EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Francisco: el último Papa de la ternura


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Ha muerto el Papa Francisco. En una Roma melancólica, cargada de cielos bajos y pasos solemnes, se apaga la voz del primer pontífice latinoamericano, el primer jesuita que alcanzó el trono de Pedro, el Papa de la sonrisa serena y las palabras francas. Tenía 88 años. Su nombre secular era Jorge Mario Bergoglio. Su legado, sin embargo, pertenece ya a esa estirpe de pastores que transformaron la historia no con cetros ni proclamas imperiales, sino con gestos silenciosos, con el poder humilde de la misericordia.

Francisco murió hoy, 21 de abril de 2025, en el Hospital Gemelli de Roma, tras semanas de complicaciones respiratorias agravadas por una neumonía bilateral. El Vaticano ha confirmado la noticia en un escueto comunicado que, como todas las grandes despedidas, deja más preguntas en el aire que certezas. Se marcha un Papa que ya era historia viva, y con él se cierra una década de pontificado que ha marcado profundamente la identidad contemporánea de la Iglesia católica.

Un pastor para el siglo XXI

Desde su elección en 2013, tras la histórica renuncia de Benedicto XVI, Francisco se presentó ante el mundo con una señal clara: no eligió el nombre de un emperador ni de un teólogo, sino el de un santo descalzo, Francisco de Asís, símbolo de la pobreza radical, la fraternidad y el cuidado por la creación. Aquella elección fue más que un gesto: fue una brújula.

Durante sus más de diez años como Papa, Bergoglio emprendió una transformación profunda de la Iglesia desde sus cimientos. Su mensaje no se dirigía a las élites eclesiásticas, sino a las periferias. Habló con claridad sobre el sufrimiento de los migrantes, los peligros del cambio climático, las heridas de los abusos sexuales dentro de la Iglesia y la necesidad urgente de renovar las estructuras de poder. Su voz fue incómoda para muchos sectores conservadores, pero amada por quienes veían en él a un pastor con olor a oveja, como él mismo pedía a los sacerdotes ser.

Encíclicas para una nueva humanidad

Francisco no fue sólo un pontífice reformador: fue también un pensador de talla universal. Laudato si’, su encíclica sobre la ecología integral, publicada en 2015, marcó un hito en el pensamiento ambiental y colocó a la Iglesia en la primera línea del compromiso con la sostenibilidad del planeta. Fratelli tutti (2020), su meditación sobre la fraternidad y la amistad social, fue una llamada a derribar muros y tender puentes en un mundo fragmentado por el odio, el racismo y el individualismo.

Más allá de los documentos, su fuerza residía en lo performativo: los gestos. Lavó los pies de migrantes y reclusos, abrazó a enfermos deformados por la vida, renunció a los palacios, viajó a zonas de guerra, bendijo a los pobres antes que a los poderosos. En una época de espectáculo, su poder fue la autenticidad.

Un Papa sin fronteras

El pontificado de Francisco fue también el de los viajes. De Tierra Santa a Cuba, de Irak a Mozambique, de Tailandia a Marsella, su geografía espiritual fue inmensa. Siempre buscó hablar donde más dolía: en los márgenes, entre los perseguidos, en los puntos de ruptura del mundo moderno. En cada destino, dejó palabras de consuelo y de desafío. A los líderes políticos les recordó que la economía no puede estar por encima de la dignidad humana. A la propia Iglesia, le reclamó una conversión pastoral profunda, no sólo doctrinal sino afectiva.

Su apertura hacia los divorciados, los homosexuales, los sacerdotes que dudan, los laicos que reclaman más espacio, marcó una nueva etapa, aún inacabada, en el camino del catolicismo hacia una mayor inclusión. No cambió los dogmas, pero sí cambió la mirada. Fue, quizás, el último gran heredero del Concilio Vaticano II en activo.

Un testamento de ternura

La muerte del Papa Francisco no es sólo un hecho institucional: es también una pérdida humana para millones de personas que, creyentes o no, vieron en él a una figura moral sólida, compasiva, cercana. En una época de líderes autoritarios y de fanatismos redivivos, Bergoglio fue la rareza de la bondad con autoridad. No fue infalible, no fue perfecto, pero fue sincero. Su voz, quebrada a veces por el dolor del mundo, nunca dejó de pronunciar la palabra que más repitió: misericordia.

Ahora se abre el periodo de sede vacante, y el mundo católico volverá los ojos a la Capilla Sixtina en busca de un sucesor. Pero el vacío que deja Francisco no lo llenará ningún humo blanco. Es un hueco de alma. Ha muerto el Papa de los gestos. El que hablaba más con los ojos que con las encíclicas. El que nos enseñó que, a veces, el cristianismo comienza simplemente con una caricia.

La historia ya lo ha escrito entre los grandes. Y nosotros, al recordarlo, sólo podemos decir: gracias, Francisco. Que descanses en paz.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.