Escuela versus sociedad
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
“Hasta que no tengamos igualdad en la educación, no vamos a tener una sociedad igualitaria”
Sonia Sotomayor
Aunque nos encontramos inmersos en pleno siglo XXI con avances que golpean nuestro día a día a un ritmo vertiginoso, también presenta una realidad llena de carencias y atrasos que emborronan toda la esperanza que nos traía este nuevo siglo. Entre esos atrasos encontramos la incesante lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral, económico, político, social, familiar y educativo, entre otros. Dentro del ámbito educativo la desigualdad más alarmante sigue siendo notoria en la visibilidad de la mujer en los libros de textos y con ello, en el currículo y programaciones que se establecen para las distintas materias. Así, podemos ver cómo, particularmente en la asignatura de Lengua Castellana y Literatura y concretamente en la Educación Secundaria Obligatoria, encontramos las repetitivas e incansables cuestiones sobre ¿dónde están las escritoras y literatas españolas?, ¿por qué se mantienen ocultas o en el olvido? o ¿por qué obras y textos escritos solo por hombres? Esta visión patriarcal de la enseñanza es la educación que estamos otorgando a nuestro alumnado y con ello el principal motivo por el que estas desigualdades se extrapolan al resto de ámbitos de la sociedad actual. Es como si las mujeres no hubieran hecho absolutamente nada en la sociedad.
Incluir la perspectiva de género en la educación ha sido posible gracias a las aportaciones del feminismo y ha supuesto una innovación educativa y cultural y con ella se ha impulsado el cambio social (Subirats, 2006), ya que se ha cuestionado, revisado y actualizado todo lo anterior para garantizar la justicia y cohesión social. Es posible que esta iniciativa se les haya ido de las manos a algunas camaradas que en realidad tienen otros intereses. Lo admito.
Para que un sistema educativo sea de calidad debe tener como base fomentar la igualdad de género, sin ella los sistemas educativos de calidad no existen (Bartolomé, 2008) y por tanto, su incorporación en la educación, conlleva cambios en la organización escolar, en los contenidos y recursos educativos, en la formación del profesorado, en las programaciones, etc. (Subirats, 2006).
Hoy en día sigue siendo necesario un cambio de mirada a la hora de afrontar los procesos de enseñanza-aprendizaje en las aulas para impulsar la creación de recursos que fomenten la igualdad y el respeto por las personas independientemente de su género, raza, condición sexual o de sus capacidades. Teniendo en cuenta esta necesidad de cambio, quedaría justificada la incorporación de nuevas metodologías que gestionen el aprendizaje de las distintas materias, especialmente en el caso de la asignatura de Lengua Castellana y Literatura. ¿Porqué? Porque sí que existen muchas mujeres que han aportado grandes hallazgos a la literatura y el periodismo, pero no se las conoce. Teniendo en cuenta la perspectiva de género con el fin de presentar al alumnado una visión real, justa e igualitaria de las concepciones sociales existentes entre hombres y mujeres, la incorporación de nuevas perspectivas es un hecho.
Desde los años 80 se han publicado numerosos estudios que investigan y analizan recursos didácticos desde una perspectiva de género atendiendo a la necesidad de desarrollar y promover una educación no sexista (González y Lomas, 2006), concluyendo que son las metodologías didácticas suscitan los estereotipos de género. Este tipo de trabajos ponen de manifiesto la necesidad de revisión y cambio de los libros de textos y los recursos didácticos con el objetivo de incluir una perspectiva más igualitaria que tenga en cuenta el respeto por la diversidad y pluralidad de la sociedad en la que vivimos. Debemos eso sí, recuperar el patrimonio escondido y darlo a conocer.
En la actualidad, el alumnado vive inmerso en una sociedad de cambio donde la lucha feminista está latente y tiene una fuerza cada vez más arrolladora, pero si no se enseñan bien los principios de esa lucha, el resultado es sesgado y confuso. Todo individuo tiene derecho a respeto e inclusión. Los chicos no son peores estudiantes, las chicas no son más torpes en educación física, los chicos no son brutos y machistas, las chicas no son murmuradoras, presencia de la herencia matrimonial en la cultura escolar, caricaturas de las orientaciones de género, discreción en la educación sexual... Y todavía estamos esperando medidas concretas y acciones educativas a todos los niveles, en todas las disciplinas, lo que marcaría una política verdaderamente comprometida, coherente y ambiciosa en materia de educación para niñas y niños. Anular los estereotipos que aún están en las aulas y que vivimos día a día. Dicha tarea se complica porque la realidad de la sociedad que rodea al alumnado sigue enviando mensajes por medio de esos ídolos que marcan tendencias, conductas, imágenes, mucho peores que las que teníamos antaño. Esa es una nueva lucha nacida no hace mucho por la pugna de información de las redes en contra de los programas serios de formación en la escuela.
Gracias a la facilidad de acceso a la información, el alumnado es consciente, conoce y reconoce la multitud de debates abiertos sobre el uso del lenguaje no sexista, por poner un ejemplo, pero luego canturrea a coro letras de reguetón machista como si tal cosa. Por lo tanto, resulta paradójico que este mismo alumnado consciente del cambio que se está viviendo en la calle encuentre en el aula, en los libros de textos y en los recursos didácticos una perspectiva certera cuando la realidad probablemente sea contraria y paralizada en una ideología anticuada. Enseñar sin encubrir es enseñar en la igualdad.
En Europa, los discursos antifeministas parecen estar de moda, especialmente Francia entre otros y es por ello por lo que tenemos que seguir preocupándonos por el proyecto de igualdad en la escuela, porque todavía es muy frágil, muchas veces relegado a un segundo plano con otras asignaturas de educación transversal, o relegado a indeterminados discursos simbólicos. Nueva gestión a plantear con la pandemia encima.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.