Más Iceta y menos petas: la cultura en su sitio
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
Ya que hoy vengo tipo seño, estoy contenta y agradecida por encontrar en Iceta, no voy a decir que el político de mis sueños –ese tendría más tiempo por lo tanto es imposible- pero sí el que más se acerca a algunos puntos trascendentes de la socioculturalidad. La cultura es el conjunto de conocimientos, habilidades, tradiciones, costumbres, única de un grupo humano, de una civilización . Se transmite socialmente, de generación en generación y no por herencia genética, y condiciona en gran medida el comportamiento individual. La cultura abarca un muy amplio aspecto de la vida social: técnicas, maneras, la moral , el estilo de vida, sistema de valores , creencias ritos religiosos, organización de la familia y las comunidades del pueblo, vestimenta, etc. Ejemplos: cultura occidental, cultura corporativa ...
En general, existen tres formas principales de manifestación de la cultura: arte, lenguaje y técnica. En un sentido más amplio, la palabra cultura puede aplicarse a los animales sociales y corresponde al conocimiento y las prácticas que se transmiten y comparten. A nivel individual, la cultura es todo el conocimiento adquirido por un ser humano, su educación , su conocimiento. La noción de cultura es parte de una doble tensión: entre una aceptación universal que la opone globalmente a la naturaleza y un sentido relativista que designa las costumbres de pueblos entre un uso restringido de obras de arte reconocidas como tales y un enfoque antropológico más amplio que abarca las formas de pensar y hacer de los diferentes grupos (naciones, grupos étnicos, clases ...). Estas tensiones están arraigadas en la historia de la noción de cultura y sus usos sociales. (Lapesa, 1997) Este ministro Iceta, que nadie esperaba por donde iba a salir, impulsa estos asuntos de profundidad antropológica. Va ganando por partida doble a las terrazas y el ocio desmedido de la población, opiaceada por los políticos de sus comunidades: vengan, vengan a las terrazas, consuman, emborráchense, drógense..ese es el opio para el pueblo. (Unamuno) pero no vayan a los museos, es más interesante tener a la población ignorante. La alta cultura siempre ha estado en el pueblo (URSS) pero ya no. Ahora parece que a muchos les queda lejos un concierto, un cuadro, ensayos, poesía vanguardista, una revisión teatral…se quedan fuera de ello porque así está programado, están fuera de la sociedad, de lo mejor de ella.
Esta idea apareció en la mitad XVI ° siglo para describir el enriquecimiento de la mente a través de ejercicios intelectuales, que se oponía a finales del siglo XVIII a la de la civilización por pensadores alemanes que, en su deseo de afirmar su identidad nacional frente a la hegemonía francesa, le confirieron su connotación relativista. Contrariamente a la idea de un desarrollo histórico único que establece una jerarquía entre los pueblos, el término "Kultur", conceptualizado en particular por el filósofo alemán Johann Gottfried von Herder, significa de hecho el genio de cada pueblo. Vinculado a la aparición de una esfera intelectual que gradualmente se diferencia de la esfera religiosa al reclamar la autonomía de la razón, participa al mismo tiempo en el advenimiento de los estados-nación.
A partir de mediados del XIX ° siglo, el concepto de cultura se desarrolló en paralelo en las ciencias humanas nacientes para formar, en contra de las explicaciones naturalistas que anclaban el comportamiento humano en datos biológicos (carreras, los instintos, las necesidades, la herencia) y (teoría del clima), una secuencia de fenómenos y un dominio de conocimiento distinto de los de las ciencias naturales. En Alemania, las "ciencias de la cultura" recuerdan que su objeto es también un sujeto, dotado de una facultad reflexiva, de ahí la necesidad de recurrir al método interpretativo y cuestionar el tema mismo del conocimiento.
La división de las especialidades sociológicas suele oscilar entre dos principios. Según un desglose temático, se constituyen según dominios empíricamente distinguidos (como la sociología del deporte o la salud). Una distribución más conceptual del orden se basa en orientaciones o al menos preguntas de investigación (como la sociología de las organizaciones o la desviación).
La sociología de la cultura no escapa a esta vacilación. A primera vista, cubre un área más o menos claramente delineada, que abarca la sociología del arte y lo que se conoce socialmente como "vida cultural". Reúne un conjunto de subdivisiones (sociología de la lectura o la música) e integra diversos campos, como la sociología de los medios, la recreación o los intelectuales. Su alcance difiere mucho según las tradiciones científicas: es tendencialmente más limitado en la sociología francesa que en el mundo anglosajón, donde la etiqueta de sociología de la cultura incluye deportes, actitudes de vestimenta, estilos de vida e incluso la ciencia.
La sociología de la cultura también puede definirse transversalmente como el análisis de bienes simbólicos (obras de arte, producciones intelectuales o mediáticas). El estudio de su producción, su difusión, la definición de su valor, su apropiación diferenciada y sus usos sociales pueden ofrecer un punto de vista específico para la observación más general de las relaciones sociales. Al considerarlo de esta manera, entendemos que el lugar de la sociología de la cultura en el análisis sociológico es muy superior al de una especialidad temática simple. Justamente es en este punto donde tenemos la caja de Pandora y hace falta que los poderes políticos apoyen y luchen –incluso como reclamo turístico- todo el patrimonio del territorio, que incluye además el rescate arqueológico de las lenguas y su difusión.
Las cuestiones del "consumo cultural" y la formación de gustos se han planteado recientemente con nuevos gastos, a partir de los cambios relacionados con Internet en el acceso a la cultura o las prácticas culturales de los niños y adolescentes (Détrez, 2014). Así como Internet ha desdibujado la línea entre "producción" y "consumo", las prácticas de aficionados hasta ahora poco investigadas revelan una relación "activa" con la cultura que incorpora múltiples aspectos de la vida social, lo que lleva a una reconsideración. La ruptura entre las prácticas culturales y otras (Vincent Dubois, Jean-Matthieu Méon, Emmanuel Pierru, The Worlds of Harmony ,2009). En la extensión de la cuestión de los "públicos" y los modos de apropiación socialmente diferenciados de los productos culturales, se ha desarrollado toda una corriente --compuesta-- de investigación en torno a la cuestión de su recepción (Isabelle Charpentier, ¿Cómo se reciben las obras? 2006).
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.