Largo y Prieto, ministros de la República en 1931
- Escrito por La redacción
- Publicado en Opinión
Palabras de Francisco Largo Caballero en la toma de posesión del cargo de ministro de Trabajo el 15 de abril de 1931:
«Señores: Vengo aquí a posesionarme del ministerio de Trabajo, enviado por la soberanía popular. Venimos aquí sin haber realizado ningún acto de violencia. Esperamos que todos ustedes trabajarán con lealtad. No olviden que esta casa es la que más atenta debe mostrarse con los desheredados de la fortuna, y confiamos que todos pondrán de su parte lo que puedan para establecer la justicia social.”
Discurso en la toma de posesión de Indalecio Prieto como ministro de Hacienda el 16 de abril de 1931:
«Parto del supuesto de que la inmensa mayoría de los aquí presentes son funcionarios del ministerio, y he de declarar que acabo de tornar posesión del cargo con perfecta sensación de las inmensas preocupaciones y responsabilidades que entraña asumir la dirección de un departamento ministerial, que, si siempre es compleja, lo es más en las circunstancias presentes, al producirse la sustitución de un régimen por otro.
Por si fuera título para merecer la simpatía de los funcionarios de Hacienda, he de advertir que soy hijo de un modestísimo empleado de este ministerio. No puedo inferir la injuria de creer a los demás que sean distintos de mi padre, y así, desde luego, entro convencido de la probidad de todo el personal: mi padre nos hizo vivir en un ambiente de estrechez, porque no nos legó más que su mísera pensión.
Cierto que vengo despejado todo tecnicismo; pero llego aquí, he de decirlo alta y rotundamente, con el carácter de independencia peculiar en toda mi vida, desvinculado con cualquiera clase de compromisos con los intereses que circundan esta casa, y prometo ser en ella la imagen de la rectitud.
No me anima afán alguno de venganza. Mi espíritu se halla libre de máculas. Si se me ofreciera como caso delictivo o inmoral la lealtad de los funcionarios al régimen que venían sirviendo, rechazaría inmediatamente el cargo, pues no vengo ni a castigar a aquéllos ni a exaltar a los que ya fueran republicanos o socialistas. Yo vengo a hacer imperar el derecho de todos, a imponer la justicia, desinteresándome de todas las bajas pasiones y querellas personales. De lo contrario, me iría a la calle. Es decir, que nadie, a título de republicano antiguo o de socialista probado, se considere en esta casa en pie de favor, porque la gestión ministerial de muchos hombres de los que desfilaron por aquí se debilita por haberse dejado seducir por ese ambiente reflejo de las camarillas palaciegas.
La mejor adhesión a la República de los funcionarios de Hacienda será la superación de sus actividades, ya que por encima de sus obligaciones oficiales debe imperar su entusiasmo ciudadano y el afán dé salvar a España y a la República.
Creo que entre los problemas que tiene que acometer el nuevo régimen acaso el más fundamental está dentro de esta casa, pues el otro, también agudo, que se refiere al orden público, tiene asegurada la solución por la grandiosa, elegantísima manifestación ciudadana de estos días pasados, que ha de producir el asombre del mundo y constituir una de las más gloriosas páginas de la Historia ante la civilización universal.
Salvadas las preocupaciones del orden público, queda la obra de reconstrucción, y para ello digo, en mi modesta opinión que llevarla a término feliz no depende de la magia de un hombre solo, sino que enes problemas habrá de resolverlos el pueblo entero con su actitud, demostrando ante el extranjero la solvencia de su capacidad ciudadana.
Si nuestro signo monetario está quebrantado no es porque exista un quebranto efectivo de nuestra economía, pues, afortunadamente, ésta se encuentra en excelentes condiciones, que habremos de mejorar, porque no sentimos apetencias de ninguna clase ni deseos imperialistas. Va a replegarse España dentro de su modestia, despojada de todo género de ambiciones, que ha de reflejarse en nuestro signo monetario. Espero, pues, que cuando el pueblo recobre su amor al trabajo, cuando sepa el mundo, como lo han podido ver los periodistas extranjeros, que aquí hay ciudadanía y no revueltas, que aquí hay gran entusiasmo patrio por levantar a España; cuando la vean libre de todo desorden suicida, que ya no ha de subsistir, y queriendo restaurar su economía por la voluntad ciudadana del nuevo régimen, nuestro signo monetario recobrará lo que ha perdido en pasadas circunstancias y hasta lo que sufrió con la desastrosa gestión de la dictadura.
En fin, nuestro crédito no lo va a salvar el ministro de Hacienda, sino todos los españoles y vosotros, funcionarios del departamento, dando pruebas de entusiasmo y lealtad y capitaneados por ten hijo del pueblo, que desde ahora es un funcionario más en el ministerio.»
(Fuente: El Socialista, números 6922 y 6923)
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