Hablar de Hernán Cortés para no hablar de Quirón
- Escrito por Rafael Simancas
- Publicado en Opinión
Cuando te engaña por vez primera, la culpable es ella. Cuando te engaña una segunda vez, una tercera vez y sucesivas veces, el culpable eres tú.
Isabel Díaz Ayuso lleva años jugando al engaño de superar un lío montando un lío más gordo, y contando con que muchos le seguirán el juego, sus amigos por ayudar y los demás por la inercia de la provocación.
El último episodio de este engaño sistemático ha sido el del viaje a México. Díaz Ayuso se programó unas vacaciones pagadas con dinero público y, al descubrirse, se inventó una guerra de conquistadores y narcoterroristas, incluidas supuestas amenazas contra su vida.
Da igual el nivel de patetismo de la invención que pone en juego, porque aparentemente siempre le funciona, y sus burradas llenan minutos de televisión y páginas de periódicos.
Este juego sería hasta curioso y divertido, si no fuera porque sirve para blanquear y ocultar y, por tanto, también para legitimar y mantener una gran estafa contra los intereses de los madrileños y las madrileñas.
Estas maniobras tan reproducidas y celebradas por pintorescas dibujan una falsa imagen de dirigente política distinta a las demás, desinhibida, rebelde, osada y, en consecuencia, políticamente incorrecta.
Se trata de una imagen que le genera simpatías y popularidad en una parte del electorado, ya previa y deliberadamente excitada contra la política normalizada, institucional, que gestiona problemas y que, por tanto, resulta más cuestionable y antipática.
No ha inventado una estrategia original o propia. Es un juego muy viejo. Lo practica el populismo desde tiempos inmemoriales, y ahora es un juego propio de la ultraderecha global, del trumpismo a Farage, pasando por todos los personajes estrambóticos y antidemocráticos de los cinco continentes.
Trump ha emprendido una guerra en Irán para tapar el escándalo Epstein y para engrasar los negocios de petroleros y fabricantes de armas. Ayuso revive las guerras de Hernán Cortés para tapar el escándalo de su ático y seguir engrasando los negocios de Quirón, ante la ignorancia de unos, la indiferencia de otros y la complicidad de los beneficiarios.
El problema es que estos juegos sirven a Ayuso para seguir deteriorando el servicio público sanitario, mientras desvía millones y millones del presupuesto de todos para enriquecer a la empresa privada que paga comisiones a su pareja.
El problema es que en tanto entretiene al personal con Cortés, Malinche y Nacho Cano, divide a las familias madrileñas entre las que pueden pagar educación privada de calidad a sus hijos y residencias privadas de calidad a sus padres, de aquellas otras familias madrileñas que no pueden pagar y han de conformarse con servicios cada día más perjudicados y precarizados.
El problema es que cuando despista a la gente con sus películas de persecuciones de narcos está ocultando la enésima acometida contra las universidades públicas de la Comunidad de Madrid, que en su día fueron el más igualitario, justo y eficaz ascensor social de nuestra historia.
A ver si los madrileños dejamos de engañarnos a nosotros mismos votando a quien no para de engañar.
Y queda un año.
Rafael Simancas
Diputado en las Cortes Generales por Madrid. Secretario general del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados.
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