El voluntariado es hijo de la modernidad
- Escrito por Jordi Petit
- Publicado en Opinión
Antes, las necesidades como el hambre y las enfermedades, etc, eran más o menos cubiertas por pasiva, por la caridad cristiana y los mecenas. Daban desde la opulencia o el poder. No olvidemos las extensas posesiones de monasterios y conventos, así como el Estado y las huestes de los Pontífices católicos.
Dentro de las iglesias románicas, por poner un ejemplo, estaba impuesta la paz y allí encontraban refugio los perseguidos o huidos de cualquier guerra feudal. Luego ya llegaron los lujos de las catedrales góticas y el despilfarro del Barroco, meros escaparates para impresionar a un pueblo bastante analfabeto y muy supersticioso... En todo caso, la labor humanitaria de la Iglesia Católica merece mi respeto, aunque no sea creyente y disienta en muchos aspectos.
No hay voluntariado si no hay un problema a resolver. Así los enormes campos de batalla que se dan en Europa y en los EEUU a partir del siglo XVIII, crean una necesidad a resolver por activa: ir a socorrer a los cientos de soldados de ambos bandos, heridos y desangrándose, mientras pasaban días en medio del fuego enemigo. Había que curarlos, detener hemorragias, etc, y si era posible, evacuarlos. De esta manera nació la Cruz Roja, apolítica y sin credo alguno.
El concepto que define plenamente el voluntariado es el de la solidaridad. Sin embargo, no es suficiente querer realizar voluntariado por libre o un día sí y dos no. El voluntariado requiere por lógica la coordinación de quienes se proponen un mismo objetivo solidario. Hay una fábula que conté decenas de veces en Institutos, muy ilustrativa. Resulta que un mono cae a un torrente y a punto está de ahogarse, pero con gran esfuerzo logra llegar a la orilla y salvarse. Pasa por allí un león y observa que el mono va atrapando peces y los saca del agua. Le pregunta el león ¿qué haces?, y el mono responde: ¡salvar a los peces de ahogarse!
Es decir, la disposición de hacer voluntariado requiere de un conocimiento previo del problema y de la demanda específica. No se trata, -como fue en un principio durante el siglo XIX- de socorrer según el punto de vista del hombre blanco occidental. El eurocentrismo machista ante los mal llamados pueblos primitivos. El voluntariado requiere estudiar las necesidades a cubrir, tener interlocutores y definir según la experiencia los recursos y modos de actuación en cada ámbito, sea por clases sociales, sea en diversas culturas, sea con perspectiva de género, etc. Hay que escuchar. El voluntariado debe implicar en la medida de lo posible a las personas que atiende, siempre sin dar soluciones mágicas, sino proponiendo posibles caminos de actuación y dejando decidir, optar a quien ha solicitado intervención, jamás imponer.
La cooperación internacional es un aspecto del voluntariado muy prestigiado, pero a la vez duro. No se trata de llegar a uno u otro país si no hay demanda previa y sobre todo nada de actuar bajo los parámetros del llamado primer mundo. Hay que respetar la especificidad de cada territorio, acoplarse a los hábitos existentes y trabajar con una ONG local, que es quien mejor conoce las necesidades. Cada problema a resolver precisa pues de un estudio inicial del catálogo de buenas prácticas adecuadas a su resolución, y no emplear la intuición de cada cual como respuesta, por más buena fe que tengamos. Es un buen ejemplo el voluntariado de los teléfonos destinados a una u otra problemática. Requiere ser interlocutores que empaticen, que sepan escuchar (eso ya desahoga un poco a la persona que llama) y depende de que temática se trate, pues mejor dar varias opciones para resolver el conflicto, que no aconsejar. Cada quien debe ser responsable de actuar luego, de elegir, de asumir o no riesgos... Estos teléfonos no son un confesionario, ni una guía turística.
Cuando aparecen por ejemplo problemas nuevos y sin precedentes, -como fue en su momento la pandemia del vih/sida-, el voluntariado o su ONG correspondiente debe de aplicar los criterios generales, y a su vez, contrastar día a día el resultado de su actuación para identificar las buenas prácticas y desechar las contra-producentes. La asistencia a las mujeres maltratadas, aunque puedan realizarla varones, siempre encontrará mejor desarrollo si quien atiende es otra mujer. En Barcelona la Coordinadora Gai-Lesbiana consiguió con mucha dificultad obtener los fondos necesarios para el 900 Rosa, un teléfono que nos decían no debía de ser para y por homosexuales. Costó mucho hacer entender a algunas autoridades que la confianza que inspira encontrar a un o una igual al otro lado del teléfono implica complicidad y mejor desarrollo de la llamada. Además, un 900 supone total anonimato respecto de las facturas que pueden llegar al domicilio familiar. Aquel voluntariado, -que se mantuvo más de 25 años- se formó a conciencia.
