EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

De H.G. Wells ...


(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

Desde su mismo origen, la ciencia ficción (la buena) ha sido campo propicio para explorar los conflictos éticos y políticos de cada época, muchas veces proyectados al futuro y en general en tono muy poco halagüeño, como ocurre en el subgénero de las distopías. Basta pensar en obras como ‘Farenheit 451’, o de cómo el deterioro de la cultura es puerta abierta a regímenes autoritarios. En el momento de su publicación, 1953, estaba aún muy cerca la reedición de esa cíclica estampa de la quema pública de libros, interpretada entonces por los nazis.

Este género -la ciencia ficción, en global- viene a representar la sucesión en clave tecnológica de la fantasía mitológica desarrollada por el Mundo Antiguo, que a su vez fabula a sobre los problemas y situaciones cotidianas de aquellos tiempos, no tan diferentes a los nuestros. Su pervivencia nos habla de la universalidad de sus ideas, que al cabo son sus preguntas. Si aceptamos como primera obra de la literatura de ciencia ficción al ‘Frankenstein’ de Mary Shelley, también llamado “el moderno Prometeo”, nos damos cuenta de hasta qué punto este planteamiento se aproxima a la verdad.

‘Frankenstein’ es una obra fundacional de este tipo de fábulas, pero también lo son, y de un modo más contemporáneo y “científico” -aunque también más imaginativo que la obra del otro pionero, Verne- la serie de novelas que un joven H.G. Wells escribiría décadas después, una vez que el romanticismo dio pie a la época victoriana. Las historias de ‘La máquina del tiempo’, ‘La Guerra de los Mundos’, ‘La isla del doctor Moreau’ y ‘El hombre invisible’ constituyen por sí solas el cuerpo de una nueva mitología. Escritas en el último lustro del siglo XIX, en sus páginas se recogen temas como la lucha de clases (la división de la raza humana en idiotizados ociosos, los ‘Eloi” y embrutecidos proletarios, los ‘morlocks’), o también la responsabilidad ética del progreso, anticipando, de paso, la ingeniería genética, como así sucede en los monstruosos dominios del doctor Moreau. Sobre la psicosis colectiva descrita en “La Guerra de los Mundos”, otro Wells genial -con una “e” añadida, Welles- vendría a constatar la eficacia del relato al volcarla a un nuevo medio de comunicación, la radio.

El carácter progresista del escritor, un librepensador avanzado a su tiempo, se extendería de su literatura también a su vida privada, enfrentando los prejuicios morales y la hipocresía de su tiempo al decidir vivir su matrimonio como una relación abierta. Tachado de inmoral y mujeriego, su pensamiento político también fue fuente de polémica, no sólo por declararse ateo, socialista y darwinista, sino por la ambigüedad de defender los derechos de los marginados, y al mismo tiempo abrazar en su momento los más radicales postulados eugenésicos. Sea como fuera, de sus intenciones habla el que acabara considerándosele, por sus inquietudes sociales, “el nuevo Dickens”.

Si el discurso y el modo de vida de Wells mereció no pocos reproches, en cambio la aceptación popular de sus libros de ciencia ficción fue inmediata, transversal y sostenida en el tiempo; pero el autor no se quedó en fantasear tampoco aquí, y pronto traduciría en ensayos (‘El salvamento de la civilización’) su preocupación por los derroteros que tomaba el mundo en los albores del nuevo siglo. Horrorizado por la Gran Guerra supo ver el advenimiento de la segunda y volcó su clarividencia en imaginar una sociedad futura disociada entre los conceptos de libertad y seguridad, con el progreso tecnológico como engañosa panacea. Ese es, en último término, el dilema del guión que escribió para la película ”La vida futura” (William Cameron Menzies, 1936)

(...) A ‘EL HOMBRE INVISIBLE’, DE LEIGH WHANNELL

El Hombre Invisible 559243209 Large
El Hombre Invisible 654935945 Large

Los iconos de la “mitología moderna” de H.G. Wells han merecido sucesivas adaptaciones cinematográficas, cada cual hija de sus posibilidades visuales, pero sobre todo del matiz que cada época da a los dilemas éticos que sugieren. Así, la más fiel adaptación de la obra, la homónima de 1933, dirigida por James Whale, queda perfectamente reflejada la angustia y progresiva alienación que provoca en el protagonista sentirse distinto y aislado de la sociedad. El invento de la invisibilidad que en principio podría pensarse como una ventaja convierte a su poseedor en un proscrito.

