La necesaria duda cartesiana
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
Como seguimos de vacaciones, quizá sea el tiempo de aburrirse, pero también de pensar. A Descartes le debemos un método basado en la razón. La pregunta que está en el origen de este método es: ¿cómo podemos llegar a la verdad? La cuestión era crucial en el siglo XVII porque, aunque la ciencia se estaba desarrollando (por ejemplo, en 1628 se descubrió la circulación de la sangre), la filosofía escolástica dominante no podía satisfacer las mentes de la gente. De hecho, dio demasiada importancia al principio de autoridad y no proporcionó, de hecho, un método verdaderamente racional. Descartes iba a llevar a cabo una revolución filosófica partiendo del sentido común/razón: La razón, la facultad de distinguir la verdad de la falsedad, es compartida por todos (lo que llamamos universalismo cartesiano). Es este "sentido común", lo más compartido del mundo (a veces llamado luz natural por Descartes), el que hay que utilizar con criterio, desarrollando un método, es decir, un camino, una ruta hacia la verdad. El método racional consistirá, en estas condiciones, en un conjunto de reglas cuya aplicación conduce, con certeza, al resultado. Para descubrir la verdad, dejemos de lado la casualidad y procedamos sólo de forma metódica. Aunque este enfoque puede parecer evidente, era un elemento nuevo en la época de Descartes, pero también era importante y decisivo: Todo el método consistirá en seguir un orden, es decir, en reducir las proposiciones oscuras a las más simples y luego elevarnos, por grados, de las más simples a las más complejas, apoyándonos siempre en la intuición y la deducción1.
La intuición, la visión o mirada precisa e inequívoca, la concepción de una mente pura y atenta, el conocimiento directo o inmediato, nos permite recibir una cosa como verdadera, captar una idea en su claridad y distinción, que para Descartes representan los verdaderos criterios de verdad. Una idea (un contenido espiritual, cualquier objeto de pensamiento como pensamiento) que está presente y se manifiesta a una mente atenta es clara. La idea distinta, en cambio, aparece como aquello que es absolutamente preciso y diferente de todos los demás. Así, el planteamiento de Descartes se basa en la evidencia, es decir, en el carácter de lo que se impone inmediatamente a la mente y conduce a su asentimiento. Junto a la intuición, es necesaria la deducción racional: Es una operación discursiva que presupone un camino, una demostración, una secuencia lógica, es decir, todo lo que implica una sucesión. La intuición es de una sola pieza, mientras que la deducción representa un movimiento ordenado de proposición a proposición, un vínculo establecido entre las verdades intuitivas. El método de Descartes, basado en la intuición racional y la deducción, no sería nada sin duda: La duda cartesiana no es escéptica, sino metódica. Necesario para barrer las falsas opiniones y llegar a la evidencia, consiste en suspender temporalmente todo lo que no es seguro. A diferencia de los escépticos, que dudan sólo por dudar, Descartes duda para alcanzar la verdad y construir una ciencia cierta. Su duda es una herramienta de trabajo, es voluntaria e hiperbólica, es decir, sin medida y llevada al extremo.
En medio de la duda, Descartes encuentra una primera certeza, el cogito ("yo pienso" en latín). El cogito representa la autoconciencia del sujeto pensante. En efecto, por muy universal que sea la duda, puesto que concierne a la totalidad del conocimiento, hay algo que no puede alcanzar: es su propia condición, pues dudando, pienso y, pensando, soy. En el Discurso del Método, el cogito parece enunciarse deductivamente (cogito, ergo sum). Pero esta proposición es, en realidad, el fruto de una inducción directa: la primera verdad que se presenta intuitivamente a la mente cuando duda. Pero ¿qué soy, quién soy? Soy esencialmente pensamiento, este último designa todo lo que se hace en nosotros de manera que lo percibimos inmediatamente por nosotros mismos. Así, la actividad de la mente y la conciencia me caracterizan: la conciencia es la esencia del pensamiento.
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1Gomez Pereira (1500 – 1567): Filósofo escolástico y humanista, los historiadores de la filosofía le atribuyen la paternidad del famoso cogito, antes de que Descartes lo formulara en su Discurso del Método. Sea como fuere, Pereira es uno de los padres del racionalismo moderno, y sus trabajos en mecánica y medicina han dejado una profunda huella en el humanismo. Su principal obra es Antoniana Margarita.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.