La refundación de la derecha y el subterfugio del cordón sanitario
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Opinión
Se podría decir que en la política actual ocurre lo contrario que en la inspiración poética, ya que en horas veinticuatro no hemos pasado de las musas al teatro, sino que es ahora cuando llega lo más difícil: plasmar los resultados electorales obtenidos en un gobierno. Así, de la euforia inicial, la derecha ha pasado a barajar la posible repetición de las elecciones si es que el PSOE no inviste a Mañueco tapándose la nariz, todo para contribuir a parar a la ultraderecha. La facilidad del poeta para plasmar las ideas en el papel contrasta con la dificultad de transformar el éxito de los resultados electorales en Castilla y León, proclamado por la derecha desde la misma noche electoral, en una fórmula viable, estable y sobre todo presentable de gobierno. Lo que al parecer ya no cumple con las características antedichas es la fórmula de apoyos externos de la legislatura interrumpida, tanto por el significado de la rebaja de expectativas del precedente de coalición de gobierno con Ciudadanos, como también por la inestabilidad demostrada por los acuerdos de apoyo parlamentario que se han quebrado a las primeras de cambio con los debates presupuestarios. Y si no que se lo digan al presidente de la Junta de Andalucía que se está pensando la siguiente convocatoria.
Porque viable y estable, dentro de lo que cabe en las tortuosas relaciones del PP en sus gobiernos que como en Castilla y León apenas han logrado durar la mitad de la legislatura, podría ser también la fórmula de reproducir el modelo de coalición que durante estos meses le ha permitido gobernar en compañía de Ciudadanos en la Comunidad de Castilla y León. Sin embargo, es cierto que una coalición en compañía de la ultraderecha no parece algo tan presentable, sobre todo con respecto a la posibilidad del PP de llegar a gobernar en unas próximas elecciones generales y por otra parte a sus relaciones dentro de la derecha democrática en el marco de la Unión Europea, donde prima la política del cordón sanitario a la luz de las negativas experiencias de Hungría y Polonia, y donde los recientes movimientos del PP, primero de bloqueo institucional y ahora de desautorización de la Comisión en su labor de control de los fondos europeos no han caído nada bien.
Parece evidente que, independientemente de sus razones o de sus excusas, el PP de Castilla y León convocó elecciones anticipadas con el fin de eliminar a su coaligado de Ciudadanos, algo en lo que coincidían el partido popular de Castilla y León y la dirección de Génova, unos para gobernar más cómodamente y los otros, haciendo de la necesidad virtud, para utilizar las elecciones como trampolín al modo de unas primarias de las próximas elecciones generales.
Pero ya era entonces se podía saber que el mero traslado del resultado de las anteriores elecciones generales, que es lo que finalmente ha ocurrido, hacía presagiar la sustitución de la coalición con el centro derecha por la dependencia de la ultraderecha y como consecuencia la anulación del efecto dominó que se pretendía para facilitar la llegada de Casado a la Moncloa. Era algo no solo previsible, sino también deseable para la parte del PP que ha decidido que la mejor forma de competir con el populismo de ultraderecha es adoptar como propio su relato y su estrategia. Porque la derecha hace tiempo que ha decidido que su modelo no es el cordón sanitario europeo, sino recomponer el cordón umbilical con sus hermanos separados de la ultraderecha. Eso sí, bajo la hegemonía del barco nodriza del Partido Popular. Por eso, recurrir ahora a reclamar el cordón sanitario en Castilla y León, es no sólo una nueva excusa para tratar de eludir la responsabilidad en los resultados de su estrategia trumpista, sino también intentar la estrategia del ventilador para compartirla con la izquierda y abundar en la antipolítica. Al final, con repetición o sin ella, los dos hermanos separados garantizarán la investidura de Mañueco en Castilla y León y lo harán intentando no obstaculizar el camino de ambos a la Moncloa.
En este sentido, la izquierda bastante tiene con lo suyo.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.
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