Casi un siglo después se presenta la película de Leigh Whannell, que recupera el mito para crear una metáfora con el eje cambiado, completamente distinta, por tanto, pero que vuelve a poner de manifiesto la idoneidad y flexibilidad de la ciencia ficción para convertirse en metáfora de todo tipo de vivencias muy próximas y reconocibles. Puestos a buscar otro ejemplo de este tipo de variaciones, se me ocurre el de ‘La mosca’, de Cronenberg (1986), que más que un remake es una reinvención de la película homónima de Kurt Neumann (1958) En esta, la transformación del protagonista sugiere el extrañamiento progresivo de una mujer hacia su marido en una relación que se viene abajo de manera traumática, con la sugerencia de una infidelidad por medio; la del director canadiense, en cambio, describe fase por fase la experiencia de una terrible enfermedad terminal - la del padre de Cronenberg, según confiesa él mismo- hasta su desenlace. Ahí aparecen descritas, con la libertad y expresividad que permite el género, los periodos de negación, euforia, ira... junto a un deterioro físico y moral que puede llegar a convertir a la persona querida en alguien irreconocible.

Volviendo a la película y mito que nos ocupa -‘El hombre invisible’-, si en su primera versión el protagonista es, efectivamente, el científico que enloquece en su aislamiento (meritoria dirección que hace palpable la soledad de un ‘invisible’ Claude Rains), en la de 2020, el personaje de Elisabeth Moss lleva el peso de la trama; y esa trama tiene que ver con un tema tan doloroso y tan de actualidad -o deberíamos decir, urgente- como la llamada “violencia doméstica”; el maltrato en el ámbito de una relación, y de un hombre hacia una mujer, en concreto.

Desde la primera escena, el director acierta a pintar el miedo de la protagonista, Cecilia, gracias al tenso retrato que hace de los espacios, a los que dota de una cualidad opresiva y enervante, y de la interpretación extraordinaria de esa superdotada llamada Elisabeth Moss, bregada en el rol de mujer oprimida que lucha por liberarse de un régimen patriarcal. Su trabajo en esa otra obra de ciencia ficción, la distopía ‘El cuento de la criada’, es ya un hito en su carrera, y lejos de sentirse encasillada, la actriz proclama su orgullo por abanderar la causa feminista en la pantalla.

Ahora, en ‘El hombre invisible’ la actriz encara un reto mucho más próximo al espectador, más íntimo y expuesto, si cabe: a partir del momento en que la angustiada Cecilia sale de la cama de su marido dispuesta a abandonarle, por el rostro que le presta Moss vamos a ver pasar el durísimo proceso de recuperación de una mujer maltratada hasta el extremo.

La metáfora es clara: él ya no está en su vida, pero sí ese miedo, tan invisible como físico, y la necesidad de recuperar la fuerza y la autoestima necesaria para expulsar definitivamente la presencia del acosador. De la inmovilidad que sobreviene después de dar el gran paso a una primera y aparente liberación, junto a las primeras y sutiles interferencias del “invisible” en el entorno laboral y afectivo que la protagonista intenta empezar a reconquistar... todo el proceso sucede en dos planos narrativos paralelos pero una sola lectura, real como la psicología misma de la víctima.

En un punto de inflexión de la película, la subida de la protagonista al altillo para buscar y enfrentarse al invisible es también una exploración interior de sus propias fuerzas con respecto a aquel que continúa cercándole. Inmediatamente después consigue “visibilizar” el perímetro del problema, su siniestra silueta, pero la persecución no ha terminado porque el manipulador se ha encargado de dejar su huella y tratará de usar su ascendencia sobre la víctima hasta el final, a través del chantaje emocional con el que en último término pretende presentarse a sí mismo a su vez como una víctima. No debería ser spoiler las razones del acoso, verbalizadas en la película: “Te necesita porque tú no le necesitas a él” Es la lógica de un narcisista ‘de libro’.

La película no sólo pone el foco en la lucha de Cecilia por superar el influjo de su maltratador, sino que también explora la actitud de las personas que en principio tratan de ayudarla, midiendo su fortaleza, y en ello arrastra al espectador, que en un giro de guión puede llegar a dudar del relato de la víctima. Es una llamada de atención diseñada con ingenio, e insertada justo en un momento en el que la película podría haber caído en lo inverosímil. Pero el director, Leigh Whannell, consigue convertir lo más forzado del film en una metáfora del escepticismo. O al menos, así se lo ha parecido al que esto escribe.

