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La eterna excusa de la ley de pandemias


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Desgraciadamente una buena parte los que hoy reprochan que no se hayan anunciado todavía medidas drásticas frente a la sexta ola, son los mismos que vienen rechazando desde hace un mes las restricciones propuestas en el nuevo semáforo y los que previamente han recurrido las actuaciones coordinadas, según ellos por ser una imposición y que probablemente se desentenderán también de cualquier acuerdo, por muy mayoritario que este sea, en la Conferencia de Presidentes y que por el contrario volverán a la excusa de la famosa ley de pandemias y de la vuelta a la obligatoriedad de la mascarilla en exteriores, para impedir con ello cualquier compromiso.

A sabiendas de que la única ley nacional de pandemias, sobre todo a partir de la reciente sentencia del TC, es el estado de excepción y que antes era el estado de alarma y en su defecto la ley de medidas especiales y la ley de salud pública. No parece que los que han rechazado la alarma como una medida desproporcionada de limitación de la libertad de movimientos y de consumo, vayan ahora a respaldar ahora cualquier declaración, esta sí desproporcionada, de estado de excepción. En definitiva que mucho ruido y pocas nueces. Un clásico de la pandemia.

Por otro lado, volvemos también a escuchar los planteamientos maximalistas que agitan el duelo de relatos maniqueos y que van desde el cierre total y el confinamiento, tal y como si estuviéramos al inicio de la pandemia sin el amplio desarrollo actual de la vacunación, o bien a no hacer nada, de nuevo ignorando la existencia de la propia pandemia, que hoy continúa en todo el mundo, y como si la situación actual en España y Europa fuera ya de plena normalidad, incluso con la nueva variante Ómicron sumada a la Delta, hasta ahora dominante. Una nueva variante originada, al parecer, en el caldo de cultivo de la desigualdad y el egoísmo vacunal en la República Surafricana, con mayor capacidad de transmisión y según la OMS con la posibilidad de eludir en parte la inmunidad de los infectados con otras variantes así como la de las actuales vacunas, aunque no la respuesta celular a largo plazo y con ella la reducción de la enfermedad grave y de la mortalidad.

En España, hoy por hoy, no hay razones epidemiológicas ni condiciones sociales ni legales para un nuevo confinamiento al modo de la primera ola o como la reciente decisión adoptada por Holanda. Tampoco para aprobar con carácter general cierres perimetrales o toques de queda. Sí las hay, sin embargo, para pactar entre el gobierno central y los de las CCAA el semáforo y las restricciones propuestas y aplazadas hasta ahora en la Comisión de Salud y el Consejo Interterritorial en relación al ocio y los expectaculos en interiores, facilitando el teletrabajo y las bajas laborales, además de continuar con la incentivación de vacunación y la aplicación del pasaporte vacunal, junto con los test, el rastreo, las cuarentenas y el reforzamiento posible de la sanidad pública por parte de las CCAA, en ejercicio de sus competencias. Lo que sin embargo no es posible es solucionar los problemas de fondo de nuestra salud pública y atención primaria de un plumazo.

Porque dentro de la última propuesta de los expertos de Sanidad ya se introducía un cierre temprano de la hostelería y del ocio nocturno al llegar al nivel medio de alerta que hoy ya superamos. Entre otras medidas y en relación a los actos multitudinarios, también recomendaba no celebrarlos en los niveles altos de alerta, incluso en el primero preveía limitar el aforo al 75% en aquellos que se realizaran de pie.

Sin embargo, las comunidades han optado inicialmente por acelerar la dosis de recuerdo y la vacunación de los niños y el pasaporte COVID, que también ha funcionado como estímulo para la primera dosis. Solo en los últimos días, con el incremento desbocado de la trasmisión, como consecuencia del invierno y la nueva variante, y sobre todo por su incidencia en la atención sanitaria, alguna Comunidad como Cataluña ha recuperado medidas como el mencionado cierre nocturno de la hostelería y la limitación de aforos. La respuesta del sector no se ha hecho esperar. Volveremos de nuevo a los maniqueos entre la libertad económica y la salud publica. Aunque sería conveniente que, al menos por esta vez, la Conferencia de Presidentes sea útil y no un campo de batalla ni una excusa para eludir responsabilidades.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.


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