“Oye: y tú, ¿cuánto cobras?” Quieren que casi todo lo olvidemos
- Escrito por Afra Blanco
- Publicado en Opinión
Los tiempos actuales son extraños. Las ideas se vuelven casi impalpables ante una argumentación que en realidad dura tan solo el momento de ser expresada.
La variedad de las opiniones que batallamos en la actualidad, principalmente sirve por desgracia para generar más controversia, porque de una forma continua, inmediatamente a esas ideas surgirán otras, contrarias también. Sorprendentemente, quieren creer aquellos que las emiten –los idealizados partidos de centro derecha- que no pasa nada, porque nada suscitan en la ciudadanía. Porque en caso de que susciten algo, esas ideas serán olvidadas, como lo serán sus agresiones a la verdad, en el momento en el que la votación popular se manifieste.
Con abstracción de la calidad de nuestro debate parlamentario, que es posible que viva su peor momento desde hace mucho tiempo, lo cierto es que recientemente se han aprobado leyes que ayudan a una parte importante de la población. Y desde un interés colectivo, y no individual, deberían ser juzgadas.
La subida del SMI beneficia directamente a determinados colectivos, especialmente a las personas jóvenes y a las mujeres, debido a nuestras paupérrimas condiciones laborales. Además, nos conviene establecer las bases de una progresión futurista. Con ello la precarizada juventud tendrá acceso a un salario digno y a una proyección ulterior.
El acuerdo de pensiones pudiera parecer que no afecta a la mayoría de las personas, pero tal vez, en algún momento, todos lleguemos a la edad de jubilación que corresponda. En realidad, es necesario decirlo, el acuerdo afianza los pilares del sistema de pensiones para la población. Porque este empuje al sistema público, permite convivir con la solidaridad y el reparto, siendo además esta reforma un acto de justicia hacia nuestros mayores.
Como conocedora de la situación de grandes colectivos que se desenvolvían con cierto desamparo, puedo afirmar que se abre un gran camino a la esperanza y al progreso social, asegurando los mínimos necesarios para la supervivencia del sistema.
La reforma laboral, no hablaremos con medias verdades, trata de hacer frente a la insostenibilidad existente en nuestro modelo laboral español, para ofrecer a la patronal y a las personas trabajadoras, un modelo de relaciones laborales más justo y eficiente. Un horizonte de seguridad jurídica y de confianza para operar con certidumbre, para recuperar la calidad del empleo y el dinamismo del tejido productivo.
La transformación pretende completar la transición hacia un nuevo estándar de relaciones laborales que superen esas precariedades y brechas sociales, territoriales y de género. Igualmente contribuirá a un crecimiento sostenible e integrador. Uno de sus objetivos más ambiciosos es dar jaque mate a la temporalidad (al menos a la patológica o injustificada) y a la precariedad que ha generado notorios umbrales de desigualdad especialmente para la juventud o las mujeres en nuestro mercado laboral.
Es decir, pretende poco a poco reducir el número y la duración de los contratos temporales, la ineludible mejora del salario. Pero esto no ha terminado aquí, hay que eliminar el dumping salarial y la competencia desleal con la primacía y disposición del convenio sectorial en materia de salarios aplicable en los contratos. Ante esta situación, los hay que miran hacia otro lado y es porque no están convencidos de quererse integrar en el avance social.
Definitivamente son tiempos extraños en los que a diario la confrontación surge como consecuencia de la revolución industrial del siglo XIX, aún por resolver.
Parece indispensable reforzar el concepto de “Formación a lo largo de la vida” e implementarlo a la casuística de cada sector de actividad, explorando líneas de actuación concretas a la actividad económica en cuestión. Siendo indispensable para que sea eficiente y optima la acción, que se establezca a partir de las capacidades, las aptitudes de la persona trabajadora. Siendo nosotras, las personas trabajadoras, las que tenemos que estar en el epicentro de la transformación. Puesto que o es con nosotras, o la evolución no será.
En el siglo II a. C. un comediógrafo romano escribió aquella frase que perdura ‘nada humano me es ajeno’. No hace falta, por tanto, conocer personalmente a cada ciudadano y ciudadana para pensar en sus derechos y en su futuro. Basta con luchar por un ideal común, ausente del individualismo o situación personal con la que en ocasiones se confunden los avances. La cuestión es sencilla. Todas aquellas personas que se declararon alarmadas, ofendidas, indignadas… por, por ejemplo, las subidas del SMI, ¿lo mostraron porque ellas vivían con holgura con los 735 euros? Cabe recordar, que ese era el Salario Mínimo Interprofesional hasta que el Progresismo y el dialogo con los agentes sindicales llegó al Gobierno y el SMI escaló hasta los actuales 1000 euros. ¿O quizás sus inaccesibles rigores morales son, en exclusiva, para los demás? Vivimos en una sociedad consumista y nada me es ajeno.
Y es que cuando Publio Terencio hizo esa manifestación en favor de los otros.
Cuando veintidós siglos después Unamuno, lo parafraseaba al inicio del Sentimiento trágico de la vida, en referencia a la persona de carne y hueso.
En el hoy, lamentablemente parece que la frase podría ser reescrita como: los humanos ajenos, me son indiferentes. Yo lo llamo, la moral para los otros y las otras.