No en vano Whannell ha sido guionista antes de ponerse detrás de la cámara, y lo ha sido además de películas de suspense y terror tan hábiles como la primera entrega de ‘Saw’ (2004) -en la que también le reconocemos como co protagonista- o la serie ‘Insidious’ Un camino de aprendizaje que cristalizó en la sólida ‘Upgrade’ (2018), en la que ya hace triplete en la producción, el guión y la dirección. Con ‘El hombre invisible’ podemos estar seguros de que, al fin, ha conseguido cuajar todo un estilo.

También la película es en sí misma una superación de referentes que sin duda han influido en el director, y no hablo ya de la película de Whale, sino de obras más próximas en el tiempo, los modos y la temática, como la película de culto ‘El engendro mecánico’ (Donald Cammell, 1977), que aúna ciencia ficción y terror en forma de acoso de un cerebro electrónico, “Proteus”, a una Julie Christie con quien la máquina está decidida a tener un hijo; podemos citar, además, ‘El ente’ (Sidney J. Furie, 1982), ya no ciencia ficción sino terror sobrenatural, porque el acosador aquí es un íncubo necesariamente invisible excepto por las secuelas físicas y psicológicas de la víctima. El drama de la película de Furie deviene de la incomprensión del fenómeno por el entorno de la protagonista, pero está supeditado al efectismo de las secuencias que describen los abusos del demonio, el ente en cuestión. Ambas películas -en especial ‘El ente’- resultaron impactantes en su día, y hoy rozan el estatus de films de culto, a pesar de que han envejecido pésimamente, y no tanto por los efectos especiales, sino por no haber profundizado en la metáfora a la que supuestamente sirven. Ese no es el caso de la película que centra nuestra crónica.

Hay una gran virtud en la concepción y narración de esta peculiar versión de ‘El hombre invisible’ que ha conseguido colocarla en el primer puesto de recaudación de taquilla en USA, y no es otra que la combinación del mito científico con un thriller bien elaborado, sin demasiados aspavientos y sí mucho de sugerencia. En sus hechuras de historia con “peligro invisible” -casi un subgénero- se articula con nitidez y fluidez el proceso íntimo de la protagonista, evitando así que en su segunda mitad, sobre todo, se convierta en una historia rutinaria de acoso. Uno quiere creer que la sensibilización del gran público hacia el problema que trata ha hecho también su parte en el éxito del film; y en cualquier caso, no cabe duda de que esta obra, tan netamente arraigada en la era del “me too”, va a contribuir a ello.

Un último apunte para cinéfilos avezados: les invito a buscar la conexión de ‘El hombre Invisible’ con una famosa película de Greta Garbo que en principio podría parecer absolutamente ajena a ésta tanto en su género, como en el tema, y desde luego la época... pero que, a su modo, habla finalmente del empoderamiento de una mujer. Un sólo plano basta para verlo.

  • Título original: The Invisible Man
  • Año: 2020
  • Duración: 124 min.
  • País: Estados Unidos
  • Dirección: Leigh Whannell
  • Guion: Leigh Whannell (Novela: H.G. Wells)
  • Música: Benjamin Wallfisch
  • Fotografía: Stefan Duscio
  • Reparto: Elisabeth Moss, Storm Reid, Harriet Dyer, Aldis Hodge, Oliver Jackson-Cohen, Zara Michales, Michael Dorman, Benedict Hardie, Renee Lim, Brian Meegan, Nick Kici, Vivienne Greer, Nicholas Hope, Cleave Williams, Cardwell Lynch, Sam Smith, Serag Mohamed, Nash Edgerton, Anthony Brandon Wong
  • Productora: Coproducción Estados Unidos-Australia; Blumhouse Productions / Dark Universe / Universal Pictures / Goal Post Film. Distribuida por Universal Pictures
  • Género: Ciencia ficción. Intriga. Terror | Remake
  • Grupos: Adaptaciones de H.G. Wells | Blumhouse Productions
  • Sinopsis: Cecilia (Elisabeth Moss) rehace su vida tras recibir la noticia de que su exnovio, un maltratador empedernido, ha fallecido. Sin embargo, su cordura comienza a tambalearse cuando empieza tener la certeza de que en realidad sigue vivo. (FILMAFFINITY)

Humorista multidisciplinar: Guionista de televisión y viñetista desde los tiempos de “Diario 16”. La realidad no sólo supera a la caricatura sino también al dibujante.


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.