la historia de su «filtro» pernicioso y a otros les place todavía educar la juventud en el ejemplo de los piratas de la Historia. El pirata es un superproducto del individualismo. Por algo somos socialistas: nos interesa la democracia, la tropa, «la carne de cañón»: jamás transijiremos con quien apunte instintos de capitán general.
Ya en la pintoresca pedagogía que concibió la dictadura de Primo de Rivera se habló con toda claridad del derecho de falsear la Historia siempre que fuera en un sentido de exaltación patriótica; en el deber del profesorado de ocultar lo deprimente y desfavorable para los sentimientos nacionalistas. Y se editaron e hicieron obligatorios textos y cuestionarios tendenciosos hacia la gloria del duque de: alba, la reivindicación de la Inquisición y la indiscutibilidad de la Compañía de Jesús. Se siguió abominando de don Opas, que abrió España a los musulmanes; pero se omitía que los Borbones se la abrieron primero a Napoleón y luego al duque de Angulema.
Y desde el ángulo derechista no parecía mal esa modificación de la enseñanza de la Historia. Nosotros no tenemos que modificar mucho: con poner «las enseñanzas de la Historia», honradamente, a los ojos del pueblo, basta para que la muchedumbre amónima, que es, repetimos, lo solo interesante y además el verdadero y único héroe, abomine de la gran mayoría de los figurones gloriosos.”
(Fuente: El Socialista, número 7548, de 15 de abril de 1933)