El problema económico
- Escrito por El Socialista
- Publicado en Déjà Vu
“Los asuntos de la cosa pública marchan bien a propósito para inspirar los más ecuánimes optimismos. La República comienza ya a producir la sensación de ser un organismo ajustado y articulado con øa sólida trabazón necesaria para realizar sus funciones con la potencialidad de liberalismo y democracia que le debe ser característica.
Dentro de unos días ato más los españoles dispondremos de una Constitución que, amigue demasiado florida en tecnicismos y en prejuicios científicos, da al país margen suficiente para que, orientado por una política de realizaciones sociales, se desenvuelva a tono con las nuevas concepciones que transforman al mundo.
Como quería y expresaba el camarada Julián Besteiro, se va a dar cima a una Constitución no perfecta, sino perfectible, en el sentido que posibilita a nuestros ideales el grado de eficiencia que podamos darles. No es mucho lo que se ha conseguido con la revolución española, y lo será menos todavía sí en las leyes adjetivas que van a elaborar las Constituyentes no se interpreta con toda fidelidad el espíritu del país. Pero se ha conseguido un adelanto -considerable, de enorme trascendencia, al derrocar de la nación el sentido de ineficacia que le imprimía la monarquía y que ahora queda rectificado en absoluto por un sentido antípoda de fecundidad y civismo.
También dentro de poco tendremos presidente, lo que será escalar la cima de la definitiva estabilidad republicana, y por esto suponemos que habrá llegado la hora de que el Gobierno afronte problemas de importancia máxima que justificadamente han sido desplazados de su atención por el curso imperativo y devorante de la política.
El problema económico ha sido hasta hoy preterido por la marcha arrolladora de los acontecimientos, pero ya es hará de que el Gobierno y el país se paren en él hasta resolverlo. El proyecto de reforma de la ley de Ordenación bancaria, presentado hace ya tiempo a las Cortes por el camarada Indalecio Prieto, revela indudablemente que nos hallamos en los inicios de una franca política económica, en la que hay que perseverar a todo trance.
Con motivo de este proyecto de ley nos cabe señalar que la psicología de las multitudes del país se ha restituido al grado inconmovible de ponderación y de consciencia de que le quisieron desviar inútilmente la prensa contrabandista. Las infames campañas contra Indalecio Prieto y la expulsión de aventureros realizada por las Cortes han puesto al desnudo las actuaciones de un contrabandismo acostumbrado a la impune extravasación de toda ley y moral y de coexistencia imposible con el nuevo régimen. Para extirpar estos bajos fondos pedimos energía sin sensiblerías femeniles. Hay que llevar a la barra a todos los culpables, públicamente, para restaurar en su integridad el-concepto de pureza política que debe regir a la República española.
Consideramos de orden primordial, el que el planteamiento de una política económica se inicie bajo los felices auspicios de una recta labor depuradora. Será ésta una premisa rectora de gran fuerza moral.
Muy amplia la envergadura del problema económico viviente, sobre el que nos proponemos insistir en días sucesivos, hoy consignaremos nuestra conformidad con los planes que a este respecto tiene el Gobierno.
Se impone por razón de justicia penetrar a rajatabla en los seculares privilegios del Banco de España. La dificultad de los momentos exigen la aportación de todos y sería inicuo sustraer de ella a la entidad emisora, la más obligada a darla. La restauración de la confianza pública debe ser consecuencia natural de la estabilidad constitucional a que pronto llegará la República, y si no es así el Gobierno debe procurarla sin contemplaciones. Y a la nivelación real del presupuesto hay que llegar con el mismo espíritu de decisión sin dar oídos a los gritos del covachuelismo.
A este tono fundamental responde la actitud del Gobierno ante el problema, y con ella, si no en grado absoluto y definitivo, se pueden despejar ampliamente. te los horizontes del país.”
(Fuente: El Socialista, 10 de noviembre de 1931).