Felicidad, ¡divino tesoro!
- Escrito por Hilde Sánchez Morales
- Publicado en Opinión
La Real Academia en dos de sus afecciones define la felicidad como un “estado de grata satisfacción espiritual y física” y como la “ausencia de inconvenientes o tropiezos”. La palabra felicidad es polisémica y está coligada a emociones como el bienestar, la alegría, la plenitud…, que provén de equilibrio vital, de homeóstasis, de ataraxia[1].
Una primera aproximación, sugerida por Aristóteles, en su obra la Ética a Eudemo, la vincula con el bien supremo: el Aristón: una virtud instalada en el logos. Una segunda visión, más general, se conecta con los afectos: con el sentirse querido/amado. La tercera como un desiderátum, en términos de la aspiración: del deseo todavía no complacido. La cuarta como una metáfora de lo ideal. En último término nos conduce a título personal a sentirnos felices cuando encontramos el sentido a nuestras vidas y esto sólo se produce cuando compartimos con los otros. Consecuentemente, la percepción de la felicidad se erige en comunidad, en contextos familiares y relacionales. Ilustrativo al efecto es el rostro de Tarzán cuando conoce a Jane, delatando su extraordinaria dicha: “Yo Tarzán, tú Jane” (!sobran las palabras¡).
Harriet Martineau (1802-1876), una de las fundadoras de la sociología distinguió que: “… La importancia de las ventajas externas de los hombres, sus apegos y emociones internas, el orden social, se gradúan en importancia de forma precisa en cómo afectan a la felicidad general del grupo social en el que se dan”.
En este sentido, el Informe Mundial de la Felicidad que se realiza desde el año 2012, incluye entre los indicadores que permiten la medición de tan difícil cuestión factores como el PIB, la esperanza de vida, la sensación de libertad, la percepción de la corrupción, “tener a alguien con quien contar” y la generosidad.
Alejados de visiones individualistas, la juzgamos como un fenómeno social, en tanto en cuanto está orientada hacia la felicidad de los demás. Por tanto, es tejedora de lo comunitario y va más allá de la idea de satisfacción (más individualista y materialista), tal como fue desarrollada por Ronald Inglehart[2]. Ambas perspectivas entrelazadas posibilitan entender el concepto de Felicidad, en la tercera década del siglo XXI, tal como la presenta James O. Pawelski: “Happiness is one of the most central concerns of individual human experience and of collective human culture”[3].
Los datos de las sucesivas oleadas del World Values Survey[4], que se promueven desde el año 1981, constatan que vivimos en un mundo en el que la gran mayoría de la población adulta se declara feliz. Por su parte la Encuesta Mundial de Gallup, el informe anual sobre la felicidad que acomete anualmente Naciones Unidas en 156 países, solicita a los ciudadanos que valoren su vida del 0 al 10 (desde la peor a la mejor vida posible), teniendo en cuenta seis variables: niveles de PIB, esperanza de vida, generosidad, apoyo social, libertad y corrupción, comparándolas con un país imaginario llamado Dystopia (en donde residirían las personas menos felices del mundo) posiciona a los países nórdicos, con Finlandia, Dinamarca e Islandia en los primeros puestos (adalides del Estado de Bienestar), valorando que los factores determinantes son el acceso a la naturaleza, la seguridad, una buena y gratuita educación y una sanidad universal de calidad.
En lo que a nuestro país se refiere, en el Estudio 3.473 del CIS de mayo de 2024[5] el 80,4% de los encuestados declaró que se sentía feliz, el 11,4% que no (el 7,7% respondió “depende/según, en parte”). Revelador al respecto resultaron las respuestas a la pregunta: ¿qué es lo que más podría ayudarle a usted a ser feliz en estos momentos? Para el 21,8% “mejorar el estado de salud, propio o del entorno”, para el 21,4% “mejorar la situación económica, propia o del entorno”, para el 16,6% “mejorar las relaciones sociales, familiares”, para el 13,1% “mejorar la situación laboral o educativa”, para el 9,2% “más tiempo libre y calidad de vida”, para el 7,1 “mejorar la situación laboral o educativa”, hasta llegar a un porcentaje del 1,6% que manifestó que “nada me podría hacer feliz”. Lo anterior, evocando la famosa canción del año 1967 de Cristina y Los Stop, se resumiría en: “Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor”.
Algunas pinceladas sobre el amor, en el contexto de sociedades cada vez más atomizadas, conceptualizado como acción, valores y sentimiento de bienestar (no en términos de satisfacción individual). Grandes sociólogos como Anthony Giddens, el matrimonio Beck o Niklas Luhmann lo definían como un hecho social. Para Luhmann[6] la experiencia de amar incluye una relación interpersonal, dentro de un determinado contexto vivencial.
El anhelo del amor como proyecto, como ilusión, como meta… se construye en la continuidad en la relación (“el roce hace el cariño”) es un desiderátum, que en los tiempos que corren (¡nunca mejor dicho por la rapidez con la que nos conducimos!) se ha trasladado desde el conocimiento “face to face” a la frialdad de aplicaciones de contactos, que año a año aumentan su éxito.
Según una investigación efectuada por GfK DAM, una empresa dedicada a medir las audiencias digitales, tan sólo en nuestro país más de 4 millones de personas hacen uso de Webs y apps de dating mensualmente. Privativamente en las apps de citas el 8% de la población, mayoritariamente personas entre los 25 y 44 años, además de los conocidos como “millenials” (jovenzuelos amparados en las atalayas del anonimato). Constatándose los varones más activos (2,8 millones) que las mujeres (1,2 millones).
Como apuntaba Don Hilarión, en la famosa zarzuela La verbena de la Paloma, no cabe duda de que: “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”, aunque la aspiración por encontrar la felicidad es un universal y una obligación por parte de los Estados guarnecerla a todos los que, por el azar de la vida, hemos tenido el privilegio, a lo largo del tiempo, de formar parte en este hermoso Planeta Tierra.
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[1] Los estoicos, epicúreos y escépticos se referían a la ataraxia como la búsqueda del equilibrio entre la mente y el cuerpo, que se debe a una vida libre de preocupaciones y emociones negativas.
[2] Ronald Inglehart, Modernization and postmodernization : cultural, economic, and political change in 43 societies, Princeton University Press, Princeton, 1997.
[3] James O. Pawelski, “Introduction to philosophical approaches to happiness”, en Susan A. David, Ilona Boniwell, y Amanda Conley Ayers (eds.), The Oxford Handbook of Happiness, Oxford University Press, Croydon, 2013, pág. 248.
[4] Analiza los valores y opiniones de la opinión pública en cerca de 100 países y cómo cambian a lo largo del tiempo, con sus consecuentes impactos sociales y políticos. Entre otros aspectos muestra el apoyo a la democracia o a la igualdad de género, la religiosidad, los impactos de la globalización, las mutaciones familiares, en la esfera laboral, en la política, en la cultura, la percepción de inseguridad o el bienestar de los ciudadanos.
[5] https://www.cis.es/detalle-ficha-estudio?origen=estudio&idEstudio=14831
[6] Niklas Luhmann, El Amor Como Pasión. Península, Barcelona, 1985.
Hilde Sánchez Morales
Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.
Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.
Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.
En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.
Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.