España dice no a la guerra
- Escrito por Rafael Simancas
- Publicado en Opinión
El Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, se ha convertido en la principal referencia internacional de oposición a la agresión militar perpetrada por el Presidente estadounidense Donald Trump y el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu en Oriente Próximo, de manera unilateral, sin causa legítima, sin cobertura de órgano multilateral alguno y contraria al Derecho Internacional.
La guerra abierta por Trump y Netanyahu forma parte de una concepción geoestratégica que solo admite el poder de la fuerza bruta como norma válida de conducta en las relaciones internacionales, sin más límite que la moralidad cuestionable de estos dos personajes.
Estamos, por tanto, ante una nueva guerra ilegal, inmoral e injusta, como la emprendida por otro presidente norteamericano en el año 2003 en Irak y, como entonces, hoy la gran mayoría de los españoles, y el Gobierno de España en su nombre, dicen “No a la guerra”.
Hoy, como entonces, las motivaciones explícitas de la guerra son falsas: en 2003 eran las nunca encontradas “armas de destrucción masiva de Sadam Hussein”; hoy es la “amenaza nuclear inminente” sin probar. En realidad, como entonces, los propósitos reales de la guerra emprendida tienen más que ver con el ansia imperial de sus promotores, con la necesidad de opacar escándalos domésticos y con el negocio de los dueños del entramado industrial militar.
El Gobierno español ha condenado la guerra, ha reclamado el respeto al Derecho Internacional, ha desautorizado el uso de las bases estadounidenses, ha ofrecido ayuda humanitaria a las víctimas en Líbano y otras naciones, y ha enviado una fragata a Chipre como parte de una misión europea de defensa.
La posición española ha sido objeto de insultos por parte de Trump y de Netanyahu, pero ha sido respaldada y celebrada en la mayor parte del mundo.
El comportamiento de otros gobiernos europeos ha deambulado entre el seguidismo lamentable y el tacticismo incomprensible, perdiendo una vez más la oportunidad de forjar una posición europea coherente con los valores democráticos, digna y unida.
Absolutamente penosa ha sido la reacción de la oposición derechista de nuestro país. Vox ha vuelto a actuar como lacayo de Trump, un mandatario extranjero que descalifica a nuestro país como “perdedor” y que amenaza con represalias económicas contra nuestras empresas y sus trabajadores. El PP se ha mostrado perdido, en la voluntad de no molestar al agresor americano, justificando lo injustificable, poniéndose incomprensiblemente del lado de quien no respeta la soberanía española, y cayendo en el infantilismo de promover un bulo absurdo sobre las palabras de la ministra de Defensa.
Es preciso responder a algunos de los argumentos falaces de quienes critican la posición española en el no a la guerra. Arguyen, sobre todo, que la agresión de Trump y Netanyahu se justifica por los desmanes del régimen iraní contra los derechos humanos de su población, absolutamente condenables. Como si los derechos humanos de los iraníes tuvieran alguna relación con el propósito de la guerra de Trump y Netanyahu, y como si los derechos humanos se pudieran defender a bombazos.
Aseguran que el lugar de España está con sus aliados atlantistas, comenzando por los Estados Unidos, como si así pudiera justificarse el seguidismo acrítico ante una guerra ilegal e injusta, y como si el supuesto aliado no llevara mucho tiempo adoptando medidas contrarias a los intereses españoles y europeos, incluida la amenaza de anexión unilateral de un territorio europeo como Groenlandia.
Y dicen que oponerse a la guerra de Trump y Netanyahu ocasionará perjuicios económicos a España y a los españoles, como si no fuera precisamente esta guerra la causa del incremento del precio del petróleo y el gas que ya está ocasionando problemas en nuestras empresas y en nuestros hogares.
Solo hay una respuesta jurídica, política y moral aceptable ante la agresión de Trump y Netanyahu: No a la guerra.
Rafael Simancas
Diputado en las Cortes Generales por Madrid. Secretario general del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados.