Cara a cara en el Senado. Primer acto de una larga precampaña
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Opinión
Comienza el curso político que culminará con los resultados de las elecciones de 2023. Con una primera vuelta en las autonómicas y municipales del último domingo de Mayo y la segunda y definitiva de las elecciones generales de Diciembre. Todo ello en un clima de cambio de ciclo político hacia la derecha.
Una confrontación que ha resultado inesperada para la misma oposición del PP que fue quien la pidió sin mayor esperanza, y sin embargo, bien aprovechada por el gobierno que aceptó inmediatamente el guante del desafío que se le ofrecía. Un debate atípico que traslada la habitual atención del Congreso al Senado, la cámara de segunda lectura, pero en menor medida territorial o de control. Además Sánchez ha llegado al debate con su reciente victoria en el debate del estado de la nación. Por eso para el PP se trataba de una revancha en la que no ha corrido mejor suerte.
Buena demostración de ello son las quejas previas del PP por el reparto de tiempos, de un formato conocido y reglamentado en el que siempre prima la respuesta de los presidentes del gobierno. Algo que se da en todos los parlamentos de todas las legislaturas, incluido el de Galicia. El problema, sin embargo, como se ha visto sobradamente, no suele ser el tiempo de intervencion, sino fundamentalmente qué hacer en el tiempo asignado y saber cómo expresarlo.
Un debate al que Núñez Feijóo llegaba con la ventaja de las encuestas de opinión, aunque también con sus primeros errores de falta de rigor en los datos como heraldo del catastrofismo y la sobreactuación consistente en la deslegitimación y las descalificaciones al presidente del gobierno, como la de comprarlo con el dictador sanguinario de El Otoño del Patriarca. Todo esto, junto con el vacío de propuestas y lo anodino del discurso, rompe con la imagen de liderazgo y moderación limitando su pretendida capacidad de seducción del electorado de centro izquierda en un primer momento, con lo que ahora corre el riesgo de restringir su influencia en exclusiva al electorado más aguerrido de las derechas.
A Feijóo le había bastado hasta ahora con el mantra de la rebaja de impuestos y el rechazo de todas las medidas adoptadas por el gobierno, unas por tardías y otras por insuficientes. Y si no con la excusa de la falta de voluntad de diálogo del presidente y su preferencia por comunistas, independentistas y en particular los amigos de los terroristas. De nuevo, buscando a ETA desesperadamente. Un gobierno que según él solo acierta cuando coincide con sus propuestas de rebajas de impuestos.
En el temario concreto del debate, centrado en el plan de ahorro y eficiencia energética, el gobierno ha tenido todas las de ganar, con unas medidas de ahorro en comercios y escaparates consideradas de mínimos y que además son percibidas como algo de sentido común. Unas medidas compartidas por la Unión Europea y por la gran mayoría de los gobiernos de los países de nuestro entorno, y que además cuentan con un apoyo ciudadano mayoritario, incluso en el espacio electoral de las derechas, pero ante las que el PP ha sobreactuado en el mes de Agosto hasta el límite de la histeria. Una exageración que les ha llevado a extender la descalificación incluso a la excepción ibérica tildada de fraude en favor de Francia y, al tiempo y sin despeinarse, atribuir los obstáculos del gobierno francés a la construcción del Midcat como un fracaso del presidente Sánchez. Sin reflexión alguna sobre la extensión de la regulación del modelo de cálculo marginalista ni de las medidas para redistribuir los llamados beneficios caídos del cielo en Europa.
Sin embargo, al margen de la esgrima parlamentaria, los flancos débiles del gobierno seguirán estando en la incertidumbre sobre la escalada de los precios, que a la vuelta de vacaciones siguen devaluando las rentas y restringiendo el acceso al consumo por parte de la mayoría, en particular a la energía y a los alimentos en los sectores con mayores dificultades económicas.
En este sentido, se entienden las últimas propuestas de la vicepresidenta Díaz sobre el control de los precios en los alimentos básicos. Pero sobre todo, con un gobierno y una ciudadanía que se ven continuamente desbordados por una cadena imparable de las catástrofes, ya sea de la pandemia, la guerra y más recientemente por las consecuencias de la ola de calor, que escapan a su control a corto plazo y que el gobierno se propone paliar sus consecuencias con medidas destinadas a las industrias y a los colectivos más frágiles ante la crisis energética. He aquí la verdadera causa y al mismo tiempo una parte de las posibilidades de revertir el cambio de ciclo político.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.