Feijóo y la primogenitura de la derecha española
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Opinión
No sé muy bien por qué, pero viendo las imágenes triunfales del congreso extraordinario del PP y su contraste con la adusta seriedad de su nuevo presidente Feijóo, me ha venido a la mente la tragedia Ricardo lII de Shakespeare, sobre la guerra fratricida por la corona entre las familias de Lancaster y York. Como en la obra mencionada no ha sido Feijóo quien ha desenvainado la espada para acabar con la presidencia de Casado, aunque finalmente se haya visto beneficiado de ello. La mano ha sido la de la Presidenta Díaz Ayuso, aunque la conjura final de barones y dirigentes venía de bastante antes.
Sin embargo, al contrario que en Ricardo III, no ha sido la envidia por la prudencia y el buen hacer de su gobierno en el partido y en la oposición, aunque las perspectivas electorales parecían moderadamente favorables, sino precisamente la prisa por la vuelta poder y a la vez el temor de que el joven heredero no tuviera la entidad suficiente para disputar con éxito primero la primogenitura con la ultraderecha y luego el reino frente a la izquierda.
Porque a diferencia del surgimiento de la ultraderecha en Europa, en nuestro país no proviene de la derrota del nazifascismo en la segunda guerra mundial sino de la victoria franquista, ni tampoco de los márgenes de la política sino del interior del propio partido popular. Una escisión autoritaria y anticomunista que entronca desde el franquismo con los héroes resistentes de la lucha frente al terrorismo de ETA y el independentismo catalán, en contraposición al escaso perfil de los últimos dirigentes de lo que denominan la derechita cobarde.
En esta guerra de primogenitura Casado ha tenido todas las de perder.
Por eso era necesario recomponer la continuidad de la línea sucesoria sin la cual el debate de la legitimidad favorecía al adversario, y hacerlo además a partir de una de las figuras y de los feudos que mejor representan la tradición sin ruptura de la derecha española: Manuel Fraga y Galicia. El problema es que Feijóo no solo hereda la legitimidad de origen sino que entronca con la presidencia de Rajoy y aporta su propia legitimidad de un ejercicio del poder entendido como gestión tecnocrática, desprovista por tanto de potencia ideológica en unos tiempos de malestar social y crisis de la democracia representativa donde hace su agosto el populismo reaccionario.
En ese contexto el reto fundamental es superar la estrategia errática de su predecesor a caballo entre la deslegitimación del gobierno y unos leves gestos de moderación, con la posición sobre el plan de respuesta a las consecuencias de la guerra y el desbloqueo de la negociación de los organismos constitucionales. La ultraderecha, casi sin haber sido nombrado, ya le ha retado a la primera justa en el gobierno de Castilla y León y seguramente no será la última. El de su principal aliado en Andalucía el presidente Moreno Bonilla será sin duda su segundo gran reto. Finalmente, dentro de su partido, aunque todo parece por ahora tranquilo, la carcoma de la corrupción no ha dejado de minar los cimientos del PP y Ayuso sigue al acecho exigiendo contrapartidas a su complot y resultados electorales inmediatos. De ahí la figura envarada de Núñez Feijóo junto a la alegría impostada de un PP, con muchas ganas de ilusionarse, pero por ahora solo movilizado en los primeros datos de las encuestas. Un caballo, mi reino por un caballo.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.
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