¿Cuál es la recompensa del voluntariado?, pues ninguna otra que la satisfacción de una labor bien realizada. Sin embargo, muchas ONGS destacan los méritos de las metas alcanzadas e incluso las instituciones reconocen públicamente los éxitos logrados. Algo básico que aprendemos al hacer voluntariado es no cargar nuestra mochila personal con los problemas ajenos a los que nos enfrentamos, porque no es adecuado para nuestra salud mental y puede hasta desanimarnos.
El tema del voluntariado es infinito y requiere multitud de formaciones específicas para muy diversas actuaciones. Las ONGS, obviamente, deben de profesionalizar cargos responsables de coordinación, formación, finanzas, etc. No pensemos que en la actualidad pueden funcionar entidades sin esa base estable y responsable.
Por último, hay un tema siempre abierto, en debate continuo. ¿Las ONGS no acaban supliendo lo que deberían hacer los gobiernos locales o generales? Entiendo que la vocación de hacer voluntariado responde a un sentido cívico de la vida en común y que esa pregunta es indiferente. Se trata de cooperar siempre que sea posible. Sin embargo, aquello que no pueden callar las ONGS son los problemas sobre los que actúan, deben revelar el alcance de los desastres naturales o bélicos para conciencia de la población, que es la que debe elegir a sus gobernantes. La mayoría de ONGS trabajan con apoyo financiero público, aunque alguna, como Amnistía Internacional, dado su carácter de denuncia sobre los abusos de unos u otros gobernantes, rechaza toda aportación institucional para garantizar su neutralidad. Siempre debe de estar por delante el objetivo, sobre cualquier obediencia partidista.
Quiero terminar esta aportación con la descripción del grupo de voluntariado que más me ha impresionado a lo largo de mi vida, y eso que conozco muchísimas ONGS. Me sorprendió en mi querida ciudad de Sabadell, descubrir en el tanatorio de la ciudad a un grupo de acompañamiento en el duelo, apoyo emocional tras la pérdida de seres queridos. Está formado por personas que ya pasaron por ese trance y que se propusieron aliviar en lo posible a otras personas en la misma situación. También participan profesionales de la psicología. Todo un acto de humanismo en los momentos más duros de nuestra existencia.
Vivimos en comunidad, a pesar del creciente individualismo, a pesar de los mensajes del consumo para ser más que los demás, pero somos seres humanos y sociales. Sin solidaridad no se avanza.
Jordi Petit
Militante de la Juventudes Comunistas de Catalunya (JCC) y del PSUC en la clandestinidad del franquismo. Pasó dos veces por la cárcel. En los 80's fue miembro del Comité Central y del Comité de Barcelona del PSUC.
Ocupó en 1980 el cargo de coordinador general del Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) y en 1986 lo abandona para co-fundar Gais per la salut (luego Stop Sida) y la federación de entidades Coordinadora Gai-Lesbiana (CGL), de la que fue secretario general hasta 1999. A continuación fue electo como presidente de honor de la CGL. También fue co-secretario general de la International Lesbian & Gai Association (ILGA), desde 1995, reelecto en 1997, hasta 1999.
En 1992-93 trabajó como coordinador de la campaña “Democracia es igualdad” del Ministerio de Asuntos Sociales (entonces con Matilde Fernández), campaña contra la intolerancia integrada por 11 grandes ong's estatales. El spot de tv de “Democracia es Igualdad” recibió un galardón de la ONU.
En los 90's se aleja de ICV y en 1999 formó parte de la candidatura de Pascual Maragall a la Generalitat de Catalunya. Desde entonces sigue como independiente en la órbita socialista.
Ha recibido numerosas distinciones y premios, tanto desde las asociaciones lgtb, como de las instituciones civiles. Medalla de Honor de la Ciudad de Barelona y Creu de Sant Jordi. Premio Pluma 2019 de la FELGTB.
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