¿Es verdad que el machismo ya no atraviesa toda la sociedad? La investigación contradice a El Xokas
- Escrito por Daniel Ruiz Martínez y dos más
- Publicado en Actualidad
Joaquín Domínguez, conocido como El Xokas, es uno de los creadores de contenido más exitosos del ámbito hispanohablante, con una audiencia millonaria compuesta mayoritariamente por adolescentes y jóvenes.
Su trayectoria ha estado marcada por un estilo sin filtros y numerosas polémicas que incluyen desde insultos a sectores políticos hasta reacciones desmesuradas contra sus propios seguidores.
Esta relevancia mediática convierte su discurso en un potente motor de influencia cultural para las nuevas generaciones.
La cosificación de Ester Expósito
La reciente controversia en torno a sus comentarios sobre la actriz Ester Expósito ejemplifica una forma de sexismo cotidiano y cosificación. El streamer no solo cuestionó la valía de la actriz como pareja debido a sus ideas políticas, sino que procedió a puntuarla físicamente como un “10” para concluir que “no vale la pena” y que “es mejor estar con un 6”.
Este razonamiento despoja a la mujer de su condición de persona completa con autonomía y pensamiento propio, reduciéndola a una opción de mercado sometida a una relación de coste-beneficio.
Al comparar a Expósito con su propia pareja, a quien calificó de “pibón”, pero valoró positivamente por “no estar colgada”, Xokas proyecta una visión paternalista que premia la supuesta sumisión y el silencio frente a la reivindicación feminista.
Esta actitud de superioridad se recrudeció en su enfrentamiento con la tiktoker Clersssss, quien alertó sobre el mensaje dañino que estos discursos trasladan a la juventud. La respuesta del streamer, lejos de la autocrítica, se basó en el insulto y la descalificación, tildando los argumentos de la creadora de “sarta de tonterías” y recurriendo a la violencia verbal para reafirmar su posición.
Para Xokas, cualquier crítica desde una perspectiva de género es interpretada como una agresión injustificada, llegando a afirmar: “una parte de los problemas del feminismo es que veis en todas partes el machismo”.
El machismo como sistema
Frente a la negación del streamer, la investigación académica y social confirma que, efectivamente, el machismo está en todas partes porque forma parte del ADN de nuestra sociedad y de su estructura patriarcal. No se trata de un conjunto de casos aislados, sino de un sistema de dominación simbólica que se perpetúa a través de conductas y actitudes que a menudo pasan desapercibidas por estar naturalizadas.
El machismo es transversal y se manifiesta, entre otras muchas cosas, en la brecha salarial (que según un estudio del Instituto de las Mujeres, sigue situándose en el 15,74 % en España), el menosprecio de la autoridad femenina en el entorno laboral, el trato paternalista hacia las mujeres y la persistencia de roles de género tradicionales que confinan a la mujer a una posición subalterna.
El sistema patriarcal impone una valoración asimétrica de la realidad, donde lo masculino se asocia con el poder, la razón y la cultura, mientras que lo femenino es relegado a la insignificancia o la irracionalidad.
Discursos como los de la manosfera, de la que Xokas es un referente involuntario o consciente, refuerzan esta jerarquía al presentar a los hombres como víctimas de una supuesta “dictadura feminista”.
Esta victimización masculina busca restaurar los privilegios perdidos y deslegitimar los avances en igualdad, utilizando el humor y la ironía como escudos para validar el desprecio hacia las mujeres.
Los fenómenos que antes eran invisibles
La sensación de que “ahora todo es machismo” no responde a una invención de problemas inexistentes, sino a un proceso de adquisición de nuevos conceptos que permiten nombrar y leer fenómenos que ya estaban presentes, pero eran invisibles para la mayoría. Conceptos como micromachismo, violencia simbólica o justicia epistémica funcionan como las “gafas moradas” que permiten identificar gestos cotidianos de control y paternalismo que antes se aceptaban como normales.
Este cambio cultural genera una fuerte resistencia en quienes, desde posiciones de poder comunicativo, perciben la autonomía de las mujeres como una amenaza. La reacción agresiva ante conceptos como el consentimiento sexual o la denuncia de la cosificación es un intento de mantener la impunidad patriarcal en los espacios digitales.
Sin embargo, la movilización femenina y la denuncia pública de estos comportamientos demuestran que la sociedad ya no está dispuesta a tolerar discursos que traten a las mujeres como objetos intercambiables o seres carentes de criterio.
Avanzar hacia una sociedad libre de discriminación requiere, de manera imperativa, educar en feminismo a todos los niveles, desde la escuela hasta los medios de comunicación y las plataformas digitales.
Solo a través de una conciencia crítica y una implicación colectiva podremos transformar este sistema desigual y construir un futuro donde la dignidad de cada persona, independientemente de su género, sea la norma y no la excepción.![]()
Daniel Ruiz Martínez, Doctorando en Innovación Didáctica y Formación de Profesorado, Universidad de Jaén; Anna Giulia Ceron, Doctoranda en Lenguas y Culturas (Estudios Literarios Hispánicos), Universidad de Jaén y Rubén Gregorio Pérez García, Doctor Investigador Fundación SAMU
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
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