La Educación de Argentina, en plena resistencia democrática y socio-cultural
- Escrito por Fernando Adrián Zapata *
- Publicado en Opinión
En la República Argentina, cada mes de septiembre evoca el denominado "Mes de la Educación Argentina" en homenaje a la figura brillante aunque polémica del Presidente Domingo Faustino Sarmiento, quien fue uno de los grandes impulsores del Sistema Educativo Argentino, durante su gestión, hacia finales del siglo XIX. Sin embargo, tal titulación resuena como una entelequia "pomposa" que contrasta, muy tristemente, con la decreciente situación de la Educación Argentina durante las últimos cinco décadas, crisis que se viene tornando cada vez más y más grave, más acuciante y más insostenible aún.
El creciente deterioro económico-material de edificios escolares, de instituciones público-estatales en evidente desgaste y en recurrente falta de inversión para mantenimiento y refacciones, se redobla aún más en la sistemática pauperización y agotamiento salarial y ético-moral, el vaciamiento, el abandono y la desprotección que sufren y padecen los propios docentes, los propios maestros y profesores, los mismos directivos y personal de ordenanza, de limpieza y de todos los trabajadores en general, tanto de la administración educativo-escolar de carácter público-estatal, como así también, al igual que sucede en otras áreas estratégicas de las desvencijadas esferas del Estado y de sus instituciones derivadas.
Se abre, por lo tanto, un nuevo período de justas reivindicaciones de dicho sector, reclamos y propuestas muy específicas que, sobre todo durante esta actual gestión de identidad menemista y macrista-mileísta, de marcada tendencia de ideología política de la derecha liberal-conservadora, no permite vislumbran, siquiera, ninguna posibilidad de escucha gubernamental , ni de llamado a diálogo alguno, ni de búsqueda de consensos tendientes a avizorar, al menos, ni un mínimo atisbo de solución y/o mejoría al respecto.
"En la política actual, faltan educación y autocrítica, compromiso y proyectos en común"
Mucho solemos ver y escuchar, leer y escribir, en la Argentina actual, como ciudadanos y como sociedad, como trabajadores y como pares de una misma cultura, acerca de la crisis civilizatoria actual, sobre los disvalores antisociales tan predominantes (como el retorno de la violencia, la intolerancia y la falta de respeto al pluralismo), en cuanto a los enormes avances tecnológicos y los estancamientos en cuanto a los principios democráticos y humanitarios (como los abusos de poder y de autoridad, las tiranías demagógicas y elitistas de muy variados signos ideológicos).
Sin embargo, en principio, es preciso realizar una necesaria autocrítica en referencia a nuestras vidas personales y colectivas, sin reflexionar en función de la apatía, de la indiferencia, del individualismo, de la incoherencia, del escapismo y de la ausencia de participación, poca o nula, en muchas de nuestras actitudes cotidianas.
La Política, entendida como una Ciencia, puede contribuir como una herramienta de análisis y de crítica, de debate y de elaboración de propuestas posibles, tendientes a aportar a una idea de Bien Común, de cierta mejora de las condiciones de vida en general, en pos de una convivencia entre disensos y consensos de ideas y de experiencias, de pensamientos y de acciones; sin embargo y muy lamentablemente, no es eso lo que viene sucediendo en estos tiempos y, muy particularmente, nuestro país, República Argentina, no es ninguna excepción al respecto.
Muchos de nuestros hermanos repudian a figuras de antaño como un Hitler, un Franco, un Mussolini, un Stalin, un Chiang Kang Shek y otras más actuales como un Trump, un Putin, un Lukashenko, un Nethanyahu y un sinnúmero de tiranos y déspotas de otros países, pero no suelen identificar ni repudiar a figuras locales y regionales como un Bukele, un Kast o un Miléi, por citar a algunos de tantos opresores al mando de Estados explotadores y represivos.
Varios de nuestros jóvenes desconocen gran parte nuestra historia, de nuestra evolución socio-cultural, del impacto brutal que significaron los genocidios cometidos hacia comunidades aborígenes, hacia contingentes de prisioneros esclavizados y hacia criollos expoliados y mancillados, en situaciones laborales casi infrahumanas, sin derecho ni garantía alguna, sin representaciones legales reconocidas, sin otra alternativa más que la rebelión masiva y en total desigualdad de condiciones, ante el monopolio de la fuera ejercida los opresores y esclavistas de aquel entonces.
Varios de nosotros, aún hoy, no sabemos qué es lo que está sucediendo actualmente en las resistencias político-sociales y gremial-sindicales en Estados Unidos, en los movimientos democratizantes de Cuba, de Venezuela, de Nicaragua, y en varios países de Europa contra la OTAN, en Rusia, en Ucrania, en Turquía, en China, en Israel y en otras tantas zonas del mundo en que, hoy por hoy, los trabajadores y los movimientos democrático-populares enfrentan a regímenes explotadores y opresivos, sólo por citar algunos de tantos ejemplos.
Aquí, en Argentina, varios "representantes del Pueblo", "servidores públicos" y/o "funcionarios gobernantes", de muy dudosa extracción y de muy deplorable reputación ético-moral, de muy variado signo ideológico-doctrinario y hasta de muy distinto rango de autoridad, elegidos por mandato popular y en plenitud de un Estado de Derecho en vigencia, no suelen hacer nada más que degradar a la Política como Ciencia.
Varios de esos mal llamados "funcionarios y/o representantes", diseminados en múltiples áreas del Estado, en sus dependencias y en un gran sinnúmero de Instituciones, a lo largo y a lo ancho del país, ejercen abuso de poder, hostigando y agrediendo a disidentes y a adversarios, valiéndose de provocaciones, de asedios y de persecuciones, imponiendo gravísimas acusaciones, personales o de grupo, mediante presiones, prejuicios y expresiones degradantes e incongruentes, utilizando barbarismos infundados y sin prueba alguna, incluso mediante la irracionalidad, la burla, la ofensa o la agresión verbal, simbólica y/o física, sin ningún tipo de consecuencia jurídico-legal y, peor aún, con el beneplácito y el festejo de sus ruines grupos de pertenencia.
Tal situación alienada y ,a la vez, alienante, brinda un pésimo y muy deplorable ejemplo institucional al mismo Pueblo que los eligió, como supuestos "representantes", en general, y muy particularmente, a las jóvenes generaciones que ya no encuentran ni "buenos ejemplos", ni "modelos" a seguir ni, mucho, mucho menos, algún "futuro promisorio" en nuestra tierra y, tristemente, ya comienzan a pensar en desarraigarse y emigrar hacia otros distantes lugares, en búsqueda de algún porvenir más airoso y fecundo, lejos de sus raíces, de sus vínculos, de sus afectos y de sus seres queridos.
Ante semejantes atropellos, desde nuestra militancia del Socialismo Democrático en República Argentina, sostenemos que es preciso apoyar y acompañar a los diversos sectores opositores, contestatarios y disidentes que, en justa lucha democrático-social, vienen desarrollando en diferentes ámbitos de nuestro país, con muy pocos recursos y con muy básica estructura aún, pero con firme convicción y con creciente potencialidad de crecer y de avanzar, en favor de una Unidad y una Liberación que requerirá de la suma de nuevas voces y de la multiplicación de esfuerzos, articulados y mancomunados, por parte de amplios y muy masivos sectores de toda nuestra población.
* Fernando Adrián Zapata, profesor de Lengua y Literatura, artista y escritor, gremialista-sindicalista en AGMER-CTERA-CTA Concordia en Pluralismo y Unidad, miembro político-sindical y artístico-cultural del Socialismo Democrático de Argentina y miembro del Socialismo Democrático Internacional.