‘Otello’ de Verdi: Clasicismo con talento
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
A lo largo de la historia de la ópera principalmente en el XX buena parte de los grandes tenores han hecho el personaje protagonista de la obra de Verdi sobre libreto de Arrigo Boito de la misma manera que los grandes nombres masculinos del teatro clásico realizaron con su primer referente, la obra de Shjakeaspeare estrenada a principios del XVII. La caracterización del 'moro de Venecia' con el rostro oscurecido por el maquillaje o sencillamente de color se ha repetido a lo largo de distintas épocas. Lo que no ocurre en esta versión operística coproducida por el Teatro Real con la Ópera Nacional Inglesa y la de Estocolmo, ya estrenada en 2016 pero que ahora inaugura la temporada del coliseo madrileño dedicada a Shakeaspeare, de quien se verán distintas óperas de muy diversos autores basadas en sus historias teatrales.
En nuestro tiempo tanto en el teatro como en la ópera las obras clásicas han servido de soporte para lecturas escénicas muy arriesgadas. En esta producción dirigida teatralmente por el americano David Alden el único cambio afecta a la época; en lugar de una Italia recreada al gusto de la sociedad isabelina lo que se ve es una sociedad mediterránea en una imprecisa época que podría ser el XIX pero también el principio del XX. Más allá de esa licencia su lectura es respetuosa sobre los ilustres predecesores del original, Shakeaspeare y Verdi.
Se diría incluso que el seguro, eficaz y con largo oficio Alden ha renunciado a eso tan habitual de algunos directores como el adanismo teatral de creer que con ellos nace una obra diferente a la original. Al contrario, su lectura presenta una seguridad escénica pero sin querer llamar la atención con provocación alguna. Por eso este 'Otello' tiene todas las papeletas para ser bien recibido por perfiles antagónicos de espectadores y generaciones.
Esa enorme experiencia del director teatral se percibe a partir de la obertura del primero de sus cuatro actos y la arrolladora acción musical es bien interpretada desde el escénico. Donde con un complejo dominio de una escena repleta todos los que aparecen en ella, de los protagonistas al coro pasando por los bailarines, representan un rol diferenciado. Este dominio sin pretender dar lecciones de originalidad sobre las tablas se convierte en un perfecto recipiente para que la partitura y las voces tengan la oportunidad de lucirse.
El comunicativo Nicola Luisotti es un referente dentro del Real en el repertorio verdiano y la ópera de la segunda mitad del XIX. Con la peculiaridad dentro de una partitura como la de 'Otello' que coexisten partes de un lirismo dramático acongojante junto a instantes de una épica grandiosa hasta el extremo, y que una orquesta debe tener una dirección capaz de combinar tránsitos sin que chirrían las partes.
Luisotti lo resuelve con entusiasmo e igual oficio, con un reparto que sin llegar a la excelencia total es correcto: Brian Jogdfe (Jorge de León y Ángelo Villani en los otros) aprovecha casi todas las oportunidades que le permite una partitura tan amplia de recursos, sobre un personaje que transita por una compleja lucha interior, la del héroe y el triunfador reconocido por el resto del mundo que es inseguro, incierto de personalidad, frágil sin querer reconocerlo, desconfiado, celoso y confuso en suma; con la particularidad de que necesita un tenor con una voz de mucho fuste pero sin pasarse porque la gama de tonos es amplísima. Las Desdémona (Asmik Grigorian y María Agresta) estén a la altura, lo mismo que el resto de un reparto muy conjuntado donde predomina el mismo oficio sin alardes que Alden ha querido imprimir a esta producción. Como ocurre con los Iago (Gabriele Viviani, Vladimir Stoyanov o Franco Vasallo), Casio (Airam Hernández), Rodrigo (Albert Casals), Ludovico (In Sung Sim), Montano (Fernando Rado) y especialmente Emilia (Enkleyda Shkoza).
Pero el verdadero mérito de esta producción hay que atribuirlo al excelente trabajo del coro dirigido por José Luis Vaso. Un coro que es doble: por una parte el titular de este teatro, y por otra parte el de los pequeños cantores de la ORCAM a los que se escucha en la función y solo se ve cuando salen a saludar al final de la representación. Excelente aportación de todos ellos porque en esta partitura el coro tiene un gran protagonismo y está muy a la altura del reto.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
La Redacción recomienda
- Cómo se restablece un gran apagón
- Otra consecuencia de las inundaciones: la dispersión y acumulación de contaminantes
- Las inundaciones en Valencia, ¿un fenómeno excepcional?
- Cuando la ropa es el mensaje: de las deportivas de Kamala Harris al escote de Angela Merkel
- De Jesse Owens a Lamine Yamal: el problema no es el origen ni el color, sino la ideología