El asalto a la razón
- Escrito por Javier García Fernández
- Publicado en Opinión
En 1954 el filósofo húngaro Giorgy Lukács publicó El asalto a la razón dónde analizaba los fundamentos irracionales de la ideología que dio fundamento al fascismo. No era la primera vez que se hacía ese análisis, porque en 1942 el politólogo alemán exiliado Franz Neumann publicó Behemoth. Pensamiento y acción en el nacional-socialismo, que fue el primer estudio sistemático de la ideología nazi. Recordar en estos momentos cómo Lukács y Neumann analizaron la ideología del fascismo no es un anacronismo. El triunfo electoral de Trump en Estados Unidos y los intentos del Partido Popular Europeo de formar una alianza con la extrema derecha nos indican que el peligro de que se consolide una extrema derecha no democrática no es un temor injustificado. Existe hoy, en Europa y en América, una fuerte corriente política e ideológica que pone en cuestión la democracia, sus fundamentos doctrinales y su práctica.
¿En qué medida está en peligro la democracia en Estados Unidos con la inminente Presidencia de Donald Trump? A mi juicio habría que distinguir entre los riesgos inmediatos y los riesgos a largo plazo. En lo inmediato, la Presidencia de Trump va a dañar la vida política y social de Estados Unidos: todos los nombramientos del Poder Judicial que dependan del Presidente (y pueden ser muchos) se orientarán a juristas de extrema derecha, se liquidarán los modestos avances del Estado social impulsados por los demócratas, se dificultará el derecho a practicar el aborto y las políticas de género, la política económica favorecerá a la élite de los millonarios y los inmigrantes serán el grupo social más perseguido y marginado. Además, en los Estados los republicanos tendrán más facilidades para regular la legislación electoral y el geryandering para obstaculizar el voto de las minorías.
Es decir, en los próximos dos años (hasta las elecciones parciales de noviembre de 2026) la política extremista va a dominar en Estados Unidos, de manera que los servicios públicos (todo lo públicos que son en Estados Unidos), la política que responde a valores progresistas y la política fiscal van a responder a una ideología militante de extrema derecha. Sin embargo, Estados Unidos es una democracia muy sólida que se puede sostener a pesar de los ataques de un Presidente de extrema derecha. El modelo estadounidense de checks and balances supone un control muy intenso a las políticas del Presidente y, además, la sociedad civil tiene una fortaleza muy superior a la europea. Por eso mi impresión es que el gobierno de Trump va a dañar a la democracia estadounidense y a los intereses objetivos de las clases populares (las mismas que han votado a Trump), pero a la larga el equilibrio democrático se pude restablecer si el Partido Demócrata rectifica sus errores y empieza a preparar una alternativa para las elecciones de 2026 y de 2028.
Por el contrario, las víctimas de la política de Trump pueden ser Ucrania y Palestina, que Estrados Unidos no defenderá frente a Rusia y frente a Israel. En este horizonte, solo la Unión Europea pueden apoyar ambos territorios, pues si bien Rusia podría parecer que también apoya a Palestina, su influencia sobre Israel es mínima en la actualidad, por lo que poca ayuda puede proporcionar en la práctica a Palestina. Pero ¿puede la Unión Europea ser un contrapeso a la política de Trump, que quiere entregar Ucrania a Rusia y Palestina a Israel?
Más difícil es la situación en Europa. Hoy hay Gobiernos con participación de la extrema derecha en Hungría, Italia, Suecia, Finlandia, Países Bajos y, en cierto modo, en Eslovaquia. Tampoco sabemos si el próximo Presidente de Francia corresponderá a la extrema derecha y si no tendrá influencia en el futuro Gobierno alemán. Todo ello ha determinado que esa ola de extremismo llegue al Parlamento Europeo y que el partido mayoritario en esta Clamara, el Partido Popular Europeo, trate de aproximarse a la extrema derecha marginando a la socialdemocracia. Es obvio que la expansión de la extrema derecha en Europa es un fenómeno independiente de la elección de Trump en Estados Unidos, pero es igualmente evidente que una Presidencia de este cariz en Washington fortalece los extremistas europeos.
Por eso, tan preocupante como las futuras políticas de Trump en Estados Unidos es el intento de Manfred Weber de orientar al Partido Popular Europeo hacia la alianza con los partidos extremistas. Esta operación de Weber rompe una alianza de casi sesenta años, en dónde han convivido conservadores, socialdemócratas y liberales y han fortalecido en el continente el Estado social, la convivencia y la tolerancia, todo lo cual se pueden degradar si triunfa el pacto conservadores-extrema derecha que propicia Weber.
En este horizonte, el boicot del Partido Popular Europeo a la candidatura de Teresa Ribera es un epifenómeno del gran problema de la expansión de la extrema derecha en Europa. Como vimos en el artículo de la semana pasada, desde el 27 de septiembre ABC ya estaba empujando al Partido Popular español a combatir esa candidatura, tanto por derrotar a Pedro Sánchez como por debilitar la influencia socialista en la Unión Europea. Pero, dejando aparte la política del Partido conservador español de debilitar a España con tal de debilitar a la izquierda (en lo que son maestros Esteban González Pons y Dolors Montserrat), lo más preocupante es la política de Weber de romper el pacto conservadores-socialistas-liberales en beneficio de un nuevo acuerdo derecha–extrema derecha que cambiaría los fundamentos económicos, políticos e ideológicos de la Unión Europea y haría del continente un nuevo campo de experimentación de políticas antidemocráticas y de desmantelamiento controlado del Estado social.
Éste es el riego que para Europa tiene el triunfo de Trump. Una Presidencia demócrata en Washington hubiera colaborado con la Comisión presidida por Von den Leyer, pero Trump, como ya hemos visto, se entenderá más con Hungría y con las políticas extremistas de algunos Gobiernos de la Unión, al tiempo que se debilita la idea de una Europa social, democrática y tolerante.
En definitiva, asistimos un nuevo asalto a la razón que sólo un mensaje socialdemócrata fuerte y convincente puede obstaculizar. ¿Podrá la Internacional Socialista crear el mensaje y los nuevos fundamentos ideológicos que hoy demanda la izquierda?
Javier García Fernández
Subsecretario de Cultura y Deporte, Director general de Reclutamiento y Enseñanza Militar en el Ministerio de Defensa, Subdelegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Secretario General Técnico de los Ministerios de Vivienda, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Delegado de España en la primera reunión Intergubernamental de expertos sobre el anteproyecto de convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, organizada por la UNESCO, en los años 2002 y 2003.
Fue fundador y director del anuario Patrimonio Cultural y Derecho desde 1997. Hasta la fecha ha sido también vicepresidente de Hispania Nostra, Asociación para la defensa y promoción del Patrimonio Histórico.